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SUEÑOS DE TRANVÍA


13/7/2020
El encanto de los inolvidables tramway, cuando que giraban bajo el Puente de Liniers para retornar hacia el Centro porteño

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)

Días pasados, en una sobremesa familiar, recordé con nostalgia un medio de transporte en el que viajé en mis primeros años de vida, el querido e inolvidable tranvía. Desde sus orígenes, el "tramway", como solían llamarlo algunos vecinos por entonces, tuvo como cabecera final la intersección de las avenidas Rivadavia y lo que años después fue General Paz, es decir el corazón neurálgico del barrio de Liniers.
Lejos de detenerme en los aspectos históricos y de este espectacular medio de locomoción ?que aún se mantiene vigente en varias capitales y ciudades del mundo- en este artículo voy a remitirme a mi experiencia personal con ese bólido de acero. Sobre la vereda que existía debajo del puente de Liniers, se formaban largas colas para subir al entonces tranvía de la Línea N° 2. Ese sector bajo el puente se utilizaba como cochera de las unidades.
Cabe recordar que si bien el coche era muy chico, muchas cosas quedaron en mi memoria, tales como el particular sonido de sus motores en el arranque con su "clon, clon, clon?" o sus cálidos interiores revestidos con madera y cuero, coronados con ventanillas tipo guillotina. Era todo un placer ver al motorman empuñar los comandos yendo raudamente por Rivadavia en dirección al Centro, haciendo sonar la campana ("tilín, tilín") en cada cruce. Y debo confesar que en más de una ocasión mis padres desistían de realizar algún viaje en tren o en los todavía compactos colectivos, para que yo puediera disfrutar de viajar en tranvía.
Por aquel entonces, sobre el centro de la avenida Rivadavia existían plazoletas centrales con las columnas con el cableado eléctrico que permitían la alimentación de las unidades y delineaban las correspondientes paradas. Recuerdo una cerca del cruce con José León Suárez, casi frente a la oficina de mi tío Juan B. Tomadoni. Cuando iba con mamá a saludar al tío, sentía el "clon, clon, clon" del 2 y corría hacia el balcón para verlo pasar cargado de pasajeros hacia la cabecera del Puente de Liniers.
Con casi 6 años los observaba ya vetustos durmiendo bajo el Puente de Liniers. Pocos días después se acercaría su final, casi llegando a la Navidad de 1962. Claro, para entonces los fabulosos ómnibus Leyland esperaban ansiosos su reemplazo, poniéndole punto final a uno de los medios de transporte menos contaminantes del planeta. Y ese pedacito de infancia se fue con él al arcón de los recuerdos, esos que perduran intactos porque fueron, son y serán únicos. Hasta la próxima entrega amigos, recordando el "Liniers que yo viví".

(*) Aresse Tomadoni es director general de Multinet (Radnet/La Radio, El Viajero TV, Club de Vida TV)

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FUEGO SAGRADO


03/7/2020
La historia del cuerpo de bomberos en la Ciudad de Buenos Aires, desde su creación hace 150 años hasta la actualidad

Por la museóloga Zulema Cañas (*)

