Desde que en febrero pasado la Secretaría de Transporte de la Ciudad autorizó la fusión de la línea 99 con la 106, la esquina de Cuzco y Bynon, a metros del santuario de San Cayetano, se transformó en intransitable para el tránsito vehicular y en un peligro latente para los peatones. Decenas de colectivos estacionados en doble fila y maniobrando en esa esquina, parecen haberse adueñado del espacio público, ante la ausencia de agentes de Tránsito y la inacción del Gobierno porteño.
A comienzos de febrero pasado, mediante la Resolución 18/2026, la Secretaría de Transporte de la Ciudad aprobó la fusión de las líneas 99 y 106 de colectivos, que había sido lanzada en diciembre. Pocos días después, la línea 99 dejó de funcionar con ese número y se convirtió en el ramal B de la 106, circulando desde su habitual terminal de Córdoba y Madero, pero extendiendo su recorrido hasta la Estación Liniers, donde desde entonces comparte cabecera con la 106 A. De esta forma, la línea que administra la empresa Colectiveros Unidos s.a. (CUSA) pasó a tener una flota de 102 unidades.
Esta singular decisión del Gobierno porteño no hizo más que amplificar el caos de tránsito que, desde hace años, padecen los vecinos de esta esa populosa porción de Liniers Norte. Quien transite por la zona -a cualquier hora del día- se encontrará con una larga hilera de colectivos estacionados en doble fila sobre la calle Bynon, y otros tanto ubicados en contramano sobre Cuzco al 200, liberando apenas un único carril para el tránsito vehicular, que suele atascarse y prolongarse en una fila de varias cuadras toda vez que la barrera de Cuzco se encuentra baja.
Sobre esa misma esquina, la empresa CUSA tiene una estación de regulación en forma de “L”, con acceso por Bynon y por Cuzco. Ese predio de escasas dimensiones tiene capacidad para albergar no más de cinco unidades. Por otra parte, la normativa vigente señala que se pueden tener hasta tres colectivos estacionados en la vía pública. Sin embargo, es habitual toparse con una larga fila de unidades ubicadas en doble fila sobre Bynon y obstruyendo el tránsito vehicular. Algunos incluso, suelen doblar en Cuzco de contramano y detenerse allí. Como si fuera poco, a ese caos se le suma el obrador que aún se ubica en Cuzco al 200, que era utilizado para ingresar a la obra del soterramiento del Sarmiento, la misma que está abandonada desde hace años.
“Los choferes dejan los colectivos regulando en doble fila y se van a tomar un café hasta que les toca la próxima vuelta”, explica indignado Guillermo Dalbes, que tiene su peluquería frente al playón de la 106, en Bynon y Gana, y luego agrega “casi nunca se ven agentes de Tránsito por acá, y cuando vienen, sólo se limitan a hacerles tests de alcoholemia a los choferes, pero ni se les ocurre exigirles que retiren los colectivos de la calle. Eso sí, si yo llego a dejar mi auto dos minutos tocando un cordón amarillo, la multa me llega al instante”.
Similar es la mirada de Ezequiel Ríos, titular de la cochería Carbone, de Bynon y el pasaje Casco. “La verdad son insoportables -remarca- no sólo porque estacionan en doble fila y dónde quieren, sino porque dejan los colectivos con el motor encendido y el ruido es terrible. Es imposible hablar por teléfono y escuchar lo que dicen del otro lado”.
Pero eso no es todo. Hace apenas unos días se registró un episodio en el que tres colectivos de la 106 que maniobraban en esa esquina chocaron entre ellos y uno, al intentar esquivar a otra unidad, atropelló a un peatón que debió ser asistido por el SAME.
Según pudo averiguar este medio, la Secretaría de Transporte de la Ciudad autorizó esta fusión y la llegada a Liniers de decenas de colectivos de la ex línea 99, sin realizar previamente un estudio de tránsito en el que se considere la enorme cantidad de colectivos que transitan por la zona y el impacto directo que generan en la comunidad local.
