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CUANDO EL VECINO ES TESTIGO DEL DEVENIR DE SU BARRIO


Usina de recuerdos. Don Ángel Blasco asegura que la vieja Feria de Liniers, que durante años se ubicó sobre la colectora de General Paz con sus variados productos, tenía una mística especial.

11/5/2019

Don Ángel Blasco atesora cientos de recuerdos de su querido Liniers. Algunos de ellos, los revive en esta nota


Tarde soleada de otoño, de esas ideales para escarbar recuerdos. Por eso me reúno con don Ángel Blasco, que a sus jóvenes 87 años atesora sus vivencias como si el paso del tiempo hubiese sido apenas un detalle. Su casa del pasaje Soldado Miguel Santi, entre Humaitá y Tuyutí, se transforma de pronto en una pantalla imaginaria en el que sus recuerdos de Liniers están listos para comenzar a proyectarse uno detrás de otro.

- ¿Le parece que arranquemos por la feria? - le propongo, mientras nos acercan café.

Entonces se acomoda en silla y los echa a rodar. “La feria de Liniers funcionaba sobre la colectora de General Paz. Los puesteros trabajaban mucho para exponer la mercadería, sin dudas se destacaban las frutas que se exhibían colocadas una a una por manos expertas formando pequeñas pirámides. Sus puestos eran fijos, no rotativos. Era gracioso y ocurrente cuando pregonaban las mercaderías, a pesar de que estaba prohibido”, explica y luego alza la voz para imitar a los puesteros “¡Huevos blancos, huevos colorados, vea qué huevos tengo hoy! ¡Llegaron las bananas de Ecuador!”.

- ¿Y había controles de inspectores de salubridad e higiene?

- Sí, claro. Eran ineludibles, ya que ellos diariamente entregaban la lista de precios de los variados productos. Los precios debían estar colocados bien a la vista, aunque algunos pícaros los volcaban a un costado. Si eran descubiertos, les labraban un acta de comprobación que confeccionaba el inspector de turno, quien luego la elevaba al juez pertinente. Él era el encargado de dictaminar la pena con multa o suspensión de actividad, y, si consideraba una falta muy grave, hasta la baja de la titularidad.

Don Ángel recuerda que las principales clientas eran las vecinas del barrio y de otros barrios linderos. “Algunas se tentaban con las pastas rellenas, que eran únicas, con la especial frescura de la ricota, elaborada en el día para ese menester. Hoy esa mística de la feria todavía se extraña…”, confiesa, y luego, con precisión de especialista, asegura que “los que son de esa época seguramente se acordarán del tomate redondo procedente de La Plata, con su aroma y sabor que ya no se encuentra, las papas negras, especiales para lograr un buen puré, que venían de Balcarce; las papas blancas y alargadas, mendocinas; y las redondas, cordobesas”. Dice que los que despachaban tenían la clásica costumbre de ponderar el producto. “Algunos –agrega- se animaban hasta a indicar cómo utilizarlo para lograr diferentes delicias culinarias”.

Claro que los tiempos han cambiado, y sólo queda la nostalgia de hábitos y costumbres de una era que se fue. Una época de valores simples y sencillos, personalizados incluso entre el vendedor y el comprador, donde los protagonistas eran los variados productos que aportaban los quinteros, que conservaban intacta toda su frescura.

En sus años de productor de radio, don Ángel estudió en detalle la historia del Mercado de Hacienda.

- ¿Qué nos puede contar sobre ese tema?

