Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
November 28, 2022 7:30 pm
Cosas de Barrio

“La falta de vacantes en las escuelas es un tema que me preocupa”

Lo aseguró Vanesa Casal, supervisora del Distrito Escolar 20, que agrupa establecimientos de Liniers y Mataderos, en una entrevista exclusiva

“Soy una privilegiada, estoy en el lugar donde quiero estar”, comienza diciendo Vanesa Casal, supervisora del Distrito Escolar 20 desde 2016, en diálogo con Cosas de Barrio. De ella dependen 24 escuelas públicas de Liniers y Mataderos que nuclean a unos nueve mil alumnos. “Me une una pertenencia muy fuerte con estos barrios”, asegura, y cuenta que nació en Mataderos, en Lisandro de la Torre y Zequeira -“mi mamá me tuvo en una clínica que había en Zelada y Timoteo Gordillo”, agrega- y hoy vive con su familia en los pasajes de Liniers. Su caso, no obstante, no es un hecho aislado. “En el Distrito tenemos un blog que se llama ‘Soy del 20’ que refleja esa pertenencia, muchos maestros viven en el barrio y eligen estar acá. Ese es un factor esencial en este tipo de trabajo, que requiere mucha apuesta personal”, subraya, y recuerda que como maestra se desempeñó varios años en la Escuela 6, de Eva Perón y General Paz, y más tarde fue directora de la 9, en Larrazábal y Cossio, a pocos metros de su actual despacho, en la sede del Distrito.

Según Casal, la función básica de un supervisor escolar es estrechar los vínculos entre el territorio y el Ministerio de Educación, “pero la clave está en cómo se ejerce esa función, porque uno lo puede hacer administrando simplemente los recursos o estando presente desde la gesta, desde la transformación. Es decir, si hay pasión, la gestión será transformadora. Y acá siempre nos importaron los chicos, las escuelas, la formación de los docentes. Nos motoriza el amor por la infancia”, sostiene.

Sin embargo, no todo se soluciona con amor y pasión. “Hay cosas que aún no logramos resolver, como los problemas de infraestructura y la falta de vacantes”, reconoce.

– Vayamos por partes ¿Qué falencias existen en el Distrito en materia de infraestructura?

– Hay distintos problemas. Tenemos dos escuelas nuevas (la del Polo Educativo de Mataderos y la del Polo Piedrabuena) que son flamantes y funcionan bien, pero tienen cosas propias de las construcciones nuevas, porque nuestras escuelas viejas son sólidas. Por otra parte, las escuelas antiguas casi todas necesitan mantenimiento. El Ministerio de Educación tiene dos líneas de trabajo en este sentido: una es Infraestructura y otra Mantenimiento. En Mantenimiento hay escuelas que tienen el seguimiento de la gerencia operativa del Ministerio y otras que lo tercerizan en empresas privadas. En nuestro caso las empresas privadas ni siquiera se acercan a hacer el relevamiento de las escuelas, funcionan muy mal, y eso implica un peligro latente. Después están aquellas escuelas que arrastran problemas de filtraciones, cuyos reclamos, en todos los casos, vengo haciendo por los canales administrativos correspondientes.

– Y respecto a la falta de vacantes ¿Cómo es la situación actual?

– Sigue siendo compleja, aunque se hayan sumado esas dos escuelas, que aportaron 350 cupos cada una, siguen faltando vacantes. Incluso logramos que la Escuela 6 tenga un mejor edificio y se transforme en jornada completa, porque hoy la mayoría de las familias precisa la jornada completa. En muchos casos los padres están trabajando o están buscando trabajo, y los niños tienen un cierto déficit en cuanto a las posibilidades que la familia les puede ofrecer, entonces la escuela es una segunda oportunidad, un reaseguro. Por otra parte, la población de la Villa 15 (ex Ciudad Oculta) crece y eso hace que necesitemos más vacantes.

– ¿En todas las escuelas del distrito faltan vacantes?

– Sí, pero la situación varía, porque tenemos muchas más escuelas en Liniers que en el deslinde entre Mataderos y Lugano, y allí se nos desbalancean las vacantes. Además, en paralelo, tenemos un déficit con las escuelas secundarias, porque hay muy pocas. Entonces tenemos que trabajar para que los chicos concurran a escuelas de otros distritos linderos. Todo el tiempo los directores están chequeando la matrícula para ver dónde poner un chico más. La voluntad está, pero la superpoblación es innegable. También es real que hay escuelas de jornada simple que tienen menos matrícula, porque la gente busca jornada completa. Al inaugurarse las escuelas nuevas con jornada completa, gran parte de las vacantes se cubrieron con nuestros propios estudiantes que se cambiaron de una escuela de jornada simple. Ahora nos quedó disponible el edificio viejo de la Escuela 6, y ahí me gustaría plantear la posibilidad de desarrollar un proyecto pedagógico acotado. Se me ocurre un espacio para educación especial, que en el distrito sólo tenemos una escuela, la Integral Interdisciplinaria 20, que funciona en Lugano. Es decir que en la Comuna 9 no hay ninguna.

