Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
February 8, 2023 5:29 pm
Cosas de Barrio

El Papá Noel más famoso es vecino de Liniers

El mítico personaje navideño que desde hace años enciende la ilusión de miles de chicos en el shopping Unicenter

La escena se repite a cada minuto. Un par de ojos dominados por el asombro y la emoción se desnudan enormes, impávidos, brillantes. Y él los recibe con su sonrisa cálida, esa que le asegura la barba blanca y el traje impoluto de Papá Noel, pero que arrastra desde siempre, desde que la barba no era siquiera una sombra en su rostro amable y bonachón. “¿Cómo te llamás? ¿Cómo te fue en el cole?”, le pregunta el ídolo del Polo Norte a uno de sus tantos admiradores, antes de posar para la foto de rigor y despedirlo con un abrazo, de esos que no se olvidan. Ahora la que se acerca es una nena que arrastra un muñeco casi tan grande como ella. Va rápido al encuentro de aquel al que hace un par de días le escribió la carta para pedirle los regalos y asegurarle que se había portado “bastante bien”. No duda en colgársele del cuello para estamparle un sonoro beso en la mejilla. La foto reflejará la misma sonrisa que la pequeña mantendrá por un largo rato.

“Lo más lindo de ser Papá Noel es verles la carita a los chicos. Los ojos enormes y la boca abierta por la emoción. Es un instante mágico, impagable… Eso a mí me transformó y no deja de conmoverme”. El que habla es Papá Noel ¿Quién si no? que en un alto de su habitual presentación prenavideña en el shopping Unicenter, accede a charlar en camarines con Cosas de Barrio. Tan solo por ese tiempo volverá a ser Jorge Da Luz, el histórico vecino de Liniers –que vive en la misma casa de Pizarro y Miralla, en la que nació- al que desde hace seis años, la vida le cambió por completo.

“Empecé con esto en 2016 –cuenta Jorge- a través de un hombre que hace mucho está con este tema. Yo era encargado en una cafetería y fiambrería en Devoto, y este señor vivía enfrente. Era un poco más flaco que yo y tenía una barba larga y blanca. Yo tenía barba pero no como ahora, bastante más corta. Y un día me dijo ‘¿no te gustaría trabajar de Papá Noel?’ Yo pensé que me estaba cargando y él se dio cuenta que no lo había tomado en serio. Entonces me pidió que lo acompañara hasta el auto que estaba en la puerta y me mostró el traje rojo que tenía prolijamente guardado en el baúl. Me contó que trabajaba para una productora y que además hacía presentaciones particulares”.

Confiesa que en ese momento le picó el bichito de la curiosidad, pero como tenía su empleo de encargado en el local, no quiso perder el trabajo fijo por el de apenas un mes. Sin embargo, su destino ya estaba escrito. “Al poco tiempo los dueños del negocio donde trabajaba vendieron el local de Devoto y lo mudaron al Centro. Después surgió un problema entre ellos y el que me había llevado a mí se abrió, entonces decidí irme yo también. Esto habrá sido en agosto del 2016. Entonces me acordé de este hombre y lo llamé”, relata, como un futbolista que recuerda sus inicios.

Al día siguiente ambos estaban reunidos y la transformación se puso en marcha. “Me explicó cómo era el trabajo, me dijo que me tendría que decolorar la barba y me consiguió una entrevista con el productor de CG Producciones”, recuerda Jorge. “Cuando entré a la oficina, el tipo me miró, se quedó callado unos segundos y después me dijo ‘no se hable más, a partir de ahora vos sos Papá Noel’”.

Sin embargo, aún había que ajustar algunos detalles. “El problema era que ya tenía todos los lugares designados para los shoppings de Buenos Aires y del interior. Entonces me dijo que empezaría haciendo domicilios particulares. Pero a los tres días me llamó para decirme que se le había enfermado un Papá Noel y que iba a estar en el Alto Avellaneda. Ahí debuté”, subraya, con la misma sonrisa que les regala a sus miles de admiradores.

Ya en la Navidad de 2017 ocupó el trono en Unicenter y desde entonces –a excepción de los años de pandemia- se mantuvo fijo allí. “Ahí empecé a sacrificar la cena de Nochebuena, pero como todo el año ceno con mi esposa y mis hijos, no fue tan grave”, asegura, y luego agrega “además a la 1 y pico ya estoy en casa”.

A sus 73 años, el Papá Noel linierense repasa con nostalgia sus años de la infancia. “En mi casa mamá ponía un árbol enorme que era el símbolo de la Navidad. Aún recuerdo esas cenas en familia que esperábamos durante todo el año”. No obstante, aquella magia navideña aún sigue floreciendo en su casa de Liniers. “Mi señora continuó la tradición y desde siempre nos esmeramos mucho con el arbolito. Aunque debo confesar que nunca me disfracé de Papá Noel para mis hijos”, reconoce quien hoy es abuelo de dos nietos: Luca, de 10 años, y Selene Victoria, de un mes y medio.

