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** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 173 **
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"NO ME CANSO DE HABLAR CON MIS PAISANOS PARA QUE CUIDEN LA LIMPIEZA DE LAS CALLES"


Comerciante. Gertrudis dijo que desde siempre le apasionó la venta y el trato con la gente. Hoy integra la Cámara de Comercio de Liniers y es la mano derecha del embajador de Bolivia

29/06/2017


Gertrudis Lara, la principal referente de la comunidad boliviana afincada en Liniers, reafirmó su compromiso de ordenar ese sector del barrio


Se estima que en toda la Argentina hay cerca de dos millones de bolivianos, de los cuales casi un millón y medio se encuentran radicados en la Ciudad y el Gran Buenos Aires. El resto se estableció en Ushuaia, Mendoza y Chilecito (La Rioja). Esa cifra contundente demuestra que Argentina es el país extranjero que mayor cantidad de bolivianos alberga en todo el mundo. Y tal vez no sea casualidad, considerando que a ambas naciones las hermana una relación histórica, al ser hijas de un mismo vientre: el del Virreinato del Río de la Plata.

La mayoría de esos inmigrantes proviene de zonas rurales y muchos de ellos están indocumentados. “Es que les cuesta entender la necesidad de blanquearse”, argumenta Gertrudis Lara con su habitual sonrisa tallada en el rostro, y luego aclara “pero eso sí, donde hay trabajo ahí está el boliviano”.

Gertrudis es la principal referente de la comunidad boliviana afincada en Liniers, barrio en el que cada fin de semana se dan cita cerca de siete mil inmigrantes del altiplano, que consideran a esas primeras cuadras de José León Suárez y sus transversales como “el microcentro boliviano” en Argentina. Desde hace años, ese sector del barrio es un fiel retrato de un mercado del altiplano en pleno corazón de la Ciudad. Pero lo pintoresco y colorido de sus locales de especias, restaurantes y artículos regionales de esas calles, está atravesado por la suciedad, la ocupación de veredas, la inseguridad, el descontrol y la casi total ausencia del Estado que, lejos de impulsar el cumplimiento de las reglamentaciones en vigencia, parece optar por dejar hacer.

Con más de cuarenta años de labor en la zona, Gertrudis conoce ese sector del barrio de Liniers aún más que su Cochabamba natal. Tal vez por eso, durante la entrevista con Cosas de Barrio, no duda en reconocer esas falencias. “Yo de jovencita sólo pensaba en trabajar y ganar dinero, pero no cuidaba la limpieza, Después de grande empecé a tomar conciencia. Tal es así que a cada uno de los puesteros que venden en Liniers yo les vivo diciendo que sean limpios, prolijos, ordenados. Les digo que se pongan las pilas porque sino nos los van a limpiar a ellos”, cuenta sin eufemismos, y luego agrega “yo sé que en cualquier momento va a haber una limpieza de todos aquellos puesteros y locales que no estén en regla. Por eso les digo ‘mirá que después no te salva nadie, eh…’”.

- ¿Usted le facilita los trámites a la gente que quiere venir a instalarse a Liniers?

No, yo no me ocupo de eso. Para eso hay una persona que es quien se encarga de las habilitaciones. Eso sí, cuando necesitan algo ahí me buscan siempre. Por ejemplo cuando tienen que alquilar o vender una propiedad, o sacar un préstamo, yo los aconsejo y les explico cuáles son los gastos que tienen que afrontar. No les cobro nada, sólo les doy una mano basándome en mi experiencia. Si hasta de las inmobiliarias y las escribanías de la zona me dicen si no quiero trabajar con ellos…

Gertrudis mantiene una estrecha relación con el actual embajador de Bolivia, Santos Tito, de quien, para muchos, es su mano derecha. Algo similar ocurría con su antecesor, Liborio Flores Enríquez, que dejó su cargo a comienzos de septiembre pasado. Tal es su influencia en la zona, que no se sonroja al afirmar que “hasta el propio embajador reconoce que el microcentro boliviano de Liniers se fue armando gracias a mí. Así me lo dijo cuando el año pasado me hicieron un reconocimiento en el Senado de la Nación por mi permanente colaboración con la comunidad boliviana en Liniers”, asegura.

- ¿Cómo fue ganando poder en la zona?

- Trabajando duro. Con mis ahorros fui comprando propiedades y se las fui alquilando a un paisano, y a otro y a otro. Y ellos empezaron a vender frutas, verduras y artesanías, y así se fue agrandando la comunidad boliviana en Liniers.

Desde hace un tiempo Gertrudis integra la Cámara de Comercio de Liniers (Ce.Co.VIP), como referente de la comunidad boliviana local, y desde allí impulsa la concreción de un viejo proyecto tendiente a crear un paseo peatonal, turístico y comercial en las primeras cuadras de José León Suárez y sus adyacencias, que ya ha sido presentado en la Legislatura porteña por la diputada Paula Oliveto. “Liborio Flores soñaba con que se pusiera en marcha el Paseo del Altiplano en Liniers, y ahora el embajador actual también está entusiasmado en que se concrete ese proyecto. Con ese paseo Liniers va a tener otra cara”, enfatiza, y explica que para lograr ese cometido resulta imperioso ordenar ese sector del barrio. “Por eso nos interesa salir del desorden y del caos que se ha armado por el crecimiento que ha tenido la zona en los últimos años, logrando que los comerciantes cumplan con las normativas en vigencia sin dejar de lado la cultura boliviana”.

