Desde lo alto de la torre central que se yergue en el antiguo edificio del Mercado de Hacienda, la pieza centenaria ya marca nuevamente el pulso del barrio.
Tras más de quince años de permanecer inactivo, el histórico reloj del Mercado de Hacienda de Mataderos fue puesto en marcha nuevamente. El Ministerio de Espacio Público porteño se encargó de activar la recuperación de la emblemática pieza ubicada en lo alto de la torre central de veinte metros del antiguo Mercado de Hacienda de Mataderos -de Lisandro de la Torre y avenida de los Corrales- como parte del plan integral de restauración del edificio, que en 1979 fuera declarado Monumento Histórico Nacional.
Los trabajos incluyeron, en primer lugar, el acondicionamiento de los interiores de la torre, luego el armado de la estructura de soporte y finalmente la reparación de la máquina. La minuciosa tarea de restauración del reloj estuvo a cargo de Guillermo del Valle, relojero de trayectoria, con vasta experiencia en la intervención de piezas emblemáticas que pueden verse en la Ciudad, como los relojes monumentales actuales de la Casa Rosada y el Cabildo. “Fue puesto íntegramente en valor, maquinaria y sonería por la casa Gnomon -a la que pertenece del Valle- una empresa especializada de la ciudad de Jesús María, provincia de Córdoba”, aclaró el profesor Orlando Falco, quien como director del Museo Criollo de los Corrales y presidente de la Junta de Estudios Históricos de Mataderos viene siguiendo de cerca el avance de las obras y es una fuente de consulta permanente en las tareas de puesta en valor que desde el año pasado el Gobierno porteño está desarrollando en el casco histórico del barrio.
Tal como el propio Falco lo difundiera en la investigación publicada en 2014, el reloj original de Mataderos es una pieza original fabricada por la firma francesa Prost Frères —Hermanos Prost—, fabricantes de relojes mecánicos monumentales de Morez (Francia), reconocidos a fines del siglo XIX por construir piezas de alta ingeniería. Se trata de una máquina de hora y media, con medio carrillón y campana timbre: es decir que suena el número de campanadas correspondiente a cada hora y una vez a la media hora. Eso sí, para mantenerse en funcionamiento, requiere que se le dé cuerda una vez por semana.
“Si bien no se sabe con exactitud la fecha en la que el reloj fue puesto en marcha por primera vez puede colegirse, por la observación de registros fotográficos anteriores y posteriores a 1901, fecha en el que se inauguró el edificio, que podría haber sido en el transcurso de ese mismo año que fue instalado en la emblemática torre del entonces denominado ‘Matadero Público’”, explicó Falco. Luego recordó que “ese mismo reloj fue reparado en 2004 por Fernando Szlasftein por encargo de la empresa Mercado de Liniers s.a., pero al no recibir el mantenimiento adecuado dejó de funcionar hace más de quince años”.
Sin embargo, la espera llegó a su fin cuando el 21 de mayo pasado las agujas volvieron a moverse al compás del tiempo. En esa oportunidad, el ministro de Espacio Público, Ignacio Baistrocchi, recorrió las obras de puesta en valor del edificio de la administración y las recovas de Mataderos, junto al presidente de la Junta Comunal 9, Maximiliano Mosquera Fantoni. Según anticiparon por entonces los funcionarios, en los próximos meses concluirán las obras de restauración conservativa de la antigua sede de la Administración de los Mataderos, que abarcan la fachada principal y de las recovas norte y sur del edificio. Durante este tiempo se han realizado diversas intervenciones para recuperar la totalidad del conjunto: una limpieza integral, la recuperación de terminaciones originales, restauración de elementos ornamentales, carpinterías y herrería artística, y apertura de vanos originales. Además, próximamente se instalará nueva iluminación para realzar los rasgos del edificio restaurado.
