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** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 188 **
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CUANDO EL IVA NO ES UN IMPUESTO SINO LA POSIBILIDAD DE DESARROLLAR UNA VOCACIÓN ARTÍSTICA


Educar sin anteojeras. En la Escuela Vocacional de Arte de Parque Avellaneda, además de impartir conocimientos, los docentes alientan el trabajo grupal y la solidaridad entre sus alumnos

02/11/2018

En Parque Avellaneda funciona una sede del Instituto Vocacional de Arte, donde un esmerado equipo docente se esfuerza en recuperar el tejido social


Escondido entre las viejas casonas y los monoblocks del barrio Alvear de Parque Avellaneda, funciona el anexo 2 del Instituto Vocacional de Arte (IVA) “Manuel José Labardén”, que depende del Ministerio de Cultura del Gobierno porteño. Aunque muchos vecinos lo ignoren, en el pasaje Pío Collivadino 470 se gesta un semillero de artistas. La docente y psicóloga Fernanda Larotonda, además de ser la profesora de Artesanal y Técnico, es la vicedirectora a cargo del Instituto. “Brindamos una formación basada en la filosofía de la educación por el arte y hacemos hincapié en el trabajo colaborativo”, comienza explicando.

Las actividades que allí se ofrecen son extraescolares. En el turno tarde se dictan diferentes talleres artísticos para alumnos de Segundo, Tercer y Cuarto Grado. Se trata en todos los casos de actividades culturales que complementan la escolaridad primaria, que cursan en otros colegios. Pero además, se les ofrece a los chicos trabajar en seis lenguajes cada año (dos por día) durante cuatro años. El proyecto formativo abarca dos años de títeres, literatura, teatro, plástica, música, expresión corporal y recién en el tercer año se le agregan instrumentos autóctonos, y se está pensando en incorporar medios audiovisuales. El tope de edad es 12 años y el horario de cursada es de 14:15 a 17:15.

Durante la mañana, también funciona allí un Jardín de Infantes y en el turno vespertino, entre las 18:30 y las 21:30, se dicta una especialidad para docentes en Educación por el Arte que dura dos años. Además se ofrecen dos seminarios de extensión en Educación por el Arte y en Canto, que dependen de la Dirección General Artística y están abiertos a toda la comunidad. En total asisten más de 400 alumnos: doscientos chicos en edad de Primaria lo hacen en el turno tarde, otros 150 adultos concurren en el turno vespertino y cerca de ochenta chicos asisten al jardín de infantes.

Quienes deseen sumarse en el próximo ciclo lectivo, deberán inscribirse en forma presencial (con DNI en original y copia, certificado de escolaridad y apto médico) durante el mes de octubre y luego aguardar el sorteo de vacantes. En febrero es la inscripción para los docentes. Como en ningún caso se les pide que traigan nada, se abona una cuota anual para materiales (este año se pactó por asamblea que fueran 600 pesos) y una cooperadora (70 pesos).

El IVA (Instituto Vocacional de Arte) está compuesto por tres sedes. La central -y más antigua- se ubica en Garay y Solís. Allí está el despacho de Alejandra Pustilnik, directora del IVA y profesora de Instrumentos Autóctonos. En esa sede –que no tiene jardín de infantes y hace poco se inundó por un problema con el desagüe- se ofrece la profundización de los lenguajes con talleres para niños y adolescentes. Además de la de Parque Avellaneda, también está la sede Parque Chacabuco, en Curapaligüe y Eva Perón, que es la más grande y ofrece propuestas para adolescentes además del Jardín y los talleres infantiles. Sin embargo, allí deben luchar contra el vandalismo. “Este año se robaron hasta los aires acondicionados”, expresa azorada Larotonda.

En todas ellas se pone énfasis en la grupalidad. El fin no es el hecho artístico sino cómo se llega a él. De hecho tienen una materia de reflexión grupal que acompaña dos años de cursada. “Nos importa más lo social para crear ciudadanía responsable, valores democráticos y respeto por las diferencias”, explica la vicedirectora y cuenta que “el lenguaje funciona como excusa para desarrollar habilidades sociales y la construcción desde la diferencia, como sumatoria de posibilidades y habilidades, no como algo que me distancia del otro sino que me enlaza”.

Esta mecánica se expresa en los casos de grupos donde concurren niños con capacidades diferentes. “Tenemos un grupo al que asiste un niño con dificultades motoras y sin embargo hace expresión corporal con todos, se establece el cuidado que tienen que tener los demás para trabajar con él, y el grupo se amolda a la diferencia”, afirma Larotonda. “En otro grupo hay dos chicos con maestra integradora que aquí trabajan sin ese sostén. Cursan los talleres y también hay un maestro que acompaña a dos o tres grupos por si falta el profesor y puede ayudar si hay una dificultad. Además hay un equipo de psicólogos”, agrega.

Según explica Larotonda, “la mayor dificultad en el aprendizaje se da al intentar comprender y respetar los derechos del otro. No sólo es la formación de la escolaridad sino de toda la sociedad, los chicos piensan mucho en lo que ellos quieren, entonces el trabajo colaborativo es un gran desafío. Nuestra cultura lleva al individualismo, y en ese marco a los chicos les cuesta adoptar hábitos tales como el orden y el cuidado de las cosas”.