En Buenos Aires, desde su fundación en 1580 hasta 1870, los incendios eran combatidos por los integrantes de la guarnición, celadores, alcaldes de barrios, serenos y vigilantes según la época, quienes combinando el esfuerzo y la solidaridad por sus semejantes, dieron la simiente de lo que hoy son los Bomberos de la Ciudad de Buenos Aires, ex Superintendencia Federal de Bomberos de la Policía Federal Argentina.
Claro que por entonces se trabajaba en forma rudimentaria, al no se disponer de elementos idóneos. Sólo se contaba con baldes y carros aguateros que traían el agua del río o de pozos de casas particulares. El material era muy precario y estaba integrado sólo por dos bombas y algunos picos, sogas, hachas, baldes y mangueras.
Pero un nuevo sonido surcó la Ciudad, tañido de campanas en mezcla difusa entre cascos y corceles arañando el empedrado, y aros de metal de rueda, marcaran el tránsito de los carros de socorro hacia el peligro. Con beneplácito de la población, los Vigilantes Bomberos iniciaron sus actividades el 2 de enero de 1870. Poco después aumentó el número de efectivos de la compañía, se incrementaron los conocimientos técnicos de su personal y la intensificación de su capacidad operativa, y comenzó a destinársela a las tareas preventivas en los teatros, estableciendo cuartel en el Departamento de Policía, que por entonces funcionaba en el edificio de la calle Bolívar lindero con el Cabildo y que, junto con tres arcos de éste, fue demolido en 1889 con motivo de la apertura de la Avenida de Mayo.
Al grito del vigía apostado en el mirador, y con el repicar de cada templo parroquial, este conjunto de hombres, máquinas y equipos partía en desenfrenada carrera a cumplir con su misión. Entre esos primeros treinta hombres estaba José María Calasa, un joven inmigrante español que con apenas 17 años se incorporó como vigilante-bombero (legajo N°13). Sólo bastaron once años y una verdadera carrera de desarrollo personal, para que el 15 de marzo de 1881 se convirtiera en jefe y organizador incansable del cuerpo, cargo que ocupó durante más de tres décadas, hasta su muerte en 1913. Su vitalidad arrolladora, con la mirada puesta en la experiencia del viejo continente, compuso un espejo donde el ciudadano adivinó la seguridad tecnológica como respuesta al gran cambio edilicio que por entonces se vislumbraba.
En aquellas últimas décadas del siglo XIX llegaron a Buenos Aires equipos de avanzado diseño, con nuevas técnicas y se desarrollan métodos de protección estructural: bombas a vapor de tracción a sangre, bomba flotante para la defensa portuaria, motobombas con motor a explosión, los primeros equipos de respiración autónoma a distancia, y lo más importante, la planificación estratégica de los distintos cuarteles y destacamentos.
También desembarcaron la escalera de escape de sistema Masson y los uniformes a prueba de agua, además del primer "Manual de Bomberos, para instrucción profesional" y los libros "Incendios de Teatros", "Nuestros Teatros y la Seguridad contra Incendios", "Cuaderno demostrativo de la situación de las llaves de Incendios" y "Servicios contra Incendios en las principales ciudades de Europa y América".
En 1871 la dotación fue llevada a un sargento, dos cabos, y 57 soldados y el material alcanzó a tres bombas impelentes, dos aspirantes impelentes, seis columnas hidráulicas, dieciséis tiros de mangueras, seis lanzas de expulsión, veinte uniones para mangueras y unos cuantos baldes. A fines de ese año, la epidemia de fiebre amarilla -que duró hasta mediados de mayo- provocó en Buenos Aires la muerte de casi 14 mil personas. Esto demandó la participación de los Bomberos, que debieron actuar como camilleros, enfermeros y sepultureros. En esos trágicos días murieron cincuenta y dos bomberos, victimas del contagio contraído en servicio.
Ya en 1905 se crearon los cuarteles de los barrios de Flores y Belgrano y posteriormente el de La Boca, del primero dependerá el Destacamento de Nueva Chicago, hoy barrio de Mataderos.
A la muerte del coronel Calaza, asumió la Jefatura del Cuerpo el 2° jefe, el teniente coronel Francisco Armesto, sucedido en 1918 por el comisario Juan José Graneros, quien fuera distinguido con el cargo de Jefe de la Policía Federal Argentina en 1929, por el entonces Presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen, delegando la jefatura del cargo al comisario inspector Vicente Cobas.
En 1930, al dividirse la ciudad en cinco zonas, se descentralizaron los efectivos, se construyeron nuevos cuarteles y destacamentos, y aumentó notablemente la eficacia de los servicios. En esa misma década apareció el Boletín de la División de Bomberos, el Reglamento del Área, el Manual de Apuntes Profesionales, y la incorporación sucesiva de Autobombas Leylan (1934), Internacional (1951/59) y Fargo (1957).
De aquí en más fueron surgiendo distintas dependencia que redundaron en una modernización importante en los cuadros, creándose en 1956 la Sección Pericias, en 1959 la Brigada de Explosivos y a partir de 1967 el Servicio de Salvamento e Incendio en distintos aeropuertos del país.
Este fue, a grandes rasgos, el comienzo del desarrollo técnico y funcional de la actual Superintendencia Federal de Bomberos, denominación que le fuera otorgada en 1994, y que actualmente presta la Policía Federal Argentina; sólo en los aeropuertos del interior del país, como auxiliar de la Justicia Federal en todo el territorio nacional, en materias tales como Investigación Pericial de siniestros, Explosivos, Riesgo Forestal, Emergencias Ambientales, Protección Radiológica y Seguridad Nuclear. Del mismo modo con la Jurisdicción de la División Cuartel I ?Coronel Don José María Calaza? que posee diversos objetivos de carácter federal, tales como el Congreso de la Nación y la Casa de Gobierno y distintos ministerios nacionales.
En este punto de la historia corresponde hacer mención que a comienzos de 2016 se firmó entre el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, y el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el Convenio de Transferencia Progresiva a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de facultades y funciones de seguridad en todas las materias no federales ejercidas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante el cual se establecía que parte del personal integrante de la mencionada Superintendencia Federal de Bomberos de la Policía Federal Argentina, fuera transferido al ámbito de esta Ciudad. Es por ello que la totalidad del personal y medios de la Dirección General de Protección Urbana y personal de la División Brigada Espacial Federal de Rescate y sus secciones subordinadas Grupo Especial de Rescate "Caballito" y "Saavedra", más una importante parte de las áreas técnicas, fueron asignados a este Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Buenos Aires, dependiente del Ministerio de Justicia y Seguridad a través de la Subsecretaria de Emergencias, ambos de este ámbito.
El 1° de febrero de 2017, mediante el Decreto-2017-59-AJG, publicado en el Boletín Oficial porteño N° 5063, de fecha 06/02/17, fue nombrado como Jefe del nuevo Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Buenos Aires, el arquitecto Gustavo Oscar Benzi, quien oficiara anteriormente como Director General de Protección Urbana en el ámbito de la Superintendencia Federal de Bomberos, donde prestó servicios y desarrolló una extensa carrera en distintas áreas.
El 7 de febrero de ese año se dispuso la nueva estructura organizativa de este Cuerpo de Bomberos, como también la creación de dependencias, en virtud de la necesidad de establecer un orden interno en el Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Buenos Aires a efectos de accionar su operatividad inmediata. En este punto, cabe destacar la creación de la Compañía Formación y Entrenamiento Profesional, de la cual depende la Oficina Escuela de Cadetes, siendo esta la primera vez en el país que se dispuso un Instituto de Formación exclusivo para el personal que desee ingresar al Cuerpo de Bomberos, estableciéndose así el primer eslabón de un proyecto tendiente a la profesionalización y exaltación del servicio brindado. Comienza entonces un proceso de modernización y puesta en valor de los materiales muebles e inmuebles, haciendo hincapié en la protección personal y la capacitación de los integrantes heredados de la Superintendencia Federal de Bomberos a través de la Oficina Centro de Formación Profesional.
Como resumen, se puede aseverar que han comenzado las labores tendientes a llevar al Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Buenos Aires a los estándares profesionales más altos de América Latina, siempre dispuesto al servicio de los vecinos. Aquellos primeros treinta vigilantes-bomberos, que iniciaron su labor hace 150 años, se han convertido hoy en casi 1.500 hombres que velan por la seguridad de la población en los distintos puestos de socorro de la Ciudad de Buenos Aires. Para ello cuentan con vehículos y una variada gama de elementos complementarios, que posibilitan brindar un servicio adecuado en las diversas facetas esenciales de la profesión: la operativa, la investigativa, y la preventiva, como así también el riesgo ambiental.

(*) Cañas es investigadora, titular del Foro de la Memoria de Mataderos y vecina del barrio.

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