Uno de los temas centrales que giró en torno a la puesta en valor del edificio fue el de la tonalidad con la que se pintaría la fachada. Para ello, el Ministerio de Espacio Público llevó a cabo una investigación exhaustiva en la que cruzó documentos históricos, fotos centenarias, postales, publicaciones de prensa, estudios estratigráficos y la memoria viva del barrio. “Si bien se barajaron alternativas, prevaleció el criterio que sostuvo la Junta de Estudios Históricos de Mataderos, el Museo Criollo y los arquitectos del Gobierno de la Ciudad que supervisan la obra: el ‘rosado sangre de toro’ será el tono que le dará color a las centenarias paredes del casco histórico de Mataderos”, adelantó Falco, y luego precisó que “las molduras en general y las de las arcadas de las aberturas en particular serán pintadas de blanco”. Al respecto resaltó además de que “se están restaurando las puertas y ventanas de toda la fachada exterior del complejo quedando las maderas y demás materiales que las componen prácticamente iguales a sus características originales”.
gbpñvñEn paralelo, se llevó adelante la restauración del Monumento El Resero, emplazado frente al antiguo Mercado. Los trabajos incluyeron su base de granito y la figura de bronce del gaucho, y abarcaron tareas de limpieza mecánica y química, remoción de vegetación invasiva, recuperación de pátinas y aplicación de una protección contra la corrosión. Antes del inicio de las tareas, se realizó una fotogrametría completa para relevar las patologías de la obra. El proceso de restauración fue supervisado por un equipo de especialistas del MOA -Monumentos y Obras de Arte-, el taller encargado del cuidado de los monumentos, esculturas y arte público porteño. Al respecto, Falco aclaró “el monumento El Resero ya fue restaurado y adquirió su tonalidad y brillo de cuando fuera inaugurado, haciéndose visible otra vez la marca de los ‘Güiraldes’, apreciable en el ‘lado de marcar’ del caballo de la estatua. Sólo quedó para más adelante la reposición de las riendas y del cabestro que manos traviesas le arrancaran hace cerca de dos años. De cualquier manera y hasta que la obra concluya, la estatua se hallará protegida por la estructura tubular y la malla sintética que hoy la preserva”.
Como se recordará, los trabajos de recuperación del casco histórico mataderense se iniciaron a mediados del año pasado con las mejoras realizadas en el entorno del bulevar de avenida de los Corrales, donde se concretó el readoquinado, se incorporó superficie verde, se instalaron nuevas farolas, árboles, veredas y calzadas.
“Se estima que la fecha probable de culminación de la obra será a mediados de octubre próximo”, adelantó el Prof. Falco, una de las personalidades más destacadas de la cultura mataderense, quien desde siempre se encarga de darle soporte documental y solides historiográfica a cada uno de sus aportes barriales.
Prueba de ello es la labor que desarrolla a diario en el Museo Criollo de los Corrales, que desde 1964 funciona sobre el frente de la recova sur del edificio del antiguo mercado, albergando en su interior elementos autóctonos de tradición rural capaces de recrear los orígenes del mercado de hacienda y del barrio que lo cobijó durante más de un siglo.
Un ícono barrial entre el campo y la ciudad
Ubicada en la confluencia de Lisandro de la Torre y la avenida de los Corrales, la antigua Administración de los Mataderos conforma un conjunto en “U” que abraza la plazoleta donde se erige el Resero.
El monumento al Resero tiene una historia profundamente ligada al barrio. En 1929, el intendente José Luis Cantilo encargó al escultor Emilio Sarniguet una estatua ecuestre de un gaucho resero para colocar frente al Mercado de Liniers, en Mataderos. La obra fue presentada en 1932 en el XXII Salón Nacional (Palais de Glace), sobre la entrada de la calle Posadas —porque su tamaño hacía imposible ingresarla al recinto— y obtuvo el primer premio. Casi dos años más tarde, la obra fue trasladada a su emplazamiento definitivo en Mataderos, poco antes del 25 de mayo de 1934, día en que se celebró una gran fiesta patria.
En torno a ese espacio, todos los domingos se desarrolla la Feria de Artesanías y Tradiciones Populares Argentinas, declarada Patrimonio Cultural de la Ciudad, que mantiene vivo el espíritu histórico de Mataderos y su identidad ligada al campo y la tradición gauchesca. Cada fin de semana, el barrio se convierte en un gran escenario donde conviven la historia, la música y la gastronomía popular. Miles de vecinos y turistas se acercan para recorrer los puestos de artesanos, disfrutar de espectáculos folklóricos, talleres, y degustar platos típicos.
