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EL SINGULAR ENCANTO DE LAS CALLES Y PASAJES DE LINIERS


12/12/2019

La Junta de Estudios Históricos realizó una interesante recorrida turística por el barrio, que prometió repetir en marzo próximo


Con el marco de una importante cantidad de vecinos, el sábado 16 de noviembre se llevó a cabo una recorrida turística por el barrio de Liniers. La visita, organizada por la Junta de Estudios Históricos local, se enfocó mayormente en el sector de las Mil Casitas, donde vivieron diversos referentes de la cultura porteña y se produjeron importantes acontecimientos a nivel barrial.

El punto de partida fue la parroquia Nuestra Señora de las Nieves, de Ventura Bosch 6662. Allí, poco después de las 10, el párroco Adolfo Granillo Ocampo les explicó a los vecinos presentes de dónde proviene la devoción a la virgen de las Nieves, a la par de recrear la historia del templo. Posteriormente, la Junta le entregó un diploma en reconocimiento por su colaboración y un CD con los trabajos presentados en el 1er. Congreso de Historia del barrio de Liniers, que se llevó a cabo en 2012, en conmemoración por los 140 años del barrio.

Al salir de la parroquia para comenzar la recorrida se inició una lluvia persistente, que obligó a los presentes a ponerse a resguardo. Fue entonces cuando el actor Darío Rojas, caracterizado como Santiago de Liniers, se refirió a la personalidad del héroe de la Reconquista y la Defensa de Buenos Aires, ante las miradas atónitas de los vecinos que lo escuchaban atentamente mientras observaban los detalles de su estudiado uniforme militar. Luego el grupo se dirigió lentamente bajo los paraguas hasta la fábrica de jabones Guereño (Cafayate 672), donde el integrante de la Junta de Liniers, Claudio Salvador –un estudioso de las industrias argentinas- se explayó sobre la historia de ese emprendimiento fabril que durante años supo ser uno de los motores económicos del barrio.

Desde allí la caminata prosiguió hacia las cinco esquinas que conforman el cruce de Tonelero, Lisando de la Torre y Boquerón, donde la Lic. Nelly Pareja –titular de la Junta local y presidenta de la Junta de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires- explicó a qué se debe el trazado de esas calles y ese cruce tan característico del barrio. Al entrar luego en la zona de las Mil Casitas, el contingente se detuvo en la Biblioteca José Hernández, de Boquerón 6753. Allí la explicación estuvo a cargo del Prof. Arnaldo Miranda, consagrado historiador porteño y autor de la “Las Bibliotecas Públicas Municipales de la Ciudad de Buenos Aires”.

El paseo se extendió luego por el pasaje Las Bases, y al llegar frente a la casa donde viviera el recordado artista plástico Alberto Corace, la Lic. Beatriz Cirigliano se refirió a la figura de quien fuera considerado el primer pintor surrealista argentino y uno de los primeros habitantes de ese singular barrio municipal. Posteriormente, al llegar a la Casa de Pérez Celis (Humaitá 6754) fue el momento de recordar parte de la excepcional trayectoria del emblemático artista plástico oriundo de las Mil Casitas. Para entonces, la lluvia ya se había intensificado, lo que obligó al contingente a detenerse en las proximidades de la plaza Sarmiento, donde Gerardo Muzlera Mooney aprovechó para contar los singulares orígenes del club de rugby Beromama, conformado entre los pasajes el 11 de septiembre de 1939.

Allí mismo, la Lic. Pareja se refirió luego al acervo cultural de los escritores Elías Castelnuovo, Hugo Ditaranto y Carlos María Caron, todos vecinos de esa porción del barrio de Liniers. Como corolario, la Lic. Mabel Albornoz leyó un fragmento biográfico sobre Castelnuovo.

Para finalizar la jornada, se enumeraron buena parte de las personalidades destacadas de la cultura que vivieron entre los tradicionales pasajes de Liniers, y se le entregó al actor Darío Rojas un diploma de reconocimiento. La lectura del poema “Bermejo 6939”, de la Dra. Olga Fernández Latour -quien nació y vivió en ese domicilio- fue el prologómeno del cerrado aplauso con el que, a pesar de la lluvia, los presentes calificaron la recorrida. De hecho, el interés despertado por este circuito y las numerosas consultas, ya obligó a la Junta a repetir la visita: la próxima será el sábado 21 de marzo del año entrante. Ojalá que para entonces, el tiempo acompañe.