“En aquella Navidad de 2016, mi primer año como Papá Noel, cuando salí del shopping de Avellaneda tenía dos o tres domicilios para hacer, así que llegué a casa como a la 1 de la mañana –recuerda-. Como estaba la familia reunida, había quedado con mis hijos que iba a llegar como Papá Noel para darle los regalos a Luca, que entonces tenía 5 años. Cuando toqué el timbre se asomó él, me vio, abrió los ojos enormes y le dijo a su mamá ‘¡es Papá Noel!’. Al ratito me abrieron y les repartí los regalos. Pero como un vecino me vio, me pidió si podía pasar por su casa, así que cuando volví, lo entretuvieron a mi nieto y yo aproveché para cambiarme en mi pieza. Al rato volví vestido de civil y me senté a la mesa como si nada. Pero mi nieto se sentó al lado mío y no dejó de mirarme a mí y a la madre, hasta que en un momento le dio sueño y se fue a mi cama a jugar con el celular. Cuando llegó vio el traje de Papá Noel colgado en el perchero, que en el apuro por ir con mi familia, me había olvidado de guardar, pero no dijo nada. Unos meses después le contó a la madre lo que había visto. Y mi hija le dijo que tal vez Papá Noel me había prestado su traje, para que, como yo soy muy parecido, pudiera ayudarlo a repartir los juguetes. Ahí ya empezó a sospechar y desde el año siguiente no hubo manera de mantenerle la ilusión…”

Y aunque Papá Noel entrega regalos, también, de vez en cuando, recibe alguno. “Cuando en marzo pasado mi hijo me metió la ecografía entre unos papeles míos y de pronto me enteré que volvería a ser abuelo, se me cayeron las medias”, evoca con la voz entrecortada y los ojos húmedos, como aquella vez.

– Además de la barba, la ropa y el porte estético de Papá Noel ¿Qué hace falta para hacer este trabajo?

– El amor por los chicos, eso es fundamental. El que no disfruta haciendo este trabajo no sirve para esto. Yo conozco gente que se ha puesto este traje, que va por un sueldo, que es un muy buen sueldo, pero que no se les mueve un pelo cuando se les acerca un chiquito.

Desde comienzos de diciembre Jorge se pone en la piel de Papá Noel y desde entonces disfruta de ser el centro de atención de miles de chicos, que lo adoran y le regalan su cariño. El lo recibe gustoso sentado al trono del shopping de Martínez. “Estoy todos los días de 10 a 22 con otro colega, en turnos de dos horas cada uno”, explica, y cuenta que diariamente lo visita un promedio de 800 chicos. Cuando la Navidad termina, Jorge guarda en el placard el atuendo rojo y las botas, y se calza la capa de Melchor, para seguir disfrutando del cariño de los chicos. En ese caso, los números disminuyen. “Vienen un montón a fotografiarse con los Reyes, pero no tantos como con Papá Noel. Es que la ternura que les genera este personaje, no la logra ningún otro”, sostiene con conocimiento de causa.

Dice que, además de estrujarlo a besos y tironearle la barba “para ver si es de verdad”, los chicos le traen regalitos que guarda como un tesoro en su casa de Liniers. “Algunos –cuenta- me dejan la mamadera o el chupete, como a Carlitos Balá”.

Claro que entre los niños, también se filtra algún colado. “A veces se me acercan abuelos y me cuentan que de chicos no tuvieron la suerte de fotografiarse con Papá Noel, por eso vienen a saldar esa cuenta pendiente”, explica Jorge, y cuenta que también posaron junto a él, entre otros famosos, Pampita, Mariana Fabbiani y Martín Palermo, con sus hijos.

Pero eso sí, desde que Jorge es Papá Noel, cada año su familia se acerca al shopping a fotografiarse con él. “Viene mi señora Alicia, mis cuatro hijos: Federico, Stella Maris, Adrián y Milagros, mis dos nietos y hasta mis primas. Podría decirse que es como una cábala”, desliza antes de improvisar su tradicional “jojojo”.

– Me imagino que en este tiempo habrás cosechado muchas anécdotas ¿Cuál te viene a la memoria?

– Dos. El año pasado un chiquito me abrazó y me agradeció por la bicicleta que le había traído en la Navidad anterior. “Aunque te la pedí hace dos años, igual gracias por la bici Papá Noel”, me dijo (risas). Y la otra es un poco más dura. Después de fotografiase, una nena se despidió, pero cuando se estaba yendo volvió y me dijo “quiero pedirte algo muy especial: que mi mamá y mi papá no se peleen más”. Todavía me acuerdo y se me hace un nudo en la garganta…

Esa capacidad de provocar milagros –o al menos echar a andar la posibilidad de intentarlos- Jorge también la desarrolla en su vida diaria. Desde hace años integra la Coordinadora vecinal por la recuperación del cine teatro El Plata, de Mataderos. “Juntos logramos recuperar un emblema del barrio, un verdadero sueño compartido”, asegura.

La agenda del Papá Noel linierense para el cierre del año es apretada. Cuando en la tarde del 24, el último admirador haya conseguido la foto con su héroe de barba blanca, recién entonces cerrará su temporada en el shopping de Martínez. Poco después, llevará su magia al Howard Johnson de Pilar para que, cuando el reloj haya marcado las 12, comience a repartir los regalos navideños en la cena de Nochebuena (el año pasado hizo lo propio en el Sheraton de Pilar).

Pero eso no es todo. Tal vez lo más importante llegue el domingo 25, cuando poco antes del mediodía navideño, Jorge y su álter ego recorran las salas de Pediatría de los hospitales Santojanni y Vélez Sarsfield para repartir golosinas y despertar sonrisas dormidas en cada uno de los pequeños internados.

Jorge se acomoda la barba y espía por detrás del grueso cortinado. Ya es hora. Una larga fila de chicos lo espera impaciente. Es momento de volver a generar ese instante mágico que lo subyuga y que se refleja en las caritas de sus eternos admiradores. Y mientras Papá Noel se vuelve a instalar en el trono, flanqueado por los duendes, alguien se anima a develar el secreto. “Este tipo tenía el destino marcado en el apellido: Jorge da luz…”.

Ricardo Daniel Nicolini

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