Inicio   Editorial  Sociedad  Educación  Espacio Público Contacto Javascript DHTML Drop Down Menu Powered by dhtml-menu-builder.com

EL HEREDERO DE LA SORTIJA


Ahijado e’ tigre. José Luis Rodríguez es sobrino nieto del entrañable Don Luis, y el encargado de mantener vivo su legado giratorio, cuando cada fin de semana vuelve a abrir las puertas de la calesita.

18/3/2020

Desde la partida del inolvidable Don Luis, su sobrino José Luis Rodríguez sigue haciendo girar la entrañable calesita de Ramón Falcón y Miralla


En el mítico patio de Ramón Falcón y Miralla todo está igual, como si el inexorable paso del tiempo hubiese hecho una tregua tácita y piadosa: la puerta de alambre, los bancos de madera, la casilla con el tocadiscos y los boletos, el poste del que pende la bocha con la sortija, y por supuesto, la histórica calesita. Claro que falta lo esencial, la sonrisa cálida enmarcada por bigotes de abuelo del entrañable Don Luis.

El 4 de noviembre pasado el inolvidable calesitero de Liniers hubiese cumplido cien años, pero desde que el 27 de junio de 2013 su figura auténtica y bonachona se convirtió en leyenda, el legado recayó en José Luis Rodríguez, su ahijado y sobrino nieto, que cada fin de semana vuelve a hacer girar la emblemática calesita, para alegría de grandes y chicos. “En su lecho de enfermo le prometí que me haría cargo de la calesita y así fue”, recuerda José Luis, recostado sobre una de las paredes del patio.

La calesita de Don Luis volvió a girar nuevamente algunos meses después de su partida. “La puse en marcha otra vez el Día del Niño de 2013. Fue emocionante, vino todo el barrio”, evoca su ahijado, que vive con su familia a media cuadra de la calesita, y luego explica “él abría todos los días, yo sólo los sábados, domingos y feriados”.

La calesita de Don Luis, la misma que heredara de su padre Juan, habita desde hace décadas el patio de la casa de Ramón Falcón 5990. Aunque había nacido en San Telmo, a los 4 años se mudó a esta esquina junto a sus padres españoles. Con tan solo 15 primaveras, un joven Luis Rodríguez comenzó colaborando con su padre lavando y peinando a Rubio, el primer caballo de carne y hueso que hacía girar este carrousel, apenas escuchaba sonar la música. “En honor a ese pony, mi padrino bautizó a uno de los caballitos de madera que aún hoy se lucen en la calesita”, explica José Luis, y agrega que “todas las atracciones que se ven acá: los caballos, las cebras, los camellos, las jirafas y la carreta, las hizo él con sus propias manos. Además pintó la mayoría de los dibujos que adornan la calesita”.

Mucho después llegaría el motor naftero y más tarde el actual de sistema eléctrico, con el que comenzó a girar en este mismo patio en 1965. Tras la muerte de su padre Juan en 1944, Luis Rodríguez -nombrado en 2003 artífice del Patrimonio Cultural de la Ciudad- tomó la posta y se puso al frente de la calesita mientras recorría los pueblos y los barrios junto a las figuras de aviones, autos y camellos que él mismo creaba.

Antes de instalarla definitivamente en el patio de su casa –algo inédito a nivel mundial- la calesita de Don Luis funcionó en Juan B. Justo y Cuzco, Larrazábal y Ulrico Schmidl y Cesar Díaz e Irigoyen. Era la misma calesita que durante años había administrado su padre, llevándola por diversos pueblos del interior bonaerense. “Cuando enfermó su madre, como era hijo único, tenía que atenderla, pero a la vez no podía dejar de trabajar. Fue entonces cuando tomó la decisión de instalar la calesita en el patio de su casa, que entonces era un jardín. Claro que para eso tuvo que achicarla. Creo jamás se imaginó la repercusión que tendría con los años”, detalla José Luis.

- ¿Y cómo se hace para mantener en funcionamiento una calesita centenaria?

