Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
April 15, 2021 4:26 am
Cosas de Barrio

El día en que “el Pibe Cabeza” se convirtió en leyenda

Hace 84 años, el delincuente más buscado de la década del 30’, era ultimado en Mataderos

El martes 9 de febrero de 1937 era el último día de carnaval, fecha festiva que antecedía al miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma. Por entonces, Mataderos era un barrio periférico poblado por laboriosos inmigrantes europeos recién llegados a América, quienes aportaban alegría, música y color al afamado corso que se llevaba a cabo a lo largo de la avenida Juan Bautista Alberdi.

Ese martes, el afamado pistolero Rogelio Gordillo, alias “el Pibe Cabeza”, se encontraba en casa de su novia, María Esther Romano, que vivía en la calle Manuel Artigas 5549, a poco más de cien metros del colorido corso de Mataderos. Por la noche, junto a Antonio Caprioli, alias “el Vivo”, uno de sus secuaces, Rogelio decidió salir a dar un paseo. Su novia, sin embargo, prefirió quedarse en casa, dado su avanzado embarazo y el calor agobiante.

Hacía tiempo que la Policía Federal andaba tras sus huellas, y fue un informante quien la alertó de que el bandido se hallaba alojado en casa de su novia. Fue así que una partida perteneciente a la Comisaría 42ª,  integrada por el comisario Héctor Fassio y los agentes Daniel Russo, Carlos Morales y Carlos Antequera, salió rauda en su búsqueda.

La calle era un loquero de pitos y matracas pero el “aguante” en la casa de Artigas 5549 dio resultado. Cuando Gordillo y Caprioli salieron del domicilio, los policías los identificaron y comenzaron una sigilosa persecución. Los delincuentes, no obstante, se dieron cuenta e iniciaron una maniobra evasiva: ambos subieron a un colectivo de línea con la intención de alejarse del lugar, pero el vehículo frenó dos cuadras después por el corte del corso. Los ladrones debieron bajar y optaron por regresar al lugar de partida. El ardid siempre les había dado resultado, pero esta vez sería la excepción. Los policías observaron la maniobra y poco después comenzó un intenso tiroteo en la esquina de Juan B. Alberdi y Guardia Nacional. Las crónicas de la época aseguran que hubo un intercambio de más de setenta disparos. El Pibe Cabeza disparaba con dos revólveres al mismo tiempo, mientras intentaba cubrirse detrás de un árbol. Resistió lo que pudo hasta que finalmente fue abatido. Caprioli logró escapar.

Aún hoy pueden observarse en las paredes de la Curtiembre Hispano Argentina las perforaciones de las balas, mudos testimonios de esa noche de pánico en Mataderos. 

En una publicación de agosto de 2000 del Semanario Colón Doce, se menciona que María Esther Romano, dio a luz a una beba, hija del Pibe, dos meses después del fatal enfrentamiento. Los autores de la nota afirman que esta hija secreta iba al cementerio municipal de Colón, provincia de Buenos Aires, todos los 9 de febrero, para dejar flores en la tumba del Pibe Cabeza, que está enterrado allí bajo otro nombre desde el 12 de febrero de 1937. Nadie sabe qué nombre posee la tumba en cuestión y, además, la cabeza de Gordillo está a más de 250 km del resto del cuerpo, más precisamente en el Museo Forense del Poder Judicial, en Buenos Aires.

Sobre el Pibe Cabeza dice Gonzalo G. Cueto: “era hijo de un matrimonio de chacareros de Colón, provincia de Buenos Aires, y vivió sus primeros años junto a sus seis hermanos. Nada hacía pensar que ese muchacho, que trabajaba como aprendiz en una peluquería del pueblo, se convertiría más tarde en el delincuente más buscado de la década del ´30, el hombre que comandaría la primera “superbanda” de la historia penal argentina”.

Oscar A. Turone

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