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** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 182 **
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VIVIR Y MORIR POR LOS HUMILDES


Símbolo fraterno. Una abuela y su nieto junto al cartel grabado en madera que intenta colaborar con la búsqueda de tantos pequeños apropiados durante la dictadura

22/05/2018


Jornada homenaje en el 44º aniversario del asesinato del Padre Carlos Mugica


El 11 de mayo de 1974 el frío se había apoderado de la ciudad. A las 20.15, cuando el Padre Carlos Múgica se retiraba de la iglesia San Francisco Solano, ubicada en Zelada 4771, el termómetro rozaba apenas los 8 grados. Hacía unos minutos había terminado de celebrar misa y se disponía a subir a su Renault 4 azul, estacionado en la puerta de la iglesia. No alcanzó a dar un par de pasos en la vereda cuando fue tiroteado a quemarropa por el ex subcomisario Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la lopezreguista Triple A. Sangrante y malherido, fue trasladado de urgencia a la guardia del viejo hospital Salaberry, de Alberdi y Pilar, donde murió a las pocas horas.

A 44 años de su asesinato, el viernes 11 de mayo último, vecinos y organizaciones sociales y políticas de la Comuna 9 llevaron a cabo la habitual jornada de homenaje anual a la figura de quien fuera conocido como el “cura de los humildes”. Con su espíritu militante y su voluntad de reivindicación de los sectores más postergados, Mugica intentó por aquellos años marcar el camino hacia una Argentina justa, libre y soberana. Tiempo más tarde, con el retorno de la democracia, la figura de Mugica se convirtió en un emblema para diversas agrupaciones sociales de la zona, pero desde hace once años, esa necesidad de mantener vigente su legado, se cristalizó en la denominada “Comisión de Homenaje Permanente por el Padre Carlos Mugica”, que nuclea a diversas entidades culturales, religiosas y políticas locales.

Por eso, como cada año, la jornada se desarrolló en la plaza Salaberry, de Juan B. Alberdi y Pilar, predio donde por entonces se ubicara el histórico hospital de Mataderos. Allí, en torno a la placa que recuerda a Mugica, la Comisión convocó a un centenar de vecinos para homenajear una vez más la figura del sacerdote que fuera un emblema de la Villa 31 de Retiro.

El acto se inició a las 18.30 con la proyección en pantalla gigante de cortos documentales que recrean la vida de Mugica, y posteriormente brindaron su testimonio compañeros, amigos y vecinos, que compartieron la labor pastoral con el recordado Padre Carlos o siguieron su ejemplo. Entre ellos, se destacaron las palabras de los militantes locales Lorena Crespo y Alberto Espiño, ambos integrantes de la Comisión de Homenaje. “El Padre Carlos Mugica es, sin dudas, uno de los íconos más emblemáticos de toda una generación que luchó y militó de diversas maneras en momentos muy duros de la Argentina, por la recuperación democrática, en contra de la proscripción del peronismo y buscando la justicia social. Mugica encarna como pocos, el compromiso del trabajo social, religioso y político de jóvenes que vivieron una época en Latinoamérica, marcada por la revolución cubana y por la conformación de sectores políticos, que buscaban profundizar fuertemente esos cambios sociales y políticos”, sostuvo Espiño, militante de Confluencia Comunal y conductor del ciclo radial “Comunas un desafío”, que se emite los sábado a las 14 por AM 690. Luego fue el turno del actor oriundo de Liniers –y actual vecino de Villa Luro- Raúl Rizzo, quien también evocó con nostalgia la figura del sacerdote asesinado en 1974.

Posteriormente, a las 20 partió la tradicional marcha de antorchas, que volvió a unir las veinte cuadras que separan la plaza Salaberry de la parroquia San Francisco Solano, de Zelada y Homero. Allí se celebró luego la santa misa oficiada por los Curas Villeros en Opción por los Pobres. “Los que luchamos por la vida, la paz y la justicia, sentimos la necesidad cada año de tener el gesto que nace de la memoria en reconocimiento a la vida, testimonio y martirio de Carlos Mugica”, expresaron.


Una vida, una lucha


Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe nació en Buenos Aires el 7 de octubre de 1930 en el seno de una familia de clase alta y numerosa. Egresado del Colegio Nacional Buenos Aires y a poco de iniciar la carrera de Derecho en la UBA, el joven Carlos Mugica viajó a Europa con amigos y sacerdotes y fue allí cuando comenzó a madurar su vocación religiosa, que definiría a los 21 años.

Desde entonces se sintió atraído por el Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo, por el accionar del Che Guevara, por Camilo Torres, por Mao Tse Tung y por el peronismo de izquierda (Montoneros). Ya conocía de este movimiento a Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, con quienes había participado en 1966 de una misión rural en Santa Fe. Pero a comienzos de la década del 70, al mantener profundas diferencias con las acciones violentas de la guerilla armada, se distanció de ellos y expresó públicamente “como dice la Biblia, hay que dejar las armas para empuñar los arados”.

Sin embargo, esta relación le sirvió para tomar el camino de la lucha y el compromiso social con los sectores más humildes de la sociedad. Habiendo conocido personalmente por esos tiempos a Juan Domingo Perón durante su exilio en España, a su regreso decidió colaborar y luego militar en el “equipo internillas”, ejerciendo su vocación religiosa en la Parroquia Cristo Obrero, de la Villa 31 de Retiro. A la par, desde la Cátedra de Teología en la Universidad de El Salvador y en las facultades de Ciencias Económicas y Derecho, pudo expresar sus claras ideas a favor de los más desposeídos.

Pero sus homilías, como las de todos los sacerdotes tercermundistas, eran grabadas por los servicios de inteligencia, pese a lo cual no renunció a su comprometido sacerdocio. Su último cargo público fue el de asesor del Ministerio de Bienestar Social del gobierno de Héctor Cámpora en 1973, al que renunció por discrepancias con el ministro José López Rega. “Me voy porque el ministro no cumplió con las promesas a mis hermanos villeros”, puntualizó Mugica, en lo que para algunos fue algo así como firmar su sentencia de muerte.

A partir de ese momento comenzó a circular entre sus colaboradores que la Triple A -que respondía a López Rega- lo mandaría matar, incrementándose las amenazas de muerte que tristemente se concretaron el 11 de mayo de 1974.

Sus restos descansan hoy en la parroquia de la Villa 31 de Retiro -el territorio que eligió para vivir y predicar- donde el espíritu del cura obrero habita en el corazón de la gente. Además, desde octubre de 2015, un monumento recuerda su figura en la esquina de 9 de Julio y Arroyo, a pocas cuadras de la casa donde naciera el “mártir de los pobres”.





POR LOS VECINOS DESAPARECIDOS DE LINIERS, MATADEROS Y VILLA LURO


Como cada año, el sábado 12 de mayo se vivió una nueva jornada homenaje en recuerdo a las víctimas locales del terrorismo de Estado, desatado durante la última dictadura militar. El acto, organizado por la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Liniers, Mataderos y Villa Luro, se llevó a cabo como es habitual en la plaza de Isidora –anexo de la Martín de Irigoyen- de Larrazábal y Caaguazú, y convocó a una gran cantidad de vecinos que se acercó a compartir una tarde plagada de vivencias y emociones.

Con un sol tibio que no quiso estar ausente, se alternaron sobre el escenario números musicales y palabras de bienvenida, para presentar luego la bandera de la Comisión, que incluye los nombres de los 87 vecinos desaparecidos y asesinados durante los sangrientos años de plomo.

Poco después, la emoción se hizo carne en los presentes, con la ya tradicional plantación de un árbol en homenaje a los vecinos que ya no están, seguida de la suelta de globos multicolores, que no tardaron en ganar altura en un cielo estallado en celeste.

Sobre el final de esta vigésima segunda edición del encuentro, el discurso de cierre, la mención –seguida del tradicional “Presente”- de los 87 vecinos desaparecidos y asesinados que se recuerdan en la placa ubicada en la esquina noroeste de la plaza Martín Irigoyen, fue el corolario de una jornada donde la memoria volvió a calar hondo en el barrio. Para entonces, el sol ya se había perdido tras el horizonte, pero las historias de aquellos que hoy ya no están se mantenían más vivas que nunca.


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CONCLUYERON LAS OBRAS PARA TERMINAR CON LAS INUNDACIONES EN LINIERS


Me contaron que bajo el asfalto. Esta importante obra viene a ponerle fin a un histórico reclamo de los vecinos de Yerbal y Urdaneta que, en ocasiones, debieron soportar un metro de agua en sus casas.

09/04/2018


Los nuevos ramales subterráneos triplican la capacidad de escurrimiento de agua


A fines de marzo finalizó la construcción del denominado “Ramal Caaguazú”, perteneciente a la cuenca del arroyo Cildáñez. Esta importante obra permite triplicar la capacidad de escurrimiento del agua, disminuyendo al máximo el riesgo de inundaciones en diversas zonas de Liniers y Villa Luro.

Este ramal consta de dos conductos: el primero comienza en la esquina de Caaguazú y Oliden, recorriendo en forma subterránea las calles Caaguazú y Ramón Falcón; mientras que el segundo se inicia en la esquina de Yerbal y Risso Patrón, recorriendo por debajo las calles Yerbal y Urdaneta, hasta empalmar esta última con la avenida Rivadavia.

El costo total de la obra fue cercano a los 70 millones de pesos, y la empresa contratista encargada de su realización fue la UTE compuesta por Construere Ingeniería s.a. y SES s.a.

El Ramal Caaguazú es uno de los 21 ramales previstos en el Plan Director de Ordenamiento Hidráulico de la Ciudad de Buenos Aires y su actualización “Proyecto Ejecutivo para Varias Cuencas de la CABA y Estudios Complementario del Riachuelo”, para la Cuenca del Arroyo Cildáñez. Durante la actualización del Plan, los ingenieros revisaron la modelación en sus aspectos topológicos y se consideraron los parámetros hidrológicos, agregando a las precipitaciones de diseño los datos de precipitaciones registradas con posterioridad a la finalización del Plan.

Según se informó desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, el Ramal Caaguazú aliviará las inundaciones registradas en la subcuenca, dadas por la descarga del conducto existente, en las calles Caaguazú, Oliden, Tonelero, Pola y Rivadavia. Pero además, se ha previsto un refuerzo entre Caaguazú y Oliden, y Falcón y Basualdo que alivia al conducto ya existente desde Caaguazú y Oliden aguas abajo, dejando capacidad para atender las inundaciones en la complicada esquina de Yerbal y Urdaneta, considerada la más baja de la zona, y la que más inundaciones ha sufrido en los últimos diez años. En algunos casos, incluso, los vecinos de la zona han tenido que convivir con más de un metro de agua en sus casas.

Además, en su recorrido, los nuevos conductos incluyen bocas de acceso y de registro.


Detalles de la obra


El primero de los tramos del Ramal Caaguazú es el que se extiende por esa calle entre Oliden y Miralla. Este conducto está dispuesto en formato rectangular, de 2 metros de ancho por 2 de alto (medidas internas) y comienza empalmando con un conducto circular de 1,90 metros con traza sobre la calle Oliden. El nuevo conducto se dispuso con traza por la semicalzada noroeste, evitando la interferencia de la cañería cloacal situada en el centro de la calzada y la cañería de agua, ubicada en la semicalzada sur.

Otro de los tramos corre por debajo de Ramón Falcón, entre Miralla y Basualdo. Justo en la esquina de Miralla y Ramón Falcón el nuevo conducto describe una curva para tomar por esta última calle hacia el este. Está ubicado debajo del cantero central de Ramón Falcón y en la intersección con Corvalán, el nuevo conducto se empalma con un conducto pluvial existente de sección circular de 1,30 metros de diámetro, para terminar su recorrido en la esquina de Ramón Falcón y Basualdo, empalmando con un conducto pluvial existente de 5,80 metros de diámetro.

El tercer tramo corre por debajo de Yerbal, entre Risso Patrón y Urdaneta: Este conducto es de sección circular de 1 metro de diámetro, y comienza con una nueva boca de registro en la esquina Risso Patrón y Yerbal, con traza sobre la semicalzada norte de esta última calle. Ya en la esquina de Yerbal y Urdaneta se ubica una boca de registro donde cambia de sección a una circular de 1,20 metros de diámetro y continua por la calle Urdaneta.

Finalmente, en Urdaneta entre Yerbal y Rivadavia se ubica el último tramo, constituido por un conducto circular de 1,20 metro de diámetro que continúa por Urdaneta con traza por la semicalzada oeste. En la esquina de Urdaneta y Rivadavia se construyó una nueva boca de registro a partir de la cual el nuevo conducto cruza en diagonal la avenida Rivadavia, empalmando con el conducto pluvial existente, de 2,30 metros de diámetro.

Como se recordará, esta obra se puso en marcha en septiembre de 2016 y en la actualidad, tras poco más de un año y medio de labor, sólo resta que los operarios concluyan algunos detalles en superficie, para luego proceder a desmontar el obrador, que desde entonces ocupa un importante espacio de la plaza Isidora, de Larrazábal y Caaguazú.

Esta importante obra viene a ponerle fin a un histórico reclamo de los vecinos de Liniers, que desde hace una década venían solicitando la instalación de estos conductos pluviales, que les permitan finalmente evitar encomendarse al supremo cada vez que el cielo presagia una tormenta.


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LINIERS, UN BARRIO PARTIDO AL MEDIO POR LAS VÍAS DEL FERROCARRIL


Alcen la barrera. El paso a nivel de Cuzco suele estar clausurado

gran parte del día. Cuando funciona cuesta coordinar

la barrera con el semáforo.

22/04/2018


Desmantelado el histórico puente peatonal que las atravesaba, la dilatada obra del soterramiento se transforma en la última esperanza

Por Ignacio Messina (*)


Liniers va cambiando, ya no están los manteros, el centro comercial tiene otra fisonomía, los cines dejaron paso a las galerías - la nueva y la vieja, o la chica y la grande, como la llaman algunos veteranos - el mercado dio paso al shopping, varios de los nuevos vecinos ya no son los comerciantes de antaño, y el barrio en su conjunto parece querer reinventarse día a día. Y en ese devenir constante, los prometidos proyectos de mejoras se dilatan en el tiempo, como el de la Estación Liniers, que tras largos meses de obra aun no tiene una fecha estimada para verla terminada.

Justamente de eso quería hablar. El histórico puente peatonal, ese hito fundacional que durante tantos años observamos y transitamos, ya ha casi desaparecido. Sólo queda una parte que sobre el sector que da hacia la avenida Rivadavia, como un triste mojón del recuerdo.

Tampoco están las boleterías con sus boletos de cartón, el andén lechero sobre Rivadavia, el puesto de venta de diarios y revistas que apurábamos a observar antes de subir al tren, la oficina de la policía ferroviaria, la librería con sus títulos impactantes, ni tampoco los horarios en aquella vieja cartelera para la información de los parroquianos.

El barrio fue evolucionando y durante mucho tiempo los trabajos y reclamos de los vecinos, recibieron promesas incumplidas. Pero Liniers, como ya lo mencioné en otras oportunidades, es hijo dilecto del ferrocarril, pues su llegada desde Tolosa a estos pagos posibilitó que se afincaran aquí nuevas familias y así se fuera conformando nuestro querido barrio de frontera.

Claro que así como el ferrocarril trajo adelantos, sus vías se constituyeron en una especie de cordillera que ha dividido en dos al barrio y sus vecinos, de un lado “los del Norte” y hacia el otro “los del Sur”, además de causar innumerables accidentes, perdidas de vidas y trastornos de todo tipo.

Aquella lucha por intentar unirnos es de vieja data y arranca casi desde nuestros orígenes. Allá por los años 20’, un grupo de vecinos y las pioneras entidades de servicios comenzaron la pelea. Tuvieron que pasar nueve años para ganar la primera y única batalla. Así, el domingo 20 de octubre de 1929, durante la segunda presidencia de Hipólito Irigoyen, fue librado al servicio público el puente de la Estación Liniers, que serviría de acceso a la misma, por el lado Este del andén. Diez días después, el periódico zonal “El Comentario” tituló en su portada: “Fue inaugurado el puente de la Estación Liniers. La importante obra llena una sentida necesidad de los pasajeros del ferrocarril y vecindario en general”.

Con ésta obra se cumplía una antigua aspiración del vecindario y se resolvía un problema de comodidad para los numerosos pasajeros que utilizan el servicio. Hasta entonces, quienes venían del Este debían realizar un rodeo de más de 200 metros. Por el lado Norte del vecindario, los pasajeros no tenían acceso a la zona Sur, o sea a Rivadavia.

