Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 1:08 am
Cosas de Barrio

Recuerdos de provincia

El Centro de Residentes Pampeanos retoma sus actividades con los protocolos sanitarios y las energías renovadas

Aunque la dureza plomiza del cemento porteño se empecine en arrebatarle más y más espacio al verde, hay barrios que aún conservan –al menos, en esencia- aquel aire tan propio de la llanura que se expande libre y soberano, lejos del casco urbano. Liniers es uno de ellos. De hecho, una de sus instituciones más longevas guarda un pedacito de la Provincia de La Pampa en el corazón del barrio. Se trata del Centro de Residentes Pampeanos, que desde hace 81 años se encarga de entremezclar afecto y añoranzas con la excusa de disfrutar de un encuentro ameno, lejos de la tierra natal. “Podríamos decir que la nostalgia es el puntapié inicial de nuestro centro. La nostalgia por la familia, por el hogar, por el pueblo, por los amigos, pero también por el viento pampero, por la sequía, por el arenal y por todo lo que hace a La Pampa”, resume Graciela Bandi, secretaria de la entidad e hija de pampeanos oriundos de Trevel, localidad distante 34 kilómetros de General Pico.

Creado el 4 de mayo de 1940, el Centro de Residentes Pampeanos funcionó primero en el barrio de Balvanera (Misiones 45), hasta que en 1962 se instaló definitivamente en Liniers, en su sede de Fonrouge 68, a metros de Rivadavia. “Primero estábamos al lado, en Fonrouge 76, hasta que a fines de 1971 se logró comprar esta propiedad. Era una casa antigua que se refaccionó por completo”, explica Graciela, y recuerda que se construyó con el aporte de los pampeanos residentes en la Ciudad. “Jamás debimos recurrir a un subsidio del Estado”, subraya. Desde entonces el Centro cuenta con un moderno edificio de tres pisos engalanado con dos amplios salones, donde se ofrecen espectáculos y se dictan diversos cursos y talleres en los que los vecinos de Liniers se confunden con los nativos pampeanos.

Pero desde que se desató la pandemia ya nada fue igual. El enorme salón se vació por completo y el eco proyectó ese vacío por cada rincón. Y ante la ausencia de los asociados y el cierre de actividades, las deudas comenzaron a hace tambalear a la señera entidad, mojón de la tierra que alguna vez cabalgó el gran cacique Calfucurá. “En realidad el impacto comenzamos a sentirlo un poco antes de la pandemia –reconoce Graciela-. Nos vimos perjudicados por los terribles aumentos en las tarifas de servicios públicos e impuestos, que no sólo afectaron a nuestra entidad sino a toda la comunidad, que se retrotrajo en sus actividades lúdicas y culturales y se fue alejando de la sede”.

Superado ese temporal a fuerza de trabajo y paciencia, un nuevo mazazo impactó de lleno en el Centro. “Cuando creíamos que nos recuperaríamos, nos asoló la pandemia –expresa la secretaria- y tuvimos que cerrar las puertas durante varios meses. Reabrimos en diciembre pasado pero sin afluencia de gente, por el temor a los contagios. En marzo llegó la segunda ola de coronavirus y nos obligó a un nuevo cierre”.

Finalmente, a comienzos de julio y con la vacuna como aliada, el Centro de Residentes Pampeanos reabrió definitivamente sus puertas con todos los protocolos y cuidados sanitarios de rigor, para volver a hacer de la sede ese ansiado lugar de encuentro. “De a poco vamos retomando el ritmo y la gente se acerca nuevamente. Y aunque todavía nos falta recuperar lo más importante, que son los abrazos, el hecho de juntarnos nos devuelve el entusiasmo y las ganas de salir adelante”, resume Graciela, mientras aguarda esperanzada la posibilidad de volver a disfrutar de los multitudinarios encuentros en los que reunían en su sede de Liniers a “pampeanos, vecinos y amigos, socios y no socios en tradicionales festejos, exposiciones, conciertos y almuerzos, como el de la Bagna Cauda, o las carreras cuadreras sobre el tradicional empedrado de Fonrouge”.

Y aunque para eso aún haya que seguir esperando, por de pronto el Centro ya comenzó a ofrecer sus habituales cursos y talleres presenciales en su histórica sede de Liniers, barbijo y alcohol en gel mediante. Así, los martes y jueves a las 9:30 se dictan clases de Yoga, con la profesora Patricia Caci; de 18 a 20 llega el ritmo pegadizo de las clases de Zumba, con la Prof. Rocío Bliager; y a las 20 comienza Karate, con el profesor Luis Lezcano. Los viernes a las 19 hay otra opción de Zumba, con la Prof. María Soledad Mauricci; y a las 20 es momento del Taller de Tango, con la Prof. Milly. “Además estamos planificando ampliar actividades lúdicas y culturales, por lo que en pocos días más arrancarán los talleres de Teatro, Burako y Taekwondo para todas las edades”, anticipa Graciela. Para más info, lo interesados podrán acercarse a la sede de la entidad (Fonrouge 68) o contactarse a través de whatsapp al (11) 6151-4520.

Lentamente las risas y el bullicio vuelven a adueñarse de la sede, entonces la nostalgia –la misma a la que alguna vez le cantara el inolvidable pampeano Alberto Cortez- se hace alegría en el recuerdo compartido, y el mapa de la provincia dibujado en la entrada es la inequívoca señal de pertenencia. Más allá, al cruzar el umbral de entrada, los escudos que representan a cada pueblo o ciudad invitan a perpetuar el paisaje de la eterna llanura, aunque el cemento y la distancia se esfuercen en esconderlo.

Ricardo Daniel Nicolini

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