– ¿Qué prioridades se tienen en cuenta a la hora de asignar las vacantes?

– El reglamento escolar establece que la prioridad básica son aquellos chicos que vienen del jardín de infantes cercano, después le siguen los hermanos, posteriormente los hijos del personal docente, luego los niños que viven en el radio de la escuela y por último aquellos que viven en la Provincia. Nuestras escuelas son muy inclusivas, en el Distrito 20 tenemos muchos niños que habitan la Villa 15, pero además articulamos con las escuelas de la Provincia para lograr que ningún niño se quede sin vacante. Ayer la supervisora del Distrito 18 me pasó qué escuelas aún tienen vacantes, porque acá ya no tenemos más. Con el ciclo lectivo ya comenzado aún hay varias familias que están buscando escuelas para sus hijos. Pero en la Ciudad el sistema de inscripción es on line, no presencial. No obstante, en la sede del distrito (Fonrouge 346) la gente puede acercarse para inscribirse con la colaboración de personal a cargo, que la va a orientar sobre las opciones disponibles.

La impotencia por la falta de vacantes se replica en un ciclo lectivo donde el retorno a la presencialidad plena es celebrado por alumnos y maestros. Sin embargo, los dos años de pandemia plantearon varias enseñanzas. “La pandemia nos puso frente a la reestructuración de la infraestructura escolar, algo que hasta entonces no habíamos mirado nunca. Cuando tuvimos que pensar si las aulas tenían ventanas con circulación cruzada, empezamos a ver cierta simetría en diversas escuelas, como las que tienen el formato clásico de herradura, las que presentan un cabildeo o aquellas otras más nuevas con un formato más integrado. En las que se parecían físicamente estandarizábamos un mecanismo, de manera de simplificar la puesta en marcha de las normativas”, recuerda Casal.

Pero además, la pandemia vino a cuestionar varios dogmas establecidos. “Nos obligó a replantearnos muchas cosas –explica- si sólo es posible estudiar en forma presencial, cuál es el rol de la familia en el proceso educativo, cómo priorizar aprendizajes, cómo incorporar proyectos interdisciplinarios. Abrió las paredes de las escuelas hacia afuera, generó un vínculo muy estrecho con las familias y puso sobre la mesa las profundas desigualdades, porque no todos acceden de la misma manera a los recursos tecnológicos. Pero también nos enseñó a encontrar otras formas de relacionarnos y a valorar la presencialidad”.

– ¿Fue necesario privilegiar algunos contenidos y obviar otros?

– Sí, durante gran parte del año pasado trabajamos con un esquema de contenidos priorizados, porque al asistir menos tiempo a la escuela debimos dedicar ese tiempo a impartir aquellos conocimientos más importantes. Este año volvimos a implementar todos los contenidos, pero ahora ya sabemos cuáles son los más importantes. En todo proceso educativo, con o sin pandemia, siempre quedan contenidos sin dar. El contenido prioritario es aquel que no se va a dar otro año y que sirve como base para enseñar otro. Pero hay otra realidad, nosotros promovimos, por resolución nacional a los chicos del 2020 al 2021. Eso se llama ‘unidad pedagógica’. Valoramos el esfuerzo pero, excepto en séptimo grado, no pusimos nota, todos fueron promovidos. Y esa situación se va a arrastrar por un tiempo. Porque más allá de las propuestas creativas y del esfuerzo de los docentes, los chicos estaban descolgados, entregaban tareas en las plataformas digitales pero nadie sabía quién las hacía…

Desde que comenzó el ciclo lectivo 2022 se retornó a la presencialidad plena sin protocolos. Sólo existe una “guía Covid”, que plantea el uso administrado del barbijo, la higienización de los espacios, una ventilación adecuada y no mucho más. “En lo que va de clases, no estamos teniendo muchos casos”, asegura Casal.

Una de las tareas fundamentales del Distrito Escolar 20, es la articulación con otras áreas, como por ejemplo, la escuela secundaria. “Promediando el año solíamos hacer una muestra en el club Glorias con diversos secundarios de la zona, dedicada a los alumnos de séptimo grado para que tengan herramientas que les permitan decidir qué tipo de orientación van a seguir. Durante los dos años de pandemia tuvimos que hacerla en formato virtual y salió estupendo”, recuerda la docente, y luego destaca el vínculo estrecho que establecieron con el Santojanni, a través de la Dra. Claudia Falótico, jefa de Pediatría y Salud Escolar del hospital. “Es una genia –destaca- una persona muy comprometida con la comunidad. Ella llevaba a los chicos a testearse y con ella estamos llevando a cabo actualmente una campaña de vacunación en tres escuelas del Distrito (la 6, la 17 y la 22, de Piedrabuena, que es la más numerosa) donde se están aplicando todas las vacunas del calendario. Porque con la pandemia, la vacunación tradicional pasó a un segundo plano y a muchos chicos les faltan vacunas. Por eso ahora estamos vacunando a chicos de 6, 7, 11 y 12 años”.

