Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
July 4, 2022 5:55 am
Cosas de Barrio

Síntomas de una sociedad afiebrada

La tos seca con la que había amanecido ese viernes la tenía intranquila. Quería desentenderse del tema y pensar en otra cosa, pero un nuevo acceso que la dejaba exhausta la devolvía a la realidad. Se lamentó de haber vuelto a dejar para lo último los regalos para el arbolito: era 24 y todavía le faltaba resolver lo que Papá Noel les llevaría a sus dos nietos más pequeños. Aunque el termómetro ya arañaba los 30 grados, se preparó un té con miel bien caliente, comió un par de bay biscuit (¿le raspaba la garganta o era sólo su imaginación?) y partió hacia el centro comercial de Liniers.

No hacía una hora que habían comenzado con los testeos y la fila de gente esperando para ser atendida ya daba la vuelta por la esquina de Patrón. No estaba seguro de haber hecho bien al aceptar la invitación de su hermano para pasar la Nochebuena en su casa. Una cosa era la relación entre ellos, que se mantenía en los umbrales de la cordialidad y la confianza, pero tener que compartir la mesa con la entrometida de su cuñada, ya era demasiado. Como sea, aún le quedaban varias horas de trabajo en la Unidad Febril de Urgencias del Santojanni y, por lo que veía por la ventana de la UFU, no tendría tiempo para pensar en la cena de Nochebuena.

Aún no había llegado a la esquina de Tonelero y ya se notaba agitada. El calor era insoportable y caminaba apurada, pero no tanto como para que le faltara el aire. Entonces otro ataque de tos la obligó a quitarse el barbijo. Esa fue la señal que le indicó que debía cambiar el rumbo. Cruzó la calle y por la vereda de la sombra se encaminó a paso lento hacia el Santojanni. Quería tener la tranquilidad de saber que todo estaría bien para la noche. Era la primera vez en diez años, que sus hijos y sus nietos esperarían la llegada de la Navidad en su casa y no podía darse el lujo de echar todo a perder.

“Bajate el barbijo e incliná un poco la cabeza hacia atrás”, repitió una vez más el Dr. Oscar S., como lo hacía ante cada paciente que ingresaba a la UFU del Santojanni, antes de proceder a hisoparlo. El suyo es un trabajo mecánico pero que requiere suma atención. Extrajo la muestra de la fosa nasal y la colocó en la bolsa correspondiente. No llevaba la cuenta de cuántos pacientes había atendido, pero eran muchos. Afuera, sin embargo, la fila de quienes esperaban ingresar se perdía a la lo lejos. Sólo él y el Dr. R. se encargan de realizar los testeos y otros tres profesionales cargan las muestras en el sistema. Demasiado pocos como para atender en tiempo y forma la demanda de los pacientes. La imagen de la Nochebuena se le volvió a dibujar en la mente, pero ahora con una sonrisa. “Al menos mi cuñada hace el mejor vitel toné que comí en mi vida…”, pensó para consolarse.

Cuando llegó a la esquina de Martiniano Leguizamón y Patrón vio que delante suyo había un centenar de personas. “¿Esta es la fila para hisoparse”, preguntó. Un sí con la cabeza del hombre que la precedía operó como única respuesta. Había que armarse de paciencia. La pastilla de miel y el té que había tomado antes de salir parecían haberle hecho efecto. Pero aunque los ataques de tos habían desaparecido, la garganta le molestaba para tragar.

Cuando abrió la puerta para hacer pasar al siguiente, una persona le recriminó irónicamente por la demora. “¿Y? ¿Van a seguir leyendo el diario o nos van a atender? Hace dos horas que estamos …”. Detrás del hombre exaltado, un joven lo enfocó con el celular. “Dale hermano, mirá que te estoy filmando, no estamos esperando para entrar al boliche”. El Dr. Oscar S. les pidió paciencia, hizo ingresar al primero y cerró la puerta. Sabía que no darían abasto para atender a tanta gente, pero no podía darse el lujo de perder tiempo para entreverarse en una discusión inoportuna.

Apenas había avanzado un par de metros en la fila, cuando notó un griterío y un gran revuelo en la entrada a la UFU. Un instante después la fila se desarmó y alguien le informó “se suspendieron los testeos, un tipo le pegó una piña al médico”. Lo mejor sería volver a casa. Si todo estaba bien, podría recibir a los suyos el 31. 

Lic. Ricardo Daniel Nicolini

cosasdebarrio@hotmail.com

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