Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 25, 2021 10:45 am
Cosas de Barrio

2020, un ciclo lectivo que permanecerá en la memoria colectiva

La cronología de un año impensado en el que docentes, alumnos y familias debieron multiplicar esfuerzos y potenciar el trabajo mancomunado

Por la Lic. Vanesa Aichino (*)

¡Parece tan lejano y tan distante aquel 16 de marzo! Pero pasaron apenas nueve meses. Se iniciaba entonces el aislamiento social, preventivo y obligatorio y la escuela dejaba su presencialidad habitual para afrontar el gran desafío de reconvertirse, la colosal tarea de permanecer y crecer en un momento histórico único, adentrarse a la incertidumbre y estar tan presente como siempre o –por qué no- más que nunca. La tarea apuntaba a tratar de llegar a todos los hogares sabiendo y asumiendo todas las dificultades y vicisitudes que eso conllevaba. Superar y acortar distancias, batallar contra la falta de conectividad y la carencia de equipos informáticos, y transformar a los celulares familiares en el nexo necesario entre escuela y familia. ¡Vaya que fue difícil reorganizarse! ¡Quién lo hubiera imaginado!

Los docentes, conociendo y animándose a nuevos programas y plataformas informáticas, y las familias aprendiendo a usar los correos electrónicos, a enviar fotos por whatssApp, a adjuntar documentos, etc. Minicursos autocreados y autoasistidos. Se fueron probando estrategias de acuerdo a cada hogar y a la realidad de cada escuela, donde el reinado de la heterogeneidad debía brillar en su máximo esplendor. Entrega de cuadernillos en soporte papel, actividades enviadas por correos electrónicos o subidas a los blogs institucionales fueron los primeros pasos de un largo trayecto.

Luego, comenzó el uso de plataformas como Edmodo o Classroom, entre otras, y la planificación y puesta en práctica de videollamadas o videoconferencias. WhatssApp, Gmail, Messenger, tampoco faltaron a la cita. Pero nada fue sencillo: links que no llegaban, invitaciones que eran rechazadas, eran algunos de los escollos más frecuentes, pero además había que aprender a organizar videoconferencias seguras, para que esos espacios virtuales después del uso pedagógico se cerraran o no tuvieran acceso libre a los estudiantes. Más tarde fue el turno enseñar las normas de seguridad y convivencia en espacios virtuales: “mutearse”, “desmutearse”, términos desconocidos que empezaron a ser habituales. Pero además de todo ese complejo aprendizaje, el 16 de marzo la educación de gestión estatal también dejó de ser gratuita: los cambios de planes para tener más gigas en los celulares, la contratación de servicios de wifi, la renovación de equipos por falta de memoria, (ya sea en teléfonos o netbooks), las impresiones de actividades en locutorios, fueron algunos de los gastos que ninguna familia tenía previstos hasta entonces.

Otra cuestión sumamente importante fue alivianar la ansiedad de las familias, que iba desde las inquietudes sobre los contenidos, hasta las calificaciones y la aprobación del grado. Interrogantes que no tenían respuesta inmediata, porque las resoluciones ministeriales iban apareciendo sobre la marcha y marcando el camino. Entonces se suscitaban los temores y las dudas en los hogares, sobre si el acompañamiento era suficiente o sobre cómo y cuándo colaborar con la tarea escolar. Angustia que también tenía su correlato en los docentes, quienes se esforzaban por llegar a todos y todas pero sabían que no siempre era posible.

De pronto empezaron los actos virtuales, las intervenciones patrióticas. El primero desestabilizó pero, luego, fueron surgiendo propuestas muy creativas y participativas. Una situación similar sucedió con las Jornadas de Educación Sexual Integral (ESI). Y mientras tanto, los edificios escolares cerrados sólo se abrían para la entrega de canastas nutritivas (en las escuelas de gestión estatal), único momento de encuentro entre los docentes y las familias. Primaba entonces dar respuestas a inquietudes o buscar recuperar el vínculo con algunos hogares. La premisa era tratar de disminuir las desigualdades que estructuralmente este tipo de educación acrecentó, sumada a las dificultades económicas de las familias que aún no podían trabajar.

En la segunda mitad del año se implementaron los informes de valoración, un cambio notable en comunicar el proceso de cada niño o niña y en cómo transmitir el recorrido realizado estando mediatizado por las familias. En ese contexto, siempre alentamos a los familiares por su acompañamiento, ya que de un día para otro las casas se transformaron en aulas. Adiós a los boletines de calificaciones en este ciclo lectivo.

En octubre surgieron las actividades de revinculación para 7° grado de escolaridad primaria y 5° o 6° años de secundaria, también se sumarían actividades recreativas para Primer Grado y, después, para todos los grados y años según la disponibilidad de los establecimientos escolares, ya que debían ser a cielo abierto. Todas con protocolos específicos que mantenían el distanciamiento obligatorio.

En la Comuna 9 las escuelas dieron un importante lugar a los Instagram institucionales, ámbitos de encuentro y de reencuentro con toda la comunidad educativa. Muestra de actividades, informaciones oficiales y hasta recreos virtuales mediante transmisiones en vivo oficiadas por docentes con una alta participación de las familias. Una red que llegó para quedarse.

El último desafío fueron los actos de los egresados y egresadas 2020. ¡Qué momento tan particular en todo sentido! Con protocolos mediante, cada institución liberó su creatividad escuchando las opiniones de las familias. Entonces, con una amplia variedad de propuestas, surgieron actos virtuales y presenciales en las plazas, en clubes, en las veredas, en los patios. Ninguna ceremomia perdió su emotividad.

Fue un año diferente, difícil, duro, raro, con miedos, incertidumbre, ganas de volver al edificio escolar, melancolía, extrañar hasta el más mínimo rito escolar, pero al mismo tiempo, fue gratificante por todo el esfuerzo realizado. En esta breve síntesis se aprecia todo lo recorrido, todo lo andado y desandado. En este ciclo lectivo, más que nunca, la comunidad educativa necesitó un trabajo mancomunado. La escuela sola no hubiera podido. Los lazos entre escuela y familia se fortalecieron. Los docentes abrimos las puertas de nuestras casas y las familias, las suyas.

(*) Aichino es licenciada en Educación y directora de la Escuela 4 D.E. 20 “Félix de Olazábal”, de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón.

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