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** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 173 **
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UN ENCUENTRO INELUDIBLE PARA LOS BUCEADORES DEL PASADO PORTEÑO


Café con aroma de mujer. La Prof. Ana María Sanchís, vocal de la Junta de Estudios Históricos de Liniers, coordinó el café literario referido a “Buenos Aires y sus barrios”, que contó con una numerosa concurrencia.

24/06/2017


Se llevó a cabo la 11ª edición de la Feria y Exposición del Libro de Historia de Buenos Aires


Entre el 8 y el 15 de junio la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires llevó a cabo la 11ª edición de la “Feria del Libro de Historia de Buenos Aires”, que en esta oportunidad tuvo lugar en la sede del Club del Progreso (Sarmiento 1334) una decana entidad, creada el 1° de mayo de 1852, considerada el club más antiguo de Sudamérica y uno de los más tradicionales de Argentina. Como en anteriores ediciones, la Feria, organizada en el marco de la celebración del Día del Vecino con entrada libre y gratuita, incluyó presentaciones de libros, conferencias, proyección de audiovisuales, café literario, rincón de la lectura, y números artísticos, entre otras actividades.

Así, durante la jornada inaugural y luego del acto oficial de apertura tuvo lugar una disertación sobre “Los primeros poemas sanmartinianos”, a cargo de la Dra. Olga Fernández Latour, y posteriormente, la profesora Ana María Sanchís (vocal titular de la Junta de Estudios Históricos de Liniers y dueña de numerosos premios literarios tanto en Argentina como en el exterior) coordinó el tradicional Café Literario “Buenos Aires y sus barrios” –que se repitió el domingo 11- el mismo que en ediciones anteriores estuvo a cargo de la Lic. Mabel Albornoz, secretaria de la Junta local.

Durante el resto de las jornadas de la Feria se ofrecieron diversas charlas y disertaciones, como la que ofreció Tomás Merino sobre las “Campañas de Guillermo Brown e Hipólito Bouchard al Pacifico” o el Lic. Roberto Jorge Martínez, referida a “Jorge Newbery, arquetipo del porteño”. Por su parte, el Dr. Guillermo Lascano Quintana se refirió a la rica historia del Club del Progreso, mientras que la Prof. Blanca Riccardi y el Lic. Carlos Pesado Palmieri hicieron foco en la figura de Santiago de Liniers.

El sábado 10 de junio el Dr. José Sellés Martínez contó detalles de la emblemática Manzana de las luces, y posteriormente, el Foro de la Memoria de Mataderos presentó el libro “Mataderos y la carne” y amenizó la jornada el cantor surero Alberto Iriart. El lunfardo también se hizo presente de la mano del Dr. Luis Alposta, mientras que el Lic. Diego Barovero y el Arq. Horacio Spinetto, expusieron sobre “Yrigoyen en la cultura. El humor gráfico”.

Las charlas de mayor convocatoria tuvieron lugar en la jornada de cierre, cuando el Arq. Néstor Echevarría se refirió a los “Teatros líricos de Buenos Aires” y a continuación, el Lic. Antonio Las Heras erizó la piel de los presentes con su disertación “Jack el destripador, vivió y murió en Buenos Aires”.

La Feria, que contó con el auspicio de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, volvió a convertirse en una inacabable usina de cultura para mantener vivas las raíces porteñas.



ES LA BANDERA DE LA PATRIA MÍA


El día del fallecimiento de Manuel Belgrano está inexorablemente unido al símbolo que él creó: nuestra bandera. Vale recordar que Belgrano, en 1812, tenía por encargo fortificar las costas del Paraná a la altura del entonces pueblo de Rosario, para dificultar la navegación a los barcos realistas. Allí, con motivo de inaugurarse las baterías Libertad e Independencia, y careciendo de bandera para la ocasión, dispuso la confección de una con los colores de la escarapela, cual reza el documento más significativo en la historia de nuestra bandera:

“Excelentísimo Señor: en este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho la salva en la batería de la Independencia, y queda con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición. He dispuesto para entusiasmar las tropas y estos habitantes, que se formasen todas aquellas, y les hablé en los términos de la nota que acompaño. Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de V.E. Dios guarde a V.E. muchos años. Rosario, 27 de febrero de 1812”.

En otro orden, durante el mes de julio próximo, la Comisión Directiva de la Junta de Estudios Históricos del barrio de Liniers realizará sus habituales reuniones mensuales, el lunes 3 y el sábado 15, en “Lisandro” –único bar histórico que queda en el barrio, que data de 1908- ubicado en Lisandro de la Torre y Ramón Falcón. Vale recordar que las reuniones de la Junta se realizan de marzo a noviembre, el primer lunes de cada mes a las 18.30 y el tercer sábado a las 10. Para mayor información, los interesados podrán contactarse a jtahistorialiniers@yahoo.com.ar o juntadeliniers@gmail.com, como así también mediante la página de Facebook: Facebook.com/Junta Histórica Liniers.