- A fines del siglo XIX existía cerca de lo que hoy es General Paz y Rivadavia el Camino del Pajonal, que se lo conocía así por las características de la vegetación que lo bordeaba. Por allí se encontraba la mítica pulpería “La Blanqueada”. Ya a la altura de Escalada o Lacarra había otra pulpería, “La Banderita”, en cuyo frente podía leerse: año 1810. Hacia Lugano, frente a lo que era Laboratorios Lepetit, hoy Edesur, en Lisandro de la Torre (antes Tellier) y Roca, se encontraba la hostería y casa de comidas de don Lorenzo Ferros, que poseía corrales con palos enterrados uno al lado del otro (sistema llamado palo a pique), donde la hacienda descansaba y se refrescaba en la gran noria que existía, también se la marcaba. En ese lugar pernoctaban los reseros, mientras el fuego ardía día y noche. En aquellos tiempos ya tenían un lugar para jugar a las bochas y a la pelota a paleta, que hacía más placentera la dura vida de esos hombres, jinetes de gran valía y coraje, demostrado en el cruce de caminos intransitables, con cualquier clima cuando trasladaban la hacienda.

Ahora la película se retrotrae al año 1874. “Las haciendas que paraban en estos lugares –explica don Ángel- posteriormente eran trasladadas a los Mataderos Viejos del Parque de los Patricios, que estaban en las actuales Caseros y La Rioja. Para el traslado de la hacienda, existían pasos o vados en la zona del Riachuelo. Incluso varios historiadores aseguran que por allí pasaron las tropas inglesas durante las invasiones de 1806 y 1807”. Aquel paisaje agreste dominado por el verde, resulta difícil de imaginar en pleno siglo XXI. “También se trasladaban personas de un lado al otro del Riachuelo, existía gente encargada de canoas que ejercía ese servicio en los Pasos de Pedro Salazar, el de los Padres Betlemitas, en el de Burgos, en el Chico y en el Paso de la Capilla de los Remedios. Eran terrenos quebrados con altos y bajos, y se veían gran cantidad de flamencos, garzas, teros, patos, cuervos, perdices, lechuzas. También había liebres, vizcachas, comadrejas, hurones, que creaban un ambiente muy especial con la soledad de los campos, muy similar al paisaje pampeano”, ilustra don Ángel.

Y como para no escaparle a la pregunta, concluye “el primer Matadero se ubicaba en la cercanía de la Plaza del Parque, pasando más tarde a las inmediaciones de la Recoleta. Éste, en 1872, pasó a llamarse Matadero Viejo. Se vuelve a trasladar el 1° de mayo de 1900, llamándose Nuevo Matadero de Liniers. En 1901 quedó oficialmente inaugurado donde funciona actualmente”.

Miro por la ventana y noto que la luna le ganó la pulseada al sol. Es hora de emprender la vuelta a casa. Nos despedimos en un clima de añoranza, que nos hizo bien a los dos.


Josefina Biancofiore


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VEREDAS QUE YO PISÉ


04/5/2019

El significado de los nombres de las calles del barrio


Tal como viene ocurriendo desde hace algunos años, la intención de esta columna es descubrir los diversos nombres de próceres, batallas, ciudades, fragatas, árboles y pájaros que, escondidos tras el nombre de una calle, una cortada o una avenida, recrean a diario los paisajes típicos de nuestro barrio. Inmiscuirse en su origen e investigar el trasfondo del -en principio- frío nombre de una calle, significa estrechar los lazos de afinidad que naturalmente unen a los vecinos con su barrio de pertenencia.

PRIMERA JUNTA: corre en dirección Este – Oeste y se extiende desde la vera del parque Chacabuco, en el barrio homónimo, hasta finalizar en Larraya, al límite entre Mataderos y Villa Lugano. Su nombre fue impuesto por la Ordenanza N° 32.780 de 1976, BM N° 15.200 y hace referencia al primer gobierno patrio, surgido tras la Revolución del 25 de Mayo de 1810.

QUENA, LA: (N-S) se trata de una pequeña cortada de apenas una cuadra de extensión, que corre entre Larraya y Larrazábal, desde el boulevard Remedios hasta Tandil. Su denominación fue impuesta por el Decreto N° 3.869 de 1944, BM N° 7.240. La palabra quena proviene de la voz quechua que designa a la flauta pentatónica, utilizada por los aborígenes para acompañar sus cantos; es el más famoso de los instrumentos musicales originarios de América del Sur.

REMEDIOS: (E-O) esta calle nace en el boulevard Francisco Bilbao, a metros de la avenida Varela, del barrio de Flores; luego se corta en el parque Avellaneda y retoma su recorrido hacia el sur tras la autopista Perito Moreno. Cuando se junta con Lasalle se transforma en boulevard hasta concluir su traza en Murguiondo, al pie del Mercado de Hacienda. Su nombre fue impuesto por la ordenanza del 28 de octubre de 1904. Remedios es un nombre tradicional que se remonta al siglo XVIII, cuando la Hermandad de la Santa Caridad erigió un oratorio consagrado a Nuestra Señora de los Remedios. En 1828, secularizada la Hermandad, don Domingo Olivera adquirió la vieja quinta e instaló en ella su chacra Los Remedios, cuyo núcleo ocupaba lo que es hoy el Parque Avellaneda.

RODÓ, JOSE ENRIQUE: (E-O) esta calle se inicia en Mariano Acosta –Parque Avellaneda- y se extiende hacia el oeste hasta finalizar su recorrido en la avenida General Paz. Su denominación fue impuesta por la ordenanza del 20 de agosto de 1919. José Enrique Camilo Rodó Piñeyro (nacido en 1871 y fallecido en 1917) fue un destacado escritor y político uruguayo. Sus obras señalaron el malestar finisecular hispanoamericano con un estilo refinado y poético, típico del modernismo. Autor de “Ariel”, “Motivos de Proteo” y “El mirador de Próspero”, entre otras obras. Fue además el creador del arielismo, corriente ideológica basada en un aprecio de la tradición grecolatina.


Marcelo Petris


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LINIERS, ENTRE EL BARRIO Y EL ARRABAL CON PERFUME DE FRONTERA


Ayer en Liniers, hoy en Ciudadela. Los históricos cuarteles del Ejército –inaugurados a comienzos del siglo XX y donde hoy funciona un museo- pertenecieron durante años a la extensa geografía linierense.

10/5/2019

La Junta de Estudios Históricos de Liniers le pone luz al pasado linierense


Según la Real Academia Española (RAE) el término “barrio” proviene del árabe hispánico “barri”, que significa exterior, y éste, a su vez del árabe clásico “barri”, que quiere decir salvaje. Un barrio es, en definitiva, “cada una de las partes en las que se dividen los pueblos y ciudades o distritos”. También RAE explica que “arrabal” es el barrio fuera del recinto de una población. Por ese motivo encontramos que en ciudades antiguas el barrio está dentro del recinto fortificado, de allí que su origen puede ser una decisión administrativa (en cuyo caso equivale a un distrito), una iniciativa urbanística o, simplemente, un sentido común de pertenencia de sus habitantes basado en la proximidad, con un rasgo identitario.

Liniers, aunque perteneciente a la ciudad, ha sido y es barrio y arrabal. Ha sido arrabal, pedazo de pampa, integrado como paraje donde se cruzan los caminos, pero también es encrucijada, justamente por estar en el contorno donde se definió la ciudad: “Liniers de la frontera”, como lo definiera alguna vez el Dr. Eduardo M. Favier Dubois. Y eso no es todo, Liniers es también un barrio “gringo” que guarda entrañables recuerdos de su pasado gaucho.

Vale recordar que partir del año 1900, comenzó a formarse la “Villa de Liniers” hacia el norte de la Estación. Dentro de este enorme paraje, se ubicaron los nuevos Mataderos. El Camino a los Mataderos -luego calle Liniers, más tarde Tellier y hoy Lisandro de la Torre- fue la primera transversal hacia el sur a partir de la Avda. Rivadavia.