– Hablando de los chicos, Vanesa. Hábleles a ellos ¿Qué les diría?

– El año pasado, cuando terminaron las clases, muchos chicos decían “no nos queremos ir de vacaciones”, y eso fue muy sintomático de lo que representa la escuela para ellos. Por eso chicos, aprovechen la escuela, aprovechen a sus maestros, quieran y cuiden la escuela, aprendan, estudien, lean, porque la lectura abre miles de mundos, aprovechen todas las áreas de conocimiento, cosechen amistades.

– Estamos transitando el mes de la Mujer, y aunque la docencia es una profesión históricamente femenina, no siempre la mujer ocupó cargos jerárquicos ¿Nota un cambio en este sentido?

– Es cierto que la docencia es un trabajo muy femenino, y así fue el proyecto de Sarmiento, pero durante mucho tiempo, para tomar los cargos, había un listado para mujeres y otro para hombres. Entonces cada tres mujeres se elegía un varón. Pero en la lista de mujeres había 500 candidatas y en la de hombres diez, por eso a la maestra recién recibida se le hacía muy difícil ingresar. Gracias a ese sistema, la mayoría de los supervisores eran varones, pero por suerte ese sistema ya quedó en el olvido. Aunque el sistema educativo padeció el patriarcado, actualmente las mujeres ocupamos cargos jerárquicos. De hecho hoy en el distrito tenemos un solo director varón.

– Para cerrar, Vanesa ¿Se podrá desterrar aquella frase tan antipática de “caer en la escuela pública”?

– ¡Claro! Yo quiero que la escuela pública sea un lugar que la gente elija, que las familias sientan que ese es el mejor lugar para sus hijos. Nosotros tenemos escuelas hermosas, con orientación, con intensificación, ahora sumamos jornada extendida en sexto y séptimo grado en las escuelas de jornada simple. Yo apunto a que mis directivos se sumen a un colectivo y que trabajen para que su escuela sea cada vez mejor. Somos veintiún supervisores escolares en toda la Ciudad de Buenos Aires y para todos nosotros la escuela pública es la verdadera escuela, la de todos. Por eso para mí es muy doloroso entender la escuela pública como un manotazo de ahogado, porque es todo lo contrario, es un lugar para construir, para estar con el otro, al que los chicos asisten porque les cabe el derecho. La escuela pública es, fue y será un lugar de calidad.

Ricardo Daniel Nicolini

El “home schooling”, los que les dan la espalda a la escuela

Durante los dos años de pandemia, la virtualidad se transformó en una alternativa sumamente valiosa para permitir la continuidad educativa sin la necesidad de acudir a la escuela. Sin embargo, estudiar desde casa es una modalidad que va más allá de las restricciones sanitarias. “Recién venimos de tomar exámenes libres a los chicos que hacen ‘home schooling’, aquellos que no van a la escuela porque los padres deciden no mandarlos”, cuenta Casal. El home schooling es un movimiento pedagógico que reniega de las instituciones educativas y propone educar a los niños bajo la supervisión de padres o tutores. “Mientras que para nosotros la escuela crea lazos y produce ciudadanía, para ellos es un sinónimo de encierro”, explica la supervisora.
Acorde con esa tendencia, desde hace muchos años la Ciudad tiene en su reglamento escolar, la posibilidad de que cualquier chico en edad de escolaridad obligatoria, tenga la posibilidad de rendir exámenes libres. “Hay casos de familias que viven en los countrys, que los padres viajan mucho o que profesan religiones muy ortodoxas, que mandan a los chicos a escuelas que no tienen reconocimiento oficial, entonces tienen que venir a rendir libres; y hay otros a los que les enseñan en las casas porque los padres deciden que sus hijos no asistan a instituciones escolares. Eso lo contempla la Constitución de la Ciudad y no aplica en otras jurisdicciones, de hecho nosotros tenemos chicos de otras provincias que vienen a rendir acá, por ejemplo los que están jugando en Vélez”.
– ¿Y rinden bien?
– Depende cuánto se hayan preparado. En la mesa que hicimos en noviembre aprobó el 40%. También hay casos puntuales, como el de una chica embarazada de 13 años que era brillante, rindió con 98 sobre 100, pero con una panza enorme no podía asistir al colegio.

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