El objetivo de ese Paseo apunta a replicar lo que ocurre con el Barrio Chino, en Belgrano. “La comunidad boliviana se merece tener un paseo turístico de calidad en Liniers, sería un premio al esfuerzo y al trabajo, una muestra clara de la integración entre naciones hermanas. Pero siempre respetando el marco legal”, advierte.

- ¿Cómo es el trato que mantiene la comunidad boliviana con la peruana?

- La comunidad peruana, a diferencia de la nuestra, es muy unida. Yo tengo trato con bastante gente de Perú y hay de todo, hay gente buena, trabajadora y de la otra, como en todos lados. También hay bolivianos malos… Pero debo reconocer que mi colectividad no se lleva bien con la peruana. Y eso que he intentado estrechar los vínculos, pero mi colectividad es muy cerrada. Una paisana hasta me dijo “Gertrudis, cuando los españoles fueron a robar el oro a Perú, quedó la peor sangre”. Yo le pedí que no dijera eso, pero no hubo caso…

- Le pregunto porque si se cristaliza ese paseo del Altiplano también va a estar enfocado a la comunidad peruana radicada en la zona…

- Claro, pero está difícil el tema. Y eso es lo que le estamos tratando de hacer entender a mi colectividad. Pero a veces tienen razón cuando me dicen ´si esto lo planteamos nosotros ¿por qué van a entrar los peruanos?’. No es así, porque ellos también están ahí y tenemos que compartir y apostar a una convivencia sana. A mí me encantaría que los argentinos, bolivianos y peruanos nos uniéramos en un proyecto común. Nadie es más que nadie, somos todos iguales. Después de haber trabajado tantos años y de haber conseguido todo lo que tengo, no me siento más que nadie. Soy sencilla, humilde, me encanta ser así. Mis hijos tienen mi misma filosofía.

- ¿Están de acuerdo sus paisanos con que usted integre la Cámara de Comerciantes de Liniers?

La gran mayoría sí. Ocurre que con Luis –Lezcano, el presidente de la entidad mercantil local- en un primer momento no nos llevábamos bien, porque a él no le gustaba que mis paisanos dejaran las veredas sucias, y tenía razón. Pero hoy somos grandes amigos y yo lo aprecio un montón. Él me buscó y yo no quería aparecer. Un día me llamó mi hija y me dijo “mamá, si vos reconocés que la colectividad es sucia, bueno, Luis quiere hablarte”. Y nos encontramos, charlamos y hoy estamos los dos tirando para le mismo lado.

Gertrudis también tiene un trato directo y fluido con Norma Andia, la titular de la Federación de Asociaciones Bolivianas en Argentina (FACBOL) que maneja a la comunidad afincada en Soldati. “Ella está muy metida en política, pero también ayuda mucho a la comunidad”, sostiene.

- Otro habitual referente de la colectividad en Liniers era el Dr. Juan Manuel Cervantes ¿tiene algún trato con él?

- Hemos trabajado juntos en algún momento organizando un sistema de seguridad para los comerciantes, poniendo cámaras, pero después cuando asesinaron a balazos a su señora nos distanciamos un poco. Yo creo que en la vida siempre hay que caminar bien, porque sino de arriba nos ajustan la cuerda. No podemos hacer lo que queremos, hay que tener buena conducta.

- ¿Y él no la tuvo?

- Hizo cosas que no corresponden, mucha gente lo sabe.

- En todos estos años en Argentina ¿se sintió discriminada alguna vez?

- Nunca, jamás me sentí discriminada en los 68 años que llevo viviendo aquí, gracias a Dios. Ni de chiquita en la escuela, ni de grande. Siempre fui muy sociable y conversadora. Estoy muy agradecida a este país.

Entre los principales proyectos que está llevando a cabo la Cámara de Comercio de Liniers con el aporte de Getrudis, está el del armado de una cooperativa para que se encargue de retirar los deshechos de los restaurantes de la comunidad que funcionan en Liniers. “La idea es que esta cooperativa colabore con los recolectores de residuos y separe todos aquellos deshechos reutilizables, a partir de una recolección diferenciada”, explica, y amplía diciendo que “para eso, a cada restaurante se le entregará un contenedor especial para aquellos deshechos que va a retirar la cooperativa. Se va a crear una fuente de trabajo interesante para un sector de la comunidad boliviana, que va a estar ocupándose de la limpieza de esa zona y del cuidado del medioambiente”.

- ¿Le parece que llegó el momento de terminar con el descontrol que caracteriza al centro comercial de Liniers?

- Sí, claro. .Por eso me gustaría que se concretara el paseo peatonal de José León Suárez, para que alguna vez esa zona quede ordenada como se merecen los vecinos de Liniers. Ese es mi sueño y voy luchar por eso. Mientras tanto yo hablo permanentemente con mis paisanos para que cuiden la limpieza y no ocupen las veredas que tienen que estar libres, porque la calle es de todos pero depende de cada uno. Ya es hora de respetarnos y aprender a vivir en comunidad.


Ricardo Daniel Nicolini





LA MUJER QUE MARCA EL RITMO DE LA COMUNIDAD BOLIVIANA EN LINIERS


Gