Warning: session_start() [function.session-start]: Cannot send session cookie - headers already sent by (output started at /home/cosasweb/public_html/noticia.php:1) in /home/cosasweb/public_html/noticia.php on line 2

Warning: session_start() [function.session-start]: Cannot send session cache limiter - headers already sent (output started at /home/cosasweb/public_html/noticia.php:1) in /home/cosasweb/public_html/noticia.php on line 2
** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 179 **
  Inicio   Editorial  Justicia  Comunidad  Sociedad  Educación Contacto Javascript DHTML Drop Down Menu Powered by dhtml-menu-builder.com



Publicite Aquí

EL VINO, SU MISTERIO Y LA POESÍA


19/12/2017


El mágico elixir que desde tiempos remotos ha inspirado la pluma de grandes poetas

Por Pericles


“In vino veritas… (en el vino está la verdad)”, decía Caius Plinius Secundus, conocido como “Plinio el Viejo”, ese naturalista y escritor latino del siglo I d. C. El elogio del vino forma parte de la cultura de los pueblos desde la más remota antigüedad, en toda la cuenca del Mediterráneo, en el centro y el norte de Europa y en Asia Menor. El vino asumió no sólo características propias en cuanto a las costumbres en épocas anteriores a la Grecia clásica, sino que estuvo permanente asociada con los mitos y la religión, como los populares festivales celebrados en honor del dios Baco, con danzas, música, canto y las copas que se llenaban una y otra vez en medio del desenfreno y la lujuria. Posteriormente el cristianismo, asociándolo con la sangre de Cristo, llegó inclusive a incorporarlo a su liturgia.

Pero no éste el espacio ni la ocasión de escribir una reseña histórica sobre esta bebida sublime. Sí de celebrarlo, de la mano de poetas, alejados en sus respectivos momentos históricos, pero asociados en su talento para el verso y la imagen lírica.

Aproximadamente en el año 1100 d. C., en la milenaria y remota Persia (actual Irán), se habrían escrito unas mil series de cuatro versos que cantaban a la naturaleza y el ser humano, los deleites del amor y los goces de la vida. ¿Su título? El Rubaiyat (o Rubáiyát). ¿Su autor? Omar ibn Ibrahim Jayyam, más conocido en la cultura occidental como Omar Khayyam. La interpretación mística de los temas en su poesía, contraría enseñanzas islámicas como la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas, pero llegó a ser más popular aún después de que una dinastía gobernante de la época estableciese una religión oficial. Las obras poéticas de Omar Khayyam estaban impregnadas de agnosticismo y audacia, y su calidad formidable las fueron convirtiendo en piedras angulares de la literatura persa, a pesar de la condena de los religiosos ortodoxos en esa época, condena que perdura en los del presente. Pero para Occidente toda la obra de este poeta, astrónomo y matemático, un verdadero genio multifacético al estilo de Leonardo Da Vinci, permaneció en las sombras hasta el siglo XIX. En el mismo siglo en que un irreverente Victor Hugo se animó a decir que “Dios hizo el agua; pero fue el hombre el que hizo el vino”, los escritos de Khayyam son descubiertos por un tal Mr. Cowell en la biblioteca de la Sociedad Asiática de la ciudad india de Calcuta. Y se los remitió a su amigo, el escritor y poeta Edward Fitz Gerald, quien los tradujo al inglés en 1859. Y a partir de ahí se pudo disfrutar de estrofas como ésta:

“Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana,

esfuérzate por ser feliz hoy.

Toma tu cántaro de vino y siéntate a beber a la luz de la luna.

Y bebe pensando en que quizás mañana la luna te busque en vano”.

O como ésta: “Si los amantes del vino y las mujeres van al infierno, vacío debe de estar el paraíso”.

Un viejo conocido de esta columna, el excelso poeta chileno Pablo Neruda nos regala, en su libro “Odas Elementales”, la Oda al vino:

“Vino color de día,

vino color de noche,

vino con pies de púrpura

o sangre de topacio,

vino,

estrellado hijo de la tierra,

vino, liso como una espada de oro,

suave como un desordenado terciopelo,

vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino,

nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre,

coral, gregario eres y, cuando menos, mutuo…

El vino mueve la primavera,

crece como una planta de alegría,

caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.

Oh tú, jarra de vino en el desierto con la hermosa que amo,

dijo el viejo poeta.

Que el cántaro del vino al beso del amor sume su beso.

Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa,

tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera,…

tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija,

y tu amor la cascada de vino inextinguible,

la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida.

Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de la vida,

sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina,

abundancia de flores.

Amo sobre una mesa, cuando se habla,

la luz de una botella de inteligente vino.

Que lo beban,

que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio

o cuchara de púrpura que trabajó el otoño

hasta llenar de vino las vasijas

y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial de su negocio,

a recordar la tierra y sus deberes,

a propagar el cántico del fruto.”

Por hoy, esto es todo. Sólo resta brindar con la copa en alto: ¡Salud!


Enviar a un amigo
 
 
 
   
 
  loading

 
 
 
   
Publicite Aquí
Publicite Aquí
Publicite Aquí
Publicite Aquí
Publicite Aquí

Espacio Público

Todas las novedades sobre nuestros espacios públicos


Seguridad

Toda la información sobre este tema que tanto nos preocupa


Cultura

Agenda de espectáculos y eventos


Breves Comunales

Toda la Información de la comuna


Entretenimiento

Area de distracción y recreamiento


Correo

Cartas Enviadas a Cosas de Barrio


Salud

Salud


Historia

Relatos y Hechos Reales del pasado


Literatura

Breves comentarios literarios


Comercio

Información de la actividad socioeconómica



 
             
 
Publicite Aquí
   
                 
Desarrollado por www.grupodeservicios.com.ar