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Cuando la construcción indiscriminada atenta contra la identidad

Lejos de atender los constantes reclamos de los vecinos, que intentan preservar la idiosincrasia barrial, las empresas constructoras continúan avanzando en la zona con edificaciones que, en su mayoría, no respetan las normativas vigentes. Y mientras los desarrolladores inmobiliarios privilegian el negocio y avasallan los derechos de los vecinos, los funcionarios porteños optan por mirar para otro lado.

Delimitado por General Paz, Emilio Castro, Cañada de Gómez y Juan B. Alberdi, el barrio Naón recrea una zona residencial en el corazón de Mataderos definida por sus calles anchas, espacios verdes de calidad y manzanas alargadas pobladas con coquetas casas y chalets de un piso o dos, como ya quedan pocos en Buenos Aires. Hoy, sin embargo, esa singularidad que define y distingue al Barrio Naón, está en peligro.

Durante los últimos años, a partir del cambio en el Código Urbanístico, se ha multiplicado la construcción de edificios que rompen la identidad del barrio y, en paralelo, genera múltiples problemas, como rotura de napas, veredas, sobrecarga en los servicios, tránsito intenso y pérdida de calidad de vida.

El nuevo Código cambió las reglas y establece un “área de desarrollo” en las manzanas linderas a autopistas -donde se incluye a la avenida General Paz- que promueve proyectos como el rechazado en 2017, en el inmueble de Vialidad y en el actualmente ocupado por instalaciones de la flota automotor del Gobierno porteño, en General Paz y Emilio Castro, entre otros. En ese predio en particular, el Código Urbanístico permite construir hasta veinticuatro pisos.

No obstante, lejos de quedarse de brazos cruzados, los vecinos optaron por organizarse y tomar el toro por las astas. “El año pasado hicimos un amparo colectivo, respaldado por más de tres mil firmas, y en noviembre logramos frenar el avance en la construcción de una torre de quince pisos, que incluso afectó las napas freáticas, extrayendo agua de forma irregular durante meses”, cuenta Osmar, uno de los vecinos movilizados. El edificio al que se refiere -que paradójicamente está siendo comercializado por la inmobiliaria local Florencio González- corresponde a un emprendimiento de la empresa Urbanhaus y se está construyendo en Ercilla 7653, a metros de la colectora de General Paz. Allí, según advierten los vecinos, la constructora aún adeuda la evaluación de impacto ambiental y mantiene diversas irregularidades en la tramitación del proyecto de obra.

No obstante, a mediados de enero pasado el amparo fue rechazado en primera instancia y, tras la apelación vecinal, el expediente hoy se encuentra en cámara a la espera de una sentencia definitiva. En ese marco, el 26 de enero los obreros retomaron el trabajo en la obra y por estas horas avanzan con la losa del tercer piso y las paredes medianeras.

Pero lejos de quedarse sólo en la protesta, los vecinos, con el apoyo de los legisladores Claudia Neira y Manuel Socías, están impulsando un proyecto de ley propio para proteger el barrio a través de tres puntos claves: limitar la altura, es decir, que no se permitan construcciones de más de tres pisos; resguardar los espacios verdes para proteger las plazas que definen al barrio; y frenar obras de “relevante efecto”, lo que implicaría anular permisos para torres que no cuenten con estudios de impacto ambiental ni audiencias públicas previas.

Con el inicio del año legislativo, los vecinos prometen volver a los despachos para que su proyecto se convierta en ley y el “progreso” deje de ser sinónimo de destrucción de la identidad barrial. “Ojalá podamos sumar más voluntades y se pueda sancionar en marzo próximo”, se ilusiona Claudia, otra vecina que impulsa el “no a las torres”.

En ese sentido, aclara que “la nuestra es una lucha vecinal genuina, acá no hay una ningún trasfondo político partidario, somos vecinos que nos unimos en pos de un objetivo en común: defender la idiosincrasia de nuestro barrio”. Y previendo comentarios de algún desprevenido, luego advierte “no nos negamos al progreso ni al desarrollo urbano, simplemente no queremos que se desvirtúe la esencia del barrio con emprendimientos que atentan contra el perfil residencial y la calidad de vida de los habitantes. Vivimos en un barrio de casas bajas, con calles tranquilas, muchas plazas, y no queremos que eso se pierda”.

Entre los interrogantes que se plantean los vecinos, surge el de la falta de atención de los funcionarios porteños. “Si desde el Gobierno de la Ciudad se proyectan semejantes cambios edilicios ¿Cómo no se se plantean primero cambios de infraestructura? Porque no es casual que comiencen a colapsar las cloacas, que la mayoría de los vecinos tengamos bombas porque no hay presión de agua, que se corte la luz. Pero claro, primero vienen los negocios…”, subraya Osmar.

Desde el colectivo vecinal que intenta ponerle un freno a los negocios inmobiliarios, coinciden en que la futura torre de Ercilla y General Paz, a la que bautizaron “obelisco”, no es sólo un edificio, sino que “representa todo lo que podemos perder, porque una torre habilita a las demás, primero en esa manzana y después en todo el barrio”. Y se preguntan “¿Por qué no se cumple la ley? ¿Quién controla a las empresas cuando hay una medida judicial en curso? ¿Qué hay detrás de estos negociados inmobiliarios que avanzan aun sin definición judicial? ¿Por qué los intereses privados parecen estar por encima de los derechos de las vecinas y vecinos?”. En ese sentido, remarcan que “un amparo judicial no es una sugerencia. Es una herramienta legal para proteger al barrio, su escala, su infraestructura y la calidad de vida de quienes lo habitan. Por eso nos resulta paradójico que mientras la Justicia aún no se expide, la empresa avance como si nada, desconociendo el proceso judicial y la voluntad vecinal”.

Mientras tanto, ya está todo dispuesto para iniciar la construcción de otro edificio similar en Fragata La Argentina, entre Zequeira y Zelada.

Lo que está ocurriendo en Barrio Naón no es un hecho aislado. La mecánica se repite en otros puntos de la Ciudad. “Esto mismo está ocurriendo en Villa Luro, Caballito, Parque Chas”, recuerdan los vecinos del colectivo local, y como corolario, agregan “lo que aprendimos en este tiempo es que sólo cuando nos unimos, podemos cambiar las cosas”.

Ricardo Daniel Nicolini

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