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RINCÓN DE LETRAS


06/12/2019

El paisaje barrial como disparador de historias


Una vez más le damos lugar a esta sección, dedicada a dar rienda suelta a la creatividad literaria de nuestros lectores. En esta oportunidad incluimos un emocionante relato evocativo, elaborado por Norberto Buffarini, en el que el pasado del barrio se confunde con las luces del progreso, en un singular contraste de afectos.


De esta forma, aquellos lectores que deseen remitir sus escritos literarios a esta redacción –en formato de cuento o poesía- para ser publicados en este espacio, podrán hacerlo vía mail a cdebarrio@hotmail.com o de manera postal a Carhué 723 2º “9” (1408) Ciudad de Bs. As.


El viejo puente de Liniers


En ocasiones, durante mi infancia, era agradable quedarme solo. En especial en las tardes de domingo, cuando iba a la Estación de Liniers y subía al puente peatonal. Desde allí observaba los pálidos rieles que se alejaban tratando de unirse, estoy seguro que lo lograron en algún lugar perdido del horizonte.


Cada tanto, el paso de las formaciones hacía temblar la estructura invadiendo con el ruido de sus motores la paz de la siesta. Mi imaginación volaba a bordo de avioncitos de papel prolijamente armados, que arrojaba desde el puente y que flotaban en el aire cumpliendo con los caprichos de las suaves brisas veraniegas.


Los rayos de sol se reflejaban en los techos de zinc de los galpones y se clavaban como dagas en mis ojos desprevenidos, mientras los hierros de la estructura del puente se enrojecían por el calor, transformándose casi en una jaula volcánica.


Hoy mi barrio cambió, el puente no es el mismo, en pleno verano cuando me paro frente al lugar siento frío. “Es el progreso”, me adoctrino. Pero luego me pregunto ¿Valdrá la pena?


Con los años me hice amigo de los libros, que remplazaron a los avioncitos de papel en mis tardes de verano sobre el puente. La lectura me transportó en el tiempo y el espacio brindándome la posibilidad de conocer lugares ignotos y personajes fantásticos.


Mi lugar predilecto para leer siempre fue el viejo bar de la esquina, ubicado a dos cuadras de casa. Las estoicas paredes guardan en sus oídos las historias de los parroquianos que pasaron por allí, la pintura de la barra homenajeaba al tango, mostrando una pareja dibujando piruetas al compás de acordes que el viento se robó hace mucho tiempo, y las puertas de los baños estaban decoradas con siluetas multicolor vestidas con trajes del pasado. Hoy, el viejo bar fue olvidado, su estructura reciclada dio paso a un supermercado exprés, que alimenta el cuerpo pero no el alma.


Luego de largas noches de insomnio invertidas en reflexionar sobre el tema, logré alcanzar una respuesta a mi pregunta. Algo abrumado por los acontecimientos concluí que nuestro efímero paso por la Tierra no nos otorga el poder de apropiarnos de nada, no podemos frenar los cambios que benefician a los demás amparándonos en la melancolía del pasado. Nuestras historias de vida sólo perdurarán gracias al recuerdo de familiares y amigos.


Por eso, ni el destino del viejo puente ni la desaparición del bar, borraron mis recuerdos, pero me provocan una sensación de tristeza que no puedo evitar. Trato de reconfortarme pensando en el progreso como sinónimo de evolución, pero debemos ser cuidadosos de no provocar conflictos que avasallen el propio patrimonio histórico o cultural y concederle cierto tiempo de adaptación que permita modificar las conductas de quienes están involucrados.


Ahora, como alguna vez lo hizo mi padre, me toca a mí levantar la vista para imaginar el camino. El futuro tiene la virtud de transformarse en el combustible necesario para seguir, por eso debemos acunarlo en sueños para que vaya creciendo asimilado a nuestros deseos hasta que llegue su momento.


Por lo pronto, buscaré esperanzado un lugar donde poner a volar mis ilusiones a bordo de avioncitos de papel, como lo hacía cuando era niño.


Norberto Buffarini

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RINCÓN DE LETRAS

03/1/2020

El paisaje barrial como disparador de historias


Una vez más le damos lugar a esta sección, dedicada a dar rienda suelta a la creatividad literaria de nuestros lectores. En esta oportunidad incluimos un emocionante relato, elaborado por Inés Lucía Vendramín, en el que los sueños milagrosos de la Navidad se confunden con la geografía barrial.

De esta forma, aquellos lectores que deseen remitir sus escritos literarios a esta redacción –en formato de cuento o poesía- para ser publicados en este espacio, podrán hacerlo vía mail a cdebarrio@hotmail.com o de manera postal a Carhué 723 2º “9” (1408) Ciudad de Bs. As.


La Navidad de los tristes


Las luminarias, borrosas por la neblina, daban una luz apagada y triste a esa calle solitaria perdida en el corazón del barrio. A lo lejos estallaban cientos de lucecitas multicolores que alborotaban o inquietaban a los perros vagabundos.

Hacía pocos minutos que una llamada alertaba sobre un posible terrorista. El comisario hizo una curva peligrosa a toda velocidad y paró frente a un edificio: Bajó del patrullero y miró hacia el escondite, donde, agazapado, se encontraba un individuo al que apenas se lo vislumbraba detrás de las cortinas de una ventana.

Era Nochebuena. Le resultaba triste y tedioso ocuparse de esta tarea. Pensó que aún no había envuelto el tejido polar que había comprado para su esposa. Confiaba haber dado con la talla correcta. Quería demostrarle su amor y aligerarla de un dolor incurable.

“… Aquella Nochebuena, caminábamos los tres abrazados por una calle tan solitaria como ésta, cuando salió al cruce el asesino y su puñal se hundió en nuestro hijo y en la felicidad para siempre…”

El individuo estaba solo. El comisario recordó que ya casi era Navidad y sin brusquedad, pero con la firmeza y autoridad de su rango, le pidió que bajara por el ascensor. Podía confiar, no lo castigaría.

Cuando estuvo frente a él un muchachito, todavía adolescente, brillantes los ojos afiebrados, temblando aterrado, el comisario se enterneció. Reprimiendo su deseo de abrazarlo, le dijo: “la cena está servida, vamos pronto que se enfría”.


Inés Lucía Vendramín


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