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El día en el que una de las Mil Casitas se convirtió en la escena del crimen

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A 85 años de uno de los sucesos policiales más violentos que vivió el barrio de Liniers, cuando Rafael Ladrón de Guevara disparó sin piedad contra su esposa y sus hijos.

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)

Pocas veces en Liniers se han registrado hechos tan oscuros como el que voy a narrarles en esta entrega; episodio que, incluso, trascendió con creces las fronteras del barrio. Fue un caso extremadamente violento que a comienzos de los años 40’ conmocionó a la opinión pública. La noticia tuvo una fuerte cobertura en los medios de la época, por tratarse de un crimen intrafamiliar.

Rafael Ladrón de Guevara era un oficial de policía que vivía junto a su esposa y sus hijos en una casa municipal sobre el pasaje Facundo, el corazón de las aún incipientes Mil Casitas de Liniers. Por entonces, el sueldo del oficial no alcanzaba para sostener al grupo familiar. Fue así como comenzaron los graves problemas económicos y, posteriormente, las fuertes discusiones de la pareja.

Cierto día se acercó a la casa un cobrador a reclamar el pago de las cuotas pendientes de un receptor de radio. Sin embargo, al verificar que los propietarios no tenían cómo abonarlas, el hombre se vio obligado a retirar el aparato del domicilio. No obstante, el hecho no terminó allí. Al poco tiempo, mientras el cobrador caminaba por la avenida Cabildo, sonó un disparo y acto seguido el hombre cayó desplomado ante la atónita mirada del público que circulaba por esa transitada arteria del barrio de Belgrano. Ladrón de Guevara se había vengado de aquel sujeto que había osado quitarle la radio.

Mientras tanto, los apremios económicos se hacían cada vez más presentes en el hogar del flamante asesino, al igual que las discusiones, que solían derivar reiteradamente en la violencia física. Para intentar paliar la falta de dinero, el matrimonio optó por abrir un kiosco en la ventana que daba del comedor a la calle, pero aquella no fue ni por asomo una solución para su economía.

Hasta que llegó la fatídica jornada de junio de 1941. Los vecinos, ya acostumbrados a las discusiones y los gritos en ese hogar, jamás imaginaron lo que vivirían aquella tarde. En efecto, tras una nueva discusión, Ladrón de Guevara no tardó en descargar su revólver contra su mujer y sus hijos, en el momento en que intentaban huir de una muerte segura. Poco después, la mujer yacía muerta en el piso, al igual que su hija menor. Según declaró días más tarde el homicida, los dos hijos mayores corrieron en medio del caos escaleras arriba a refugiarse en el interior de un ropero. Ladrón de Guevara los siguió, pero no pudo encontrarlos. Al regresar a planta baja, tal vez con la intención de borrar las pruebas, comenzó a incendiar la casa y huyó. Cuando las llamas estaban llegando a la parte superior del inmueble, los dos hijos comenzaron a pedir ayuda desde la ventana del dormitorio. Poco después, entre los vecinos y los bomberos, lograron rescatarlos. Según relatan las crónicas de la época, cuando el personal policial y los bomberos ingresaron a la casa, el cuadro era dantesco en todo sentido.

Rafael Ladrón de Guevara era un hombre que en su momento fue descripto bajo perfiles psiquiátricos y criminológicos que combinaban teorías de la época, como las del criminólogo italiano Cesare Lombroso, y conceptos psicoanalíticos tempranos. Actualmente, el caso aún es estudiado en la medicina forense argentina porque su análisis marcó uno de los primeros usos de conceptos psicoanalíticos por parte del Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional, para evaluar la imputabilidad y el estado mental de un homicida.

Con los años, aquel luctuoso suceso fue perdiéndose en las telarañas del olvido, y poco más se supo del homicida -que pasó varios años en la cárcel- y de los sobrevivientes de aquella singular familia de las Mil Casitas de Liniers. Sin embargo, hay quienes dicen haber escuchado aquella historia negra de boca de sus antepasados, cuando por un momento, la quietud de la siesta de los pasajes fue alterada por el horror de un doble crimen. Hasta la próxima y muchas gracias por permitirme compartir estos recuerdos con ustedes.

(*) Aresse Tomadoni es director general de “Relatos del viajero” y “Épocas del mundo” que se ofrecen a través de Youtube.

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