Un paneo por la historia del carnaval, desde su surgimiento en tiempos inmemoriales hasta la actualidad. Su algarabía y desenfado se reproduce en distintas latitudes del globo y en diversas regiones de nuestro país con características particulares en cada caso, aunque siempre con la alegría y el festejo popular como denominadores comunes. Un símbolo insoslayable de la cultura popular, que se mantiene indemne al paso del tiempo.
El carnaval es una celebración de raíces inciertas, heredada de tiempos y lugares que nadie ha logrado aún precisar. Se lo cree de origen pagano, similar por su desarrollo a las festividades que se realizaban en honor de Baco. Etimológicamente se lo relaciona con la cuaresma, Rabelais lo define como: “consuelo de la carne; placer que se tiene de comerla antes de entrar en Cuaresma”.
Según otras opiniones el término “carnaval” proviene del latín medieval “carnelevarium”, que significaría “quitar la carne” y se refería a la prohibición religiosa de consumo de carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma. Es decir, que su celebración es de origen cristiano pues termina el martes y el “miércoles de cenizas” da inicio a la prescripción religiosa que finaliza el Domingo de Ramos. A pesar de ello, otras opiniones lo definen como alimentación del desenfreno y el libertinaje, que el ocultamiento de la identidad alimenta. Otros pueblos alejados de los ritos religiosos también celebran el carnaval como días de festejos populares y lo hacen todos los fines de semana de febrero y a veces los primeros de marzo.
Hoy en día, el carnaval es una celebración de carácter lúdico donde abundan los juegos, la música, banquetes, bailes y diversión en general. Se llama así, por similitud, a cualquier otra celebración de tipo donde prevalecen el descontrol y la permisividad características de esta fecha en su origen, y que dicen es la causa del uso de máscaras para ocultar al “pecador”, siendo en estos últimos años motivo de descollantes festejos muy atractivos que mueven a grandes masas de participantes que, con ingenio, interpretan una gran diversidad de representaciones afines a las celebraciones, promoviendo la asistencia local y por sobre todo la turística, grandes inversiones y por consiguiente cuantiosas recaudaciones.
Según el registro de récords Guiness, la celebración más grande del mundo es la de Río de Janeiro y la mayor comparsa es “Galo de Madrugada”, de la ciudad de Recife.
Existen numerosos e importantes carnavales en América y Europa, siendo los de mayor extensión el carnaval de Montevideo, que se extiende por 41 días, y los de Gualeguay y Gualeguaychu en Entre Ríos, Argentina, que duran desde el primer fin de semana de enero hasta el primer fin de semana de marzo.
En la Argentina, su llegada a través de las masas de inmigrantes europeos y su celebración se realiza de diversas maneras de acuerdo a la región geográfica cultural. En la región noroeste andina, las celebraciones señalan la subsistencia de antiguas tradiciones indígenas pertenecientes a la civilización andina prehispánica, siendo los ritos mas importantes dentro de las ceremonias el desentierro y el entierro del diablo de carnaval. El carnavalito es un estilo folclórico centenario, desarrollado precisamente para los carnavales.
La Chaya riojana es una fiesta ancestral y popular muy ligada al carnaval, que reconoce como principal protagonista al Pujilay, un muñeco de trapo de tamaño natural con cabeza canosa en torno al cual se realiza la celebración. Ese dios del carnaval nace el sábado anterior al festejo y su entierro tiene lugar el Domingo de Cenizas. Actualmente, la Chaya se festeja en todos los barrios regada de buen vino y con el aire perfumado de albahaca, realizándose los tradicionales “topamientos” entre familias, precedidas por el “compadre” y la “cuna”.
La convocatoria multitudinaria es el festival folclórico que se realiza en las noches en el Estadio del Centro, con la particularidad de que unos pocos escuchan sentados a los artistas, mientras los demás disfrutan jugando con harina al ritmo pegadizo de chayas, chacareras, zambas y demás ritmos folclóricos.
En Buenos Aires, luego de unos años de veda, se ha vuelto a celebrar con dispar éxito. Al efecto traigo a colación unas anotaciones hechas por Sarmiento al respecto. “El carnaval en Buenos Aires abolido en los tiempos de Rivadavia por el buen tono que presidía a la sociedad, rehabilitado enseguida en reacción contra la cultura, fue presidido por Rosas, que se paseó un año por las calles a caballo con un poncho pampa. Pero alguna libertad que con aquella mala figura se tomaron, alguna pulla dirigida por alguna máscara, bastaron para que se tomase en aversión el juego popular, en el catálogo de sus implacables odios. El carnaval desde entonces, se hizo, como todo lo que Rosas detestaba, objeto de predilección para el pueblo; los que sucedieron a su caída, tomaron ese carácter de frenesí que tiene siempre esta tradicional época en que la sociedad abandona las fórmulas que mantiene sus relaciones, para soslayarse a sus anchas.”
Lic. Graciela Godoy de Sadorin
Química (UBA), CONICET – Master en Comunicación Científica, Médica y Ambiental UP-FARMA, Barcelona