Además, dentro de Liniers se ubicaron, durante el segundo gobierno del Gral. Julio Argentino Roca (1898-1904), los cuarteles de los Regimientos 8º de Caballería y 1º de Artillería del Ejército Argentino. Pero un tiempo antes de su inauguración, los “Cuarteles de Liniers” fueron utilizados como hospital por un brote de peste bubónica, ocurrido en el año 1900. Posteriormente, con el nuevo ordenamiento producido por la federalización de la ciudad de Buenos Aires, los cuarteles quedaron ubicados en Ciudadela Norte y en ellos funciona hoy –desde 1993- el Museo del Ejército Argentino.

Claro que para que un barrio se constituya como tal, resulta imprescindible la interrelación y el intercambio entre sus vecinos. En ese sentido, el surgimiento de instituciones intermedias –sociedades de fomento, clubes, bibliotecas, escuelas, etc.- cobraron una vital importancia, pero también la tenían aquellos emprendimientos donde la cultura y la diversión se congeniaban como atractivo.

El jueves 16 de marzo de 1933 –hace exactamente 86 años- se inauguró el Cine Teatro “Edison”, en Rivadavia 11440, justo frente a la Estación, donde hoy funciona la Galería “Crédito Liniers”. La sala contaba con 1500 localidades y seis palcos, y era contigua al Cine Capitolio, inaugurado seis años antes. Ambos cines pertenecían a la familia Vignoli.

La inauguración oficial de la sala se produjo con la proyección del film “Doble Sacrificio”, protagonizado por el actor John Barrymore. Como era tradicional en aquellos años, donde sólo existía la radio, grandes actores actuaban en estas salas. En la inauguración del Edison y durante cuatro días, se presentó el emblemático actor cómico Florencio Parravicini, acompañado además por la orquesta típica del Roberto Firpo.

Hoy, aquella rara mezcla de arrabal y barrio, le sigue dando a Liniers esa fisonomía tan especial que hizo que muchos de sus vecinos lo definan como su lugar en el mundo.





FINALIZA LA PRESENTACIÓN DE TRABAJOS PARA EL CONCURSO LITERARIO


Una vez más, la Junta de Estudios Históricos de Liniers convoca a los vecinos a participar del nuevo concurso literario, que en esta edición tiene como tema central “El hoy, el ayer y el mañana de mi barrio”. Los trabajos podrán presentarse en dos rubros: Cuento (máximo tres carillas) y Poesía: (máximo treinta versos) y podrán enviarse hasta tres obras por rubro. Habrá cuatro categorías: Menores (de 10 a 12 años), Juveniles (de 13 a 20), Mayores (de 21 a 70) y Galardón de Oro (para mayores de 70 años).

Las obras deberán ser inéditas y elaborarse en hoja A4, en letra Times New Roman o similar tamaño 12, interlineado 1.5, por triplicado y firmadas con seudónimo. Deberán remitirse por correo postal a Concurso Literario “El hoy, el ayer y el mañana de mi barrio” Rivadavia 10903 4º B (1408) Ciudad de Buenos Aires, en sobre cerrado, incluyendo un sobre interior adicional conteniendo los datos personales del autor (apellido, nombres, edad, domicilio, teléfono, localidad, seudónimo, correo electrónico y títulos de las obras). En ambos sobres deberá determinarse la categoría y el seudónimo utilizado. Las obras se recibirán hasta el 30 de abril próximo.

El arancel para participar es de cien pesos, excepto la categoría Menores que es sin cargo. Para conocer más detalles, los interesados podrán contactarse al teléfono 4641-2395 o a través de los correos electrónicos: albornozmabel2008@hotmail.com, jtahistorialiniers@yahoo.com.ar o juntadeliniers@gmail.com, como así también mediante su página de Facebook: Facebook.com/Junta Histórica Liniers.