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VEREDAS QUE YO PISÉ

24/06/2017


El significado de los nombres de las calles del barrio


Tal como viene ocurriendo desde hace algunos años, la intención de esta columna es descubrir los diversos nombres de próceres, batallas, ciudades, fragatas, árboles y pájaros que, escondidos tras el nombre de una calle, una cortada o una avenida, recrean a diario los paisajes típicos de nuestro barrio. Inmiscuirse en su origen e investigar el trasfondo del -en principio- frío nombre de una calle, significa estrechar los lazos de afinidad que naturalmente unen a los vecinos con su barrio de pertenencia.

URDANETA: (nombre impuesto por ordenanza del 28 de octubre de 1904) esta calle de sólo 200 metros de extensión, que se ubica entre la avenida Rivadavia y las vías del Ferrocarril Sarmiento, rinde homenaje a Rafael Urdaneta (nacido en 1789 y fallecido en 1845), quien fuera un general y político venezolano que luchó por la independencia; fue además jefe provisional del gobierno de Colombia, de 1830 a 1831.

URIÉN: (denominación impuesta por otra ordenanza del 28 de octubre de 1904) se trata de otra calle con un recorrido de 200 metros, que se extienden entre Tonelero y la colectora de avenida General Paz. Tiene la particularidad de recordar a dos personajes de la historia argentina. Por un lado a Carlos Urién (nacido en 1816 y fallecido en 1893) fue un coronel que actuó en la expedición al desierto de 1833, en el sitio de Buenos Aires en 1852, y en la guerra contra el Paraguay; además de participar en la revolución de 1880. El otro es el padre del anterior, se trata de José María Urién (nacido en 1791 y fallecido 1823) quien fuera un capitán que combatiera durante las Invasiones Inglesas, en Cotagaita, Suipacha y Huaqui. Además, en 1823 participó en el movimiento encabezado por Tagle y fue fusilado por ello.

VALENCIA, TOMÁS: (nombre impuesto por el Decreto N° 209/1945) este es otro de los tantos pasajes cortos que existen en el barrio de Liniers, se ubica entre el pasaje Segundo Iñigo Carreras y la calle Humaitá. Tomás Valencia (cuyo año de nacimiento se desconoce, pero se sabe que falleció en 1806) fue un particular de valerosa actuación que falleció durante la Reconquista de Buenos Aires en 1806. Lejos de este singular personaje, el nombre de esta calle es tradicional en la Ciudad de Buenos Aires, pues entre 1808 y 1822 se denominó “Valencia” a la actual Cochabamba.

En la próxima edición finalizaremos este recorrido didáctico con las calles Viedma y Yerbal, y el pasaje El Zorzal.


Marcelo Petris



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EL MISTERIOSO ENCANTO DE LA PRIMERA BOINA DE LINIERS


28/06/2017


La singular historia de los Gorriarán, una tradicional familia local cuyo emprendimiento fabril fue un emblema del barrio

Por Ignacio Messina (*)


De camino al colegio de Las Nieves donde iba a dejar a mi nieta, pasé por la librería Bac (que funciona en la misma cuadra) a saludar a Liliana Gorriarán y de paso entregarle el ejemplar con la nota de su hermano, que salió publicada en la pasada edición del periódico Cosas de Barrio. Y como tantas otras veces, casi sin proponérnoslo, nos pusimos a charlar sobre aquellas andanzas recreadas en el paisaje barrial, ya que toda su familia es oriunda de Liniers. Pero como no quería que mi nieta llegara tarde al colegio, combinamos en encontrarnos con más tiempo al día siguiente.

Así fue que nos reunirnos y tomamos un café, junto a su hermano Gustavo, en Cosquín y Rivadavia, la misma esquina que en otros tiempos fuera la sede de “El Emporio de la Loza”.

Y como una cosa lleva a la otra, la charla se remontó de pronto a los orígenes de la familia. El abuelo de Liliana y Gustavo era don Severiano, quien llegó a estos pagos proveniente de Castro Urdiales, Ciudad y Municipio costero situado en el norte de España, en la Cantabria. Tenía por entonces apenas 13 años, pero estaba decidido a “hacerse la América”, como se acostumbraba a decir por aquel tiempo. Durante sus primeros años en el país se dedicó a hacer changas y a estudiar, hasta que en 1936 comenzó con la tarea de hilado de manera individual, sin pensar que aquella actividad sería la que lo mantendría ocupado a lo largo de su vida. Tal fue el éxito de aquel emprendimiento, que en 1950 dispuso montar una fábrica textil en Murguiondo 667/675, destinada a la fabricación de ponchos, boinas, fajas para lecheros y toda la ropa necesaria para el hombre de campo.

En los albores de los ’70, la fábrica siguió creciendo y se transformó en una hilandería, que basó su producción en la fabricación de mantas y lanas para tejer. Sin embargo, en 1995, a causa de los estragos del “efecto tequila” y los graves problemas en la importación y la economía del país, la familia se vio obligada a cerrar la fábrica.

