Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
June 26, 2022 8:51 am
Cosas de Barrio

Ciclo lectivo 2021: el arte de aprender de las vicisitudes

Las enseñanzas que dejó la pandemia en materia de educación

Por la Lic. Vanesa Aichino (*)

Desde marzo del año pasado ¿Cuántas veces hemos escuchado o dicho que estábamos viviendo un momento histórico y que no nos íbamos a olvidar de esta época? Días atrás un alumno de 2° grado me dijo “Directora, yo quiero vivir un momento único, pero de los buenos”. Desde entonces vengo pensando sobre eso ¿Habrá algo que podamos aprender de este escenario educativo que no elegimos? No tengo dudas que sí, que nos estamos enriqueciendo de manera exponencial, tanto los docentes como las familias. Reflexiones que ojalá nos sirvan para seguir pensando en la educación de acá en adelante.

Una primera cuestión es que la docencia tuvo la urgencia de animarse a probar nuevas maneras de enseñar. La innovación en educación es algo de lo que se viene hablando hace rato, pero que ocurría en forma discontinua. De un día para otro, todos, en simultáneo, nos tuvimos que obligar a dar un enorme paso. Con mucho esfuerzo y debido a la emergencia, quienes nos dedicamos a la enseñanza tuvimos que rediseñar nuestras clases, ensayar y probar nuevas maneras de hacer las cosas. No era cuestión de reinventar la imprenta sino que había muchas herramientas que ya estaban disponibles pero que nunca habíamos tenido la imperiosa necesidad de usar. Videos, blogs, libros en línea, plataformas de aprendizaje, redes sociales, mails, videollamadas, El objetivo era seguir conectados con los estudiantes, con las familias. Ahora, una vez que las pusimos en funcionamiento y las empleamos, esas estrategias ya empezaron a ser nuestras, forman parte de nuestro haber, de nuestra cajita de prácticas, nos las apropiamos.

Ahora, ya más distantes de aquellos momentos tan convulsionados, comprendimos que nosotros también estábamos aprendiendo, ya saboreamos el gusto de probar nuevas modalidades de enseñanza y aprendizaje. Situación que no pasó sólo en el sistema formal de educación. Hoy, profesores y profesoras de todo tipo están transmitiendo en línea lo que saben. Desde clases de yoga hasta talleres de tejido. Incluso gente con vocación de enseñar se está animando a hacerlo. A nivel familiar, abuelos y abuelas comenzaron a utilizar la computadora para trámites bancarios, madres y padres enviando mails, sacando fotos y adjuntándolas, entre otros. Fuimos dando esos pasos en comunidad.

Un segundo aspecto hace referencia a que muchas familias empezaron a darse cuenta de que los estudiantes aprenden mejor cuando logran organizar sus propios tiempos. El año pasado era habitual en los hogares ver niños y niñas dormir a cualquier hora, la agenda semanal estaba en permanente cambio, los horarios eran otros. Entendimos que tenemos que enseñarles desde el nivel inicial a organizarse, a gestionar las tareas y todo lo que requiere aprender a aprender.

La tercera cuestión es que comprendimos (o recordamos) el valor de la escuela y de la enorme tarea que estamos haciendo y que hacemos todos los días los docentes. Cuando los chicos y las chicas no podían concurrir, apareció más fuerte que nunca su necesidad como espacio para garantizar que todos puedan aprender. Cuando tratamos de acompañar a nuestros hijos e hijas en las tareas escolares, nos dimos cuenta lo difícil que es ser maestro. La escuela, con todas sus dificultades, durante unas horas al día, por lo menos, pone entre paréntesis las desigualdades sociales y ayuda a que todos los estudiantes estén protegidos y con el foco puesto en aprender.

Por último, descubrimos la enorme versatilidad como institución junto al resto de la comunidad educativa. En febrero comenzamos con un protocolo muy estricto, jornadas y grupos reducidos (burbujas). En ese momento, esa situación favoreció el trabajo individualizado y el respeto por las trayectorias escolares, ya que habíamos comenzado el ciclo lectivo con la diversidad en su mayor esplendor. El avance de la vacunación y la realidad epidemiológica favorable fue permitiendo progresivamente cambios en el protocolo habilitando aperturas. Durante el segundo cuatrimestre los estudiantes pudieron reencontrarse y hallarse nuevamente como grupo. En las escuelas se vivieron momentos muy emotivos, donde las miradas expresaban sentimientos. De a poco volvieron los rituales escolares, como el izamiento y el arrío de la Bandera. Ahora podemos cantar nuestro Himno Nacional que solamente lo podíamos escuchar acompañados de nostalgia por poder interpretarlo. Se permitieron las clases de Educación Física sin tapabocas, preferentemente al aire libre. Se amplío el aforo en el comedor escolar. Un año difícil y con permanentes cambios. Sin embargo, los aprendizajes se produjeron y, poco a poco, fuimos alegrándonos por cada estudiante que comenzaba a leer y/o escribir. El 16 de noviembre se estableció la última modificación, cuyo cambio principal es que el uso del barbijo no es obligatorio para las niñas y los niños de nivel inicial y primer ciclo del primario, solo para aquellas actividades vinculadas a la alfabetización inicial en las cuales sea necesario trabajar el reconocimiento de fonemas (sonidos de la voz) facilitando el trabajo oral en clase y el desarrollo lingüístico. Los maestros de estos grupos podrán, excepcionalmente, dentro del aula exceptuarse de su uso.

Ojalá que aunque, como decía el alumno, este momento histórico no sea para nada de los buenos, nos ayude a hacer propios esos tesoros que estamos encontrando. La institución “escuela” superó, quizá, su mayor desafío desde su creación como la conocemos actualmente. Emergieron las ganas de explorar en comunidad nuevas maneras de enseñar, replantearnos el uso de los tiempos y modos de aprender. Somos entonces los adelantados en dar impulso a una educación sin edificio y darnos cuenta de cuánto necesitamos como sociedad de la escuela y de los docentes.

(*) Aichino es licenciada en Educación y directora de la Escuela 4 D.E. 20 “Félix de Olazábal”, de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón.

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