Los principales responsables de aquel adelanto fueron las instituciones de entonces, como La Gironda, Democracia y Progreso, Liniers Norte y Juan Bautista Alberdi, que realizaron todos los esfuerzos y presentaciones ante la empresa de ferrocarril y la Municipalidad hasta obtener el resultado esperado. La obra del puente –que cubría una extensión de 90 metros de largo por 3 de ancho- tuvo un costo de 108 mil pesos, según informaron los representantes de la empresa.

Desde entonces, intensas han sido las tratativas de vecinos e instituciones barriales para obtener una solución al problema de unir el norte y el sur del barrio. Mencionaremos apenas dos de ellas.

A instancias de la Corporación Sarmiento, presidida por entonces por el profesor Conde, el domingo 20 de abril de 1969, bajo el lema “Pro Calles Subterráneas”, fue convocado más de un centenar de representantes de instituciones y personalidades del barrio. Asistieron entre otros, los ingenieros Carlos Theiler y Juan Segarra de SEGBA; el presidente del Club Liniers, Alberto Baldasarre; el secretario de la Corporación Sarmiento, Luis Almirall; el presidente del Club de Leones de Liniers, Rodolfo Ortiz Maldonado; el presidente de la Sociedad Cosmopolita, Antonio Gilabert, el representante de la Cooperativa el Puente de Liniers, Juan Carlos Abello; y el señor Víctor González, representante de Crédito Liniers.

Los artículos publicados en los diarios La Nación, La Razón, La Prensa y Clarín, así lo atestiguan. Decían sus titulares: “Liniers debe ser integrado”, “Liniers y los problemas de los peatones”, “Los vecinos piden la construcción de calles subterráneas”, “Liniers no quiere estar dividido”, etc. etc. Pero pese a las promesas gubernamentales y la difusión conseguida, no se obtuvo ningún resultado.

Años más tarde, en 1986, un proyecto presentado por un equipo de trabajo integrado por los arquitectos Mario Carretón, Andrés Laudani, Raúl Fioressi, Horacio Ravalli y Cristina Solanas, daba una inmejorable solución al problema, pero ni así lo hemos conseguido.

Los tres pasos fronterizos dentro de nuestro ejido resultan por demás insuficientes. Tanto los pasos a nivel de Cuzco y de Barragán, como la vuelta por General Paz, además de los problemas que ocasionan al tránsito, imposibilitan el accionar policial para intervenir ante algún hecho delictivo de los muchos que se producen a diario.

Tal vez, el tantas veces anunciando soterramiento del Sarmiento y el prometido “Corredor verde del Oeste”, vengan a sellar para siempre la vieja grieta geográfica que desde sus inicios parte al medio al barrio de Liniers. Mientras tanto, habrá que seguir lidiando con los vehículos mal estacionados sobre Timoteo Gordillo y el embudo de autos que colapsa la avenida Rivadavia, al intentar cruzar la barrera de Barragán.


(*) Messina es historiador, vecino y enamorado del barrio de Liniers.


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MATADEROS CELEBRA SUS 129 AÑOS


Testigo mudo. El emblemático monumento al Resero (Obra de Emilio Sarniguet) ubicado en Lisandro de la Torre y avenida de los Corrales, lleva 84 años custodiando el barrio.

17/04/2018


Vecinos, estudiantes e instituciones vuelven a reafirman su sentido de pertenencia barrial


Para muchos, el barrio -con sus virtudes y defectos- es su lugar en el mundo, el sitio en el que la geografía de sus calles y edificios se confunde con la vida misma. Y en esa simbiosis tan mística como natural, fluye el sentido de pertenencia que, en ocasiones, se extiende a lo largo de varias generaciones. La impronta de esos vecinos y su permanente vinculación con las instituciones locales, le dan al barrio ese color único y característico, que lo distingue por sobre cualquier otro.

Tal vez por eso, para todos esos vecinos, el cumpleaños del barrio es algo más que una simple efeméride en el almanaque. Así lo entiende la gente de Mataderos, que volvió a celebrar en comunidad los- en este caso- 129 años del barrio.