147° aniversario de Liniers


El próximo miércoles 18 de diciembre, el barrio de Liniers estará celebrando su 147° aniversario, en recuerdo de aquel 18 de diciembre de 1872 en que quedó oficialmente inaugurado el apeadero que luego se transformaría en la Estación Liniers. La fecha fue oficializada con la Ley 309, sancionada por la Legislatura porteña el 2 de diciembre de 1999, a partir de una iniciativa impulsada por la Junta de Estudios Históricos de Liniers. Desde entonces, cada 18 de diciembre se celebra el “Día del barrio de Liniers”.

Los fundamentos de la ley, cuyo proyecto fuera presentado por los entonces legisladores Fernando Finvarb; Guillermo Oliveri; Eduardo Pacheco, Roberto Arellano, Felipe Figuerero; Lilia Saralegui; y Patricia Ruíz Moreno, resumen la historia del barrio:

“Lo que es hoy el barrio de Liniers estaba integrado por diversas estancias y chacras que rodeaban la ciudad y que con posterioridad fueron anexadas al inmenso partido de San José de Flores. El 29 de agosto de 1857 se realizó el viaje ferroviario inaugural en nuestro país. La estación de cabecera, denominada Del Parque, se alzaba donde se encuentra emplazado el Teatro Colón y luego de un trayecto de algo menos de diez kilómetros se llegaba a la estación La Floresta. Prosiguió el tendido de rieles hacia el oeste llegando a la actual estación Ramos Mejía en 1858”, comienza explicando.

Y haciendo hincapié en lo concerniente al barrio, destaca “a comienzos de 1872, más precisamente el 19 de enero, por acta del Directorio de la empresa ferroviaria se otorga al peticionante Francisco Sosa la pertinente autorización para instalar una pequeña estación. El 18 de diciembre del mismo año se convino en que la misma fuera denominada Liniers. Las Hermanas de la Casa de Ejercicios sugirieron que la estación llevara el nombre del héroe de las Invasiones Inglesas, por haber sido éste un benefactor de la Congregación”.

Ya bautizado, en su etapa inicial el barrio suponía un damero de proporciones mínimas en torno de la estación ferroviaria, cuya extensión rumbo al norte no sobrepasaba el camino de “Gauna”. El extenso sector ubicado con rumbo sur de la actual avenida Rivadavia, ofrecía una visión pastoril, matizada por dilatadas quintas y escasos pobladores. “El 30 de septiembre de 1875 –continúa el proyecto- se inauguró la primitiva capilla de San Cayetano, en ceremonia presidida por el Arzobispo de la Provincia de Buenos Aires, en un predio donado a las Religiosas de la Sociedad del Divino Pastor, quienes también asumieron la construcción del colegio. La devoción a San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, ha cundido con sincero fervor entre los feligreses y al celebrarse su festividad el 7 de agosto de cada año, una multitudinaria procesión se realiza por las calles vecinas al templo”.

Ya a comienzos del siglo XX, la empresa de Ferrocarril del Oeste comenzó a erigir los numerosos edificios y demás instalaciones de los talleres ubicados en las adyacencias de la estación. Tales actividades significaron un paulatino incremento de la construcción de viviendas como así también el afincamiento de un apreciable número de pobladores. “La frecuente subdivisión de las antiguas quintas y otras extensas fracciones, se acentuó durante la segunda década. Según lo expuesto, cabe deducir que la etapa de formación de Liniers comenzó en ese entonces y continuó sin pausa, hasta transformarse en el populoso barrio que es actualmente y en el que se desarrolla una importante actividad comercial y cultural, que no podemos dejar de destacar”.

Al cierre de esta edición, ni la Comuna 9 ni ninguna entidad local tenía prevista la realización de algún festejo. La Junta de Estudios Históricos de Liniers, por su parte, confirmó que realizará la habitual misa de acción de gracias en el santuario de San Cayetano (sitio fundacional del barrio, sito en Cuzco 150) el mismo miércoles 18 de diciembre a las 19, a la que están invitados todos los vecinos.





CONCURSO LITERARIO CON LOS AMIGOS COMO DISPARADOR DE HISTORIAS


Una vez más, la Junta de Estudios Históricos de Liniers convoca a los vecinos a participar del nuevo concurso literario, que en esta edición tiene como tema central “Amigos, esos amigos del alma”. Los trabajos podrán presentarse en dos rubros: Cuento (máximo tres carillas) y Poesía: (máximo treinta versos) y podrán enviarse hasta tres obras por rubro. Habrá cuatro categorías: Menores (de 10 a 12 años), Juveniles (de 13 a 20), Mayores (de 21 a 70) y Galardón de Oro (para mayores de 70 años).

Las obras deberán ser inéditas y elaborarse en hoja A4, en letra Times New Roman o similar tamaño 12, interlineado 1.5, por triplicado y firmadas con seudónimo. Deberán remitirse por correo postal a Concurso Literario “Amigos, esos amigos del alma” Rivadavia 10903 4º B (1408) Ciudad de Buenos Aires, en sobre cerrado, incluyendo un sobre interior adicional conteniendo los datos personales del autor (apellido, nombres, edad, domicilio, teléfono, localidad, seudónimo, correo electrónico y títulos de las obras). En ambos sobres deberá determinarse la categoría y el seudónimo utilizado. Las obras se recibirán hasta el 30 de junio próximo.

El arancel para participar es de ciento cincuenta pesos, excepto la categoría Menores que es sin cargo. Para conocer más detalles, los interesados podrán contactarse al teléfono 4641-2395 o a través de los correos electrónicos: albornozmabel2008@hotmail.com, jtahistorialiniers@yahoo.com.ar o juntadeliniers@gmail.com, como así también mediante su página de Facebook: Facebook.com/Junta Histórica Liniers.

Por otra parte, la Junta recuerda que sus reuniones se realizan de marzo a noviembre de cada año, el primer lunes de cada mes a las 18.30 y el tercer sábado a las 10 en “Lisandro”, único bar histórico que queda en el barrio, que data de 1908 y se ubica en la esquina de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón. El último encuentro del año tendrá lugar entonces el lunes 2 de diciembre a las 18:30 y el sábado 16 de noviembre a las 10.

En ese sentido, quienes estén interesados en contactarse con la entidad, podrán hacerlo a través del correo electrónico a:jtahistorialiniers@yahoo.com.ar ojuntadeliniers@gmail.com, como así también mediante su página de Facebook: Facebook.com/Junta Histórica Liniers.


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LOS DÍAS EN LOS QUE EL PLACER ANDABA EN DOS RUEDAS


La vieja y querida Halcón. Compañera de incontables aventuras, la bici supo ser durante años un elemento imprescindible para los chicos y jóvenes del barrio, aún cuando las ciclovías no eran siquiera un proyecto.

04/12/2019

Desde siempre, la bicicleta fue un sinónimo de la aventura para disfrutar de las calles del barrio

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)


Uno de los recuerdos más lindos vividos en Liniers fue sin dudas transitar sus calles y avenidas en bicicleta. Debo confesar que me costó bastante aprender a andar en mi hermosa Halcón roja con vivos blancos (en honor a mi equipo de fútbol preferido), pero una vez que me entreveré en el arte de mantenerme en equilibrio, llegó el momento de la mejor: pedalear interminablemente con el viento chocándome en la cara.

El ritual diario comenzaba a la hora de la siesta, cuando algún amigo o compañero de trabajo pasaba por casa y buscábamos alguna ruta nueva. Las calles y los pasajes eran el camino perfecto, tranquilo y seguro para transitar con confianza. Esa felicidad de sentir alrededor nuestro los pájaros y los primeros calores de primavera era sencillamente incomparable. Y cuando la audacia ganaba puestos, nos arriesgábamos a más y así nos lanzábamos desde los terraplenes del puente -todavía en construcción- de las avenidas General Paz y Emilio Castro, para que en la caída pasásemos a centímetros de las vidrieras de la concesionaria de una marca italiana de automóviles (Veronesi-Pianigiani) o rodásemos por las todavía calles de tierra del incipiente Barrio Naón.

Otra aventura sin par era pedalear con velocidad detrás del micro de Supermercados Gigante, que recorría todo el barrio para trasladar público al enorme local de Juan B. Justo y Álvarez Jonte, o espantar a los transeúntes del viejo túnel de la Feria 47 –sobre General Paz y Tuyutí- con la poderosa bocina de aire que allí sonaba como la de una locomotora ¿Y qué decir de transitar el Parque Santojanni de noche, con nuestras bicicletas provistas con faroles que iluminaban a pleno en medio de la oscuridad, soportando los insultos de las parejas. Por entonces, todo era aventura, vida al aire libre, felicidad…

Claro que a veces las cosas no salían tan bien y alguna pinchadura surgía imprevistamente. Para reparar el neumático, sólo habían dos bicicleterías: Masa, en José León Suárez frente a la plaza Sargento Cabral, o Canaglia, en la esquina de Tuyú y Rivadavia. Debo reconocer que a veces aquellas reparaciones nos jugaban en contra, porque sumábamos la compra de accesorios para que nuestro rodado se diferenciara del resto y sea más parecido a una carroza de desfile que una bici. Jamás pude olvidarme del farol delantero a pilas, las poderosas bocinas de aire y las cintas de colores colgando de los manubrios. Recuerdo que en mis últimos viajes en bici, llegamos con un amigo hasta el Barrio Los Perales, en el corazón de Mataderos.