Esas falencias no sólo se observan en chicos de Primaria, sino también en los de jardín de infantes. “Antes –argumenta la docente- era impensable ver un chico de 3 años con pañales y hoy llegan así y con chupete. Cuesta más la paternidad y la maternidad, son padres más tardíos y viven en urgencia, les cuesta tolerar el tiempo que le lleva a un niño hacer algo”. Larotonda sostiene que los niños necesitan tiempo incluso para el ocio. “La inseguridad nos llevó a perder el hábito de jugar en la vereda, por eso acá los chicos también se desesperan por estar en el patio y jugar al poliladron, la mancha, la escondida y juegos de persecución. Les encanta y acá pueden hacerlo, se los permitimos. No se les prohíbe correr, y eso forma parte del contrato con los padres”.

Algo similar ocurre con los materiales, ya que en los primeros años los chicos tienden a llevárselos y les cuesta entender que se quedan en el colegio porque son de todos. “Les inculcamos que deben dejarlos porque el que viene después al mismo espacio lo va a necesitar. Incentivamos la cultura colaborativa que choca con la cultura del individualismo”, explica.

Para Larotonda, ese individualismo radica en que la sociedad actual está movida por la urgencia, por lidiar con lo más inmediato y resolver lo personal. “Hemos perdido el lazo de ver qué le pasa al otro”, reflexiona y pone como ejemplo el tema de la basura. “Siempre criticamos a los recolectores que rompen las bolsas pero ¿qué pasaría si nosotros las sacáramos clasificadas en bolsas diferentes? No lo hacemos, o si lo hacemos las ponemos en el mismo conteiner de la basura común porque el de los reciclables nos queda lejos. Por eso desde aquí buscamos lograr un compromiso ciudadano y conciencia ecológica para un mundo de todos”, concluye la docente.


Mgter. Fabiana Godoy Di Pace


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EL SABOR DEL REENCUENTRO


10/11/2018

La promoción 1988 de la Escuela República de Pakistán celebró sus 30 años de egresados con la que fuera su primera maestra


Aunque cruel e inexorable, el paso del tiempo se mide como una permanente acumulación de experiencias, muchas de las cuales –aquellas que calan en lo profundo del alma- suelen dejar marcas imborrables. Así lo entiende la vecina Norma Carestía, que a sus jóvenes 82 años le tocó vivir una experiencia de esas que alargan la vida.

El sábado 6 de octubre, un grupo de exalumnos de la Escuela 15 “República de Pakistán” –con sede en Lisandro de la Torre 550, Liniers- decidió festejar sus treinta años de egresados de la Primaria, y para que la fiesta fuera completa no tuvieron mejor idea que invitar a Norma, quien había sido su primera maestra en Salita de 4. “Trabajé cuarenta años en la docencia y sé que en esta profesión hay muchas satisfacciones, pero la vivida el sábado no tiene precio”, contó a pura emoción al día siguiente esta maestra de grado y de jardín jubilada, que aún sigue viviendo en el barrio de Liniers, al igual que cuando nació.

Al singular encuentro asistieron también Mari, la profesora de Música, y Carmen, de Inglés. Claro que el trabajo previo no fue sencillo. Fueros días enteros abocados a una larga y complicada búsqueda, un trabajo de investigación y rastreo que al cabo resultó excelente, ya que lograron encontrar a todos los integrantes de aquella promoción 1988, que hoy transitan los 42 años.

“Fue maravilloso el reencuentro, hacía 38 años que no los veía –explicó Norma-. Algunos chicos se seguían viendo, otros no, algunos viven en el extranjero, pero se hicieron presentes por teléfono. Uno de ellos, Juan Manuel, vino especialmente de Brasil, fue una sorpresa que nos dejó sin palabras. Esos abrazos, esas lágrimas, la emoción de no poder creer lo que estábamos viviendo, nos hizo transportarnos a todos en el tiempo para volver a vivir aquella época inolvidable”.

Claro que en torno a esa mesa ya no había pequeños saltimbanquis correteando con guardapolvos cuadrillé, sino abogados, docentes, psicólogos, enólogos, farmacéuticos, investigadores, mecánicos…. “pero por sobre todo buenas y sanas personas, llenas de cariño y respeto por el otro, que no es poco”, sintetizó la “seño Norma” y recalcó su “eterno agradecimiento a mis alumnos por recordarme, tenerme en cuenta, mimarme como lo hicieron y hacerme tan feliz”.

Además de ser un bálsamo para el espíritu, este reencuentro es también un ejemplo de lo que se logra en la escuela publica, allí donde se confunden chicos de familias de diferentes condiciones sociales, religiones, razas y tradiciones culturales, pero se integran, se nivelan diferencias, se comparten experiencias y nacen relaciones para toda la vida. “Jamás me cansaré de defender la escuela pública. Aunque el secreto del éxito en la escuela surge de la base de la enseñanza familiar, que luego los docentes continuamos y fortalecemos”, recalcó Norma, y agregó “esto se notó mucho en aquellos años en la Escuela 15”.

Y sobre el final de su relato, conservando aún el emocionado nudo en la garganta, la entrañable docente expresó “si sembramos amor, recogeremos más amor, y este fue sin dudas un maravilloso ejemplo”.


Ricardo Daniel Nicolini


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