El acto central tuvo lugar al cierre de esta edición, el sábado 14 de abril en horas de la mañana, en la tradicional plaza Salaberry, de Juan B. Alberdi y Pilar. Allí, en medio de importante marco de vecinos, luego de procederse al izamiento de la bandera argentina y entonar las estrofas del Himno Nacional, se desarrolló un atractivo espectáculo al aire libre del que participaron el Grupo de Teatro Comunitario “Res o no Res”, y los elencos de danzas tradicionalistas “La Sanalejeña” y “Amigos del Alma”. Además, los vecinos disfrutaron de música en vivo, un singular desfile gaucho y la exposición de cuadros de destacados artistas locales.

Pero los festejos por este nuevo aniversario del barrio se desarrollaron con distintas actividades a lo largo de toda la semana.

El lunes 9 de abril tuvo lugar una interesante visita guiada por los sitios más emblemáticos de esta porción del campo en la Ciudad, con el aporte historiográfico de la museóloga Zulema Cañas. La recorrida se inició en la esquina de Lisandro de la Torre y avenida de los Corrales, y desde allí visitaron luego las instalaciones del Mercado de Hacienda. Tras un desayuno en el histórico Banco de la Nación que funciona en el predio, amenizado con recreación histórica y danzas criollas, le siguieron luego el Museo Criollo de los Corrales, el Bar Oviedo, los murales de valor patrimonial de avenida de los Corrales y Timoteo Gordillo y el Taller de Fileteado porteño de Memo Caviglia, para finalizar en el Polideportivo del club Nueva Chicago, de Lisandro de la Torre y Tandil. Allí mismo, Zulema Cañas brindó el martes 10 en horas de la tarde, una pormenorizada charla sobre la historia del barrio.

El polideportivo fue sede además de la charla ofrecida el miércoles 11 de abril por el profesor en musicoterapia Horacio Cárdenas, titulada “Tango y barrio”, que contó además con la participación musical del cuerpo de baile de la Escuela de Danzas N° 1 “Nelly Ramicone” y del profesor Mario Lazo Toledo, quien expuso fotografías del barrio Los Perales.

El jueves 12 fue dedicado a los alumnos de diversas escuelas de la zona (5, 11 y 14 del Distrito Escolar 20) quienes acompañados por sus docentes recorrieron las instalaciones del Museo Criollo de los Corrales y el entorno de la recova mataderense. Allí, el profesor Orlando Falco les brindó una charla sobre la historia del monumento y la figura del resero y luego los alumnos realizaron representaciones plásticas alusivas.

Por último, el viernes 13 de abril el Museo Criollo de los Corrales volvió a abrir gratuitamente sus puertas para invitar a los vecinos a disfrutar de la muestra del artista plástico local, discípulo de Castagnino, Ricardo Micó.

Todas estas actividades contaron con la organización mancomunada del Departamento de Cultura y Educación del Club Atlético Nueva Chicago, el Foro de la Memoria de Mataderos, el Museo Criollo de los Corrales, el Grupo de teatro Comunitario “Res o no Res”, la Biblioteca de Artes Visuales “Alberto Breccia”, el Fortín de Celia Rocha, la Junta de Estudios Históricos de Mataderos y el Taller de Filete Porteño de Memo Caviglia. En síntesis, un conjunto de voluntades con el amor al barrio como común denominador.


Un poco de historia


El 14 de abril de 1889 se colocó la piedra fundamental de los nuevos mataderos, que desplazarían de esa forma a los tradicionales Corrales Viejos, ubicados en Parque de los Patricios. Fue alrededor de aquellas instalaciones -que se inaugurarían recién once años más tarde- donde comenzó a formarse el barrio, cuya población vivía de la nueva fuente de trabajo allí instalada.

Por entonces, Mataderos era Nueva Chicago, denominación que aludía a la ciudad norteamericana caracterizada por la industria de la carne. Tal vez por eso, el tumultuoso arroyo Cildáñez se ganó por años el apodo de “el arroyo de la sangre”, pues hacia él derivaban los desperdicios de la industria carnicera.

Hoy, en pleno siglo XXI, con el Cildáñez entubado y cientos de historias como señal de identidad, el barrio gaucho porteño celebra su 129° aniversario. Y aunque el paso del tiempo reformulara en parte su paisaje mixto, bañado por campo y ciudad, sus vecinos siguen enorgulleciéndose como entonces al llevar las tradiciones de Mataderos a flor de piel.



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