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** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 189 **
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CUANDO LA INSEGURIDAD ANDA EN MOTO


08/11/2018

El accionar de los motochorros se ha convertido en una modalidad delictiva en constante aumento, lejos del control de las autoridades


Una vez más, el licenciado en Seguridad Alberto Meni Battaglia, comisario inspector retirado de la Policía Federal Argentina y ex gerente de Seguridad de Brinks Argentina, vuelve a aportar en esta columna su mirada sobre la problemática de la inseguridad. En esta ocasión enfatiza su enfoque en torno al accionar de los motochorros. Meni Battaglia es además profesor de Eje del Derecho y de Derecho Administrativo en la Escuela de Cadetes de la Federal, Juan Ángel Pirker.


Entre todos los flagelos que sufrimos a diario quienes trabajamos en seguridad, debemos mencionar con especial énfasis a los delincuentes conocidos en la jerga popular como “motochorros”. Se trata de tripulantes de motocicletas de diversa cilindrada que, en compañía de otro delincuente, aprovechan cualquier circunstancia para efectuar robos con absoluta y total violencia contra transeúntes o personas que viajan en vehículos particulares o taxis.

El modus operandi de estos sujetos es arrancar la cartera de una mujer que sale de su casa a trabajar o a realizar una compra, aunque también son víctimas de estos delincuentes los hombres que llevan un celular en sus manos o una cartera colgando.

Pero existe otro tipo de estrategia delictiva, que funciona a partir de un entregador. En esta modalidad suelen registrarse hechos aún más violentos que se originan en el momento en que una persona retira una suma importante de dinero de un banco u otra entidad crediticia. Aquí normalmente los delincuentes no detienen su accionar hasta lograr el objetivo.

En el primer caso, a veces la resistencia por parte de la víctima hace que los motochorros desistan de su objetivo, aunque son pocas las veces en las que se logra evitar el robo, ya que suelen utilizar algún tipo de armas para perpetrarlo.

Los que trabajan a la pesca o al voleo, como comúnmente se dice, observan que alguna cartera o portafolios viaje en el asiento del acompañante, para entonces destrozar el vidrio y llevarse el botín aprovechando un embotellamiento de tránsito, y así huir con la moto a toda velocidad zigzagueando por entre los automóviles detenidos.

Claro está que cualquier objeto les viene bien, pero los teléfonos celulares suelen ser uno de los bocados más apetecibles para estos malvivientes.

Hasta aquí los hechos que evidentemente todos tenemos conocimiento por su permanente repetición en distintos puntos de la Ciudad y el conurbano, pero ¿Qué se ha hecho hasta ahora para prevenirlos y evitarlos? La respuesta es nada, absolutamente nada.

En otros países que también sufren este flagelo, incluso en forma mucho más grave -como Colombia, donde en las motos viajan sicarios asesinos– se les exige que en el chaleco del conductor y en el del acompañante, lleven en forma muy visible la chapa patente impresa del vehículo que conducen para poder ser identificados. Otra de las medidas adoptadas es que, en horas pico, se prohíbe la circulación de motos con dos personas a bordo, incluso se solicita la habilitación de un registro donde figure el nombre de las empresas en las que prestan servicio, con los números de chapa patente que pertenecen a cada firma y con el logo en los chalecos, todo con el fin de identificar quién realmente trabaja y quién no lo hace y se dedica al delito. Otra forma sería la utilización de distintos colores de chaleco para cada día de la semana.

No obstante, lamentablemente no se tomó ninguna medida y el flagelo sigue y goza de buena salud. Solamente en la Provincia de Buenos Aires se les exige el número de patente en el chaleco de los motoqueros, pero no se controla prácticamente nada.

Ante esa pasividad de las autoridades, bien vale tener en cuenta algunos consejos que ayudarán a evitar estos hechos que vienen recrudeciendo día a día:

No llevar a la vista en los automotores ningún objeto de valor (teléfonos celulares, computadoras, bolsos, carteras, etc.). Es conveniente llevarlos en el baúl o debajo del asiento donde no se perciban desde el exterior. Otra buena medida es polarizar los vidrios con material antichoque o golpe, lo que evita en muchos casos la rotura del vidrio de la ventanilla.

Opciones a tener en cuenta ante un vacío legal que nos obliga a correr detrás de los hechos. Hasta la próxima.



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