- No es fácil. Hay que engrasarla una vez por mes, y protegerla del sol y la lluvia con una lona. Es que esta calesita ya es patrimonio del barrio. Para muchos vecinos, verla girar significa mantener viva la memoria de Don Luis. Claro que algunas cosas tuve que ir renovando. Aún conservo el tocadiscos que él fabricó en el 65’ con el que durante décadas le puso música a esta calesita. Me acuerdo que antes de abrir, mientras ultimaba algún detalle, solía ponerse unos tanguitos, le encantaban. Más tarde armó este equipo con pasacasetes y ahora nos modernizamos con otro equipo acorde a la época. Además en lugar de boleto, como antes, ahora se les da a los chicos una ficha de acrílico con las iniciales de su antiguo dueño, que era hincha de River. Pero la sortija sigue siendo la misma que diseñó él.

En la Ciudad de Buenos Aires hay actualmente más de 40 calesitas, y la de Don Luis es una de las más antiguas junto con la de plaza Arenales, en Villa Devoto, y la de Pompeya. La Asociación Argentina de Calesiteros y afines nombró oportunamente a Don Luis como su presidente honorario, de allí que cada año, en consonancia con la fecha de su nacimiento, se celebra el Día del Calesitero.

“Ahora vienen chicos más chiquitos, de menos de un año. Algunos ni siquiera caminan, pero son la excusa perfecta para que sus padres y abuelos vuelvan a subirse a esta calesita, como cuando eran chicos”, argumenta José Luis, y destaca que por este mismo patio pasaron cuatro generaciones de vecinos.

“En la calesita el pibe encuentra la base de la diversión: movimiento, música y colorido, ahí está el secreto de la permanencia”, le explicó alguna vez a este medio el querido Don Luis. Sin embargo, hoy el tiempo parece haber mutado esos atractivos de la mano de la tecnología. “Ahora los chicos se sienten más atraídos por los jueguitos digitales y las computadoras –sostiene José Luis- pero así y todo la calesita no deja de tener su público”. Paradójicamente, muchos de ellos –los más nostálgicos, tal vez- integran el grupo de Facebook “Yo fui a la calesita de Don Luis”, compuesto por más de 1500 miembros.

- ¿Cómo describirías a tu padrino?

- Como creo que lo harían todos los que alguna vez lo trataron. Era un ser maravilloso. Siempre tuvo adoración por los chicos, los recibía con una sonrisa y les regalaba caramelos. Creo que los hijos que la vida no le dio, los tuvo en el afecto de todos los que alguna vez pisaron su calesita. Y murió a los 93 años, con casi ochenta de calesitero, conciente de todo el cariño que supo ganarse a lo largo de su vida.

Hoy José Luis es el encargado de mantener viva la leyenda de Don Luis -aquel verdadero ícono linierense de sortija fácil y corazón enorme- haciendo girar su mítica calesita para que el óxido del olvido no afecte sus engranajes. Entonces la magia que gira y gira en un mundo de fantasía seguirá intacta, poniendo la dosis justa de alegría y nostalgia que hacen única a la calesita de Don Luis.


Josefina Biancofiore


Enviar a un amigo
 
 
 
   
 
  loading

 
 
 
   
Publicite Aqu�
Publicite Aqu�
Publicite Aqu�
Publicite Aqu�
Publicite Aqu�

Encuesta

Resultado de las encuestas propuestas por el diario


Cultura

Agenda de espectáculos y eventos


Espectáculos

Información de Eventos


Deportes

Toda la información de los deportes que nos apasionan


Breves Comunales

Toda la Información de la comuna


Entretenimiento

Area de distracción y recreamiento


Correo

Cartas Enviadas a Cosas de Barrio


Salud

Salud


Personajes

Personajes


Tránsito

Información de los hechos viales de la comunidad


Política

Información del ámbito político


Historia

Relatos y Hechos Reales del pasado


Policiales

Información de la actividad Policial


Espacios Verdes

Información del Area verde de nuestro barrio


Medio Ambiente

Informacion sobre Este tema de inter�s general


Comercio

Información de la actividad socioeconómica



 
             
 
Publicite Aqu�
   
                 
Desarrollado por www.grupodeservicios.com.ar