En otro orden, la Junta recuerda que sus reuniones se realizan de marzo a noviembre de cada año, el primer lunes de cada mes a las 18.30 y el tercer sábado a las 10 en “Lisandro”, único bar histórico que queda en el barrio, que data de 1908 y se ubica en la esquina de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón. De tal manera, los próximos encuentros tendrán lugar entonces el sábado 20 de abril a las 10, y el lunes 6 de mayo a las 18:30.

En ese sentido, quienes estén interesados en contactarse con la entidad, podrán hacerlo a través del correo electrónico a: jtahistorialiniers@yahoo.com.ar o juntadeliniers@gmail.com, como así también mediante su página de Facebook: Facebook.com/Junta Histórica Liniers.


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SORPRESAS Y APLAUSOS MATIZADOS POR LA ILUSIÓN DE LA INFANCIA


29/4/2019

Los recuerdos del Liniers de antaño, cuando los magos y los payasos hacían las delicias de los más chicos

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)


De chico, todo era magia y alegría. Viendo hoy todo a la distancia que me dan los años, esa es la sensación que guardo de todas las vivencias de aquella época dorada en mi querido barrio de Liniers y sus instituciones.

Por entonces era muy común que en el colegio, durante la semana, nos repartieran volantes de espectáculos infantiles o entradas de cine con descuentos para disfrutar durante el fin de semana. Después, nuestra curiosidad y la aprobación de nuestros padres hacían el resto. La escenografía de aquellas tardes inolvidables era, generalmente, la de las sociedades de fomentos, los clubes del barrio (en Liniers siempre hubo muchos), o en el caso de una función de cine, al Odeón de la calle Montiel.

Así fue que entre las muchas anécdotas que guardo de aquella época, hoy rescato una: un sábado algo destemplado concurrimos con un grupo de chicos del barrio a la Sociedad de Fomento “Liniers Sud”, legendaria institución barrial ubicada en el Pasaje Manuel Félix Origone al 900, pero que yo había rebautizado como “el club de la estrella”, porque en su azotea -y por muchos años- existió una enorme estrella metálica con lámparas de colores que como un faro identificaba a esa decana institución.

Esa tarde, ya sentados, esperábamos ansiosos los números que prometían en el programa y algunos despertaban gracia por sus nombres, como “el show de las Palomas Carlitas”, por ejemplo. Mientras aguardábamos el inicio de la función, el buffet vendía panchos y golosinas a pleno.

De pronto, en medio del griterío de los chicos, se abrió el telón y apareció en escena un presentador que tal vez fuera algún miembro de la comisión directiva, que se prestaba -como en todo club- a realizar esa tarea y sentirse en ese entonces el Cacho Fontana del barrio, empuñando el micrófono durante todo el espectáculo.

Debo confesar que los números artísticos en algunos casos rozaban lo bizarro, en especial el de aquellas “Palomas Carlitas”. Recuerdo que, casi sin previo aviso, apareció en escena un sujeto regordete vestido de entrecasa, con alpargatas. Traía consigo unas jaulitas con sus palomas. Luego de hacer un par de exhibiciones, el hombre se acostó en el piso, puso una "T" metálica sobre su pecho, dos palomas en cada punta de la "T" y comenzó a patear esa estructura metálica que no tardó en empezar a girar con las aves paralizadas, muertas de miedo. Cuando dejaba de girar, otra vez patada y a rodar. Confieso que nos daba pena ver la expresión de esas palomas, porque pensarían que estaban volando en medio de un tornado o dentro de un lavarropas…

Después siguieron otros números artísticos mejores o peores durante casi dos horas, pero el recuerdo de esas “Palomas Carlitas (¿o Carlistas?)” fue tan patético que aún hoy cuando nos encontramos con los amigos del barrio, lo recordamos con una sonrisa.

Hasta la próxima entrega.


(*) Aresse Tomadoni es director general de Multinet (Radnet/La Radio, El Viajero TV, Club de Vida TV)


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