Claro que la rica historia de los Gorriarán, no se agota en la hilandería. Algunos años después de arribar al país, el abuelo Severiano se casó con Juliana Arigotti, una joven oriunda de la ciudad de Necochea, al sur de la provincia de Buenos Aires. De esa unión matrimonial nació Carlos Alberto, el único hijo de la pareja, quien a su vez contrajo enlace años más tarde con Beatriz Piñeiro. Ambos son los padres de Liliana y Gustavo, quienes se encargaron de continuaron con la fábrica hasta su cierre definitivo.

Luego sus caminos se bifurcaron: Gustavo con su profesión de contador y su pasión por las letras, y Liliana, con su férrea labor como administrativa.

A Gustavo se le ilumina la cara cuando habla de su querido Liniers, barrio al que volver permanentemente, aunque asegura que “los olores son bien diferentes a los de mi juventud”. Liliana, en cambio, no percibe esa diferencia, tal vez porque no hay un solo día que no transite estas calles. Entonces sacan fotos sepia de aquellos años felices. En una de ellas se observa la boina histórica que Severino trajo en su viaje al país, en otra abundan los rostros de felicidad en una comida familiar de algún fin de año, y unas cuantas los muestran a ellos mismos, cuando comenzaban a transitar juntos este paseo por la vida.

Y cuando el barrio está presente en cada recuerdo, resulta difícil no evocar aquella geografía de antaño, con sus paisajes, sus comercios y sus personajes inolvidables. Así aparecen en la charla la evocación de La Martona de Carhué, La feria de Liniers, El Mercado de Liniers, las calles de tierra y las acequias de Cossio, el bar de Navarrita, el lechero, La Alemana, Guereño, Robin’s, y tantos otros mojones de la inacabable historia barrial linierense.

Y es que sus vidas se nutren de un pasado que se agiganta con el paso del tiempo, y que instintivamente transmiten a las nuevas generaciones. Los herederos de tamaño legado son los hijas de Liliana: Noel, Jimena y Bárbara (y sus nietos Emily, Juan y Malena) y los de Gustavo: Fernanda, Victoria y Javier (y sus nietos Ignacio, Bautista y Olivia). Casi como en un extraño sortilegio, a todos ellos parece calzarle a la perfección la vieja boina de Severiano…


(*) Messina es historiador, vecino y enamorado del barrio de Liniers.


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EL SINGULAR ENCANTO DEL CAFÉ DE LA ESQUINA

22/06/2017


Cuando el recuerdo del Liniers de antaño aparece sin pedir permiso

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)


Días pasados, cuando un amigo comentaba y recomendaba un restaurante en el barrio, de inmediato se encendieron mis recuerdos de adolescencia y parte de mi juventud, vividos en esa misma esquina, tan cercana a mi casa.

En efecto, aquel café bar de la esquina, atravesó muchas etapas en su largo existir, fue restaurant mediodía y noche con televisión incluida, café bar todo el día y hasta tuvo un anexo con un surtido almacén, que con el tiempo cedió su espacio al local principal.

Vaya a saber porqué sortilegio divino, pero la película se proyecta en mi mente como si todo hubiese ocurrido ayer… Los plafones de tubos fluorescentes con luces mortecinas iluminaban el local al caer la tarde, y en el fondo, pegado a los baños, un teléfono público devoraba fichas como un tragamonedas en largas charlas que variaban su tono de acuerdo a quien fuera el interlocutor. En mi caso, diálogos de novios, más edulcorados que salados, o buscando contactos para conseguir trabajo en las épocas de malaria.

Un capítulo aparte merecen sus dueños. Don Marcial Antelo y su esposa, manejaban los destinos del local con gesto adusto y un diálogo justo y preciso. La máquina de café “Oceánica” resoplaba y echaba vapor cual locomotora de antaño. Hasta creo recordar el sabor de aquel café, que no era tan agradable, sino más bien “para salir del paso” o para encuentros breves.

Pero sin dudas aquel bar tenía la magia de todo café de la esquina, con sus “mesas milagrosas de sabiondos y suicidas”, como dice el tango. Era el lugar de largas charlas con mi padrino, contándonos nuestras cuitas entre cafés, medidas de whisky y puchos, ya que todo se conseguía allí, porque además tenía un kiosco.

No fue lugar de citas, de primeros romances o de las actuales y frecuentes reuniones comerciales en cafés y bares. Era sólo eso: un café y bar a secas con sus gastadas sillas thonet y punto, pero tenía el orgullo de ser el café bar del barrio.

Y pasó el tiempo, yo partí de Liniers y aquel café también. Pero esa esquina remozada continúa la tradición gastronómica para la que fue creada y seguramente seguirá siendo así, porque fue, es y será una parte de ese barrio y esa mítica esquina, la de Lisandro de la Torre y Caaguazú. Hasta la próxima.


 (*) Aresse Tomadoni es vecino de Liniers y director general de Radnet Classics, emisora on line en www.radnet.listen2myradio.com



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