Finalmente, la pobre Halcón ya maltrecha y con miles de calles rodadas, por monedas fue subida a un carro y tal vez su destino fue chatarra. Atrás quedaron esos momentos de gloria y felicidad por las calles de mi querido y recordado Liniers. Hasta la próxima.


 (*) Aresse Tomadoni es director general de Multinet (Radnet/La Radio, El Viajero TV, Club de Vida TV)


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CUANDO LOS RECUERDOS TIENEN REMEDIO


01/1/2020

Una recorrida por las farmacias del Liniers de antaño, algunas de las cuales continúan atendiendo en la actualidad


Por Daniel Aresse Tomadoni (*)


Si hubo un rubro comercial en el que Liniers se destacó desde siempre, fue el farmacéutico. Casi siempre instaladas en las esquinas del barrio, las farmacias fueron en muchos casos el sitio obligado al que se acudía, receta en mano, para paliar dolores de muela, jaquecas o malestares articulares en madrugadas de desvelos. En épocas donde ni siquiera existían las PC, las noches se convertían en un extenso peregrinar mirando cartelitos con direcciones, hasta encontrar finalmente una farmacia de turno que, en medio del calvario, se transformaba en un verdadero oasis.

La ambientación era casi la misma para todas: una balanza de aguja, mostradores y estantes de madera, y frascos enormes de color caramelo en los estantes, que parecían contener fórmulas extrañas y recetas magistrales propias de un alquimista. Completaban el ambiente algunas sillas para esperar el turno y ese característico “olor a farmacia”, que invariablemente inundaba el local.

Claro que el cuarto más siniestro que aterrorizaba nuestra mente infantil por aquellos años, era la sala de inyecciones y nebulizaciones, donde todo parecía tétrico: desde las jeringas y las agujas hasta el mechero con el que se esterilizaba ese material, habida cuenta de que los elementos descartables no eran habituales para la época.

De todas las farmacias de Liniers, hubo muchas pintorescas y emblemáticas. La primera que recuerdo es la famosa “Linneo”, más tarde llamada “Liniers”, una enorme farmacia que aun ocupa un local de proporciones sobre Rivadavia frente a la Estación, con atención las 24 horas. Cerca de allí, sobre José León Suárez casi Ramón Falcón, se encontraba la farmacia C.A.D.E.L., que atendía a numerosas obras sociales. Otras de las farmacias tradicionales del barrio fueron la “Jáchal” (como se llamaba antiguamente la calle Timoteo Gordillo) en Carhué y Ramón Falcón, donde continúa funcionando actualmente; y la “Ideal”, en Ibarrola y Montiel. Pero sin dudas la más antigua es la farmacia “Carhué”, de cuya dirección surgió aquel famoso trabalenguas local: “Carhué 40”. Su ambientación, hasta la actualidad, conserva el estilo propio desde su creación, con un gran trabajo en madera en su mobiliario –donde aún suelen guardarse especies homeopáticas- y la histórica balanza, que lleva varias décadas en perfectas condiciones.

Pero si era preciso internarse en el barrio para dar con alguna que estuviera de turno, aparecían entonces la “San Cayetano”, en Palmar y Tellier (hoy Lisandro de la Torre); la “Frascino”, en Tuyutí y Tellier; o la “Atlas”, en Boquerón y Montiel. También se destacaban la farmacia “Dela”, en Caaguazú y Montiel; y la “Santa Rosa”, que aún funciona en la esquina de Caaguazú y Murguiondo.

Lo cierto es que las farmacias y -en algunos casos- sus pintorescos empleados, fueron y serán una parte insoslayable de la historia del querido Liniers, que continuaré desarrollando en otras entregas, recordando en pinceladas el barrio que nos tocó vivir. Hasta la próxima.


 (*) Aresse Tomadoni es director general de Multinet (Radnet/La Radio, El Viajero TV, Club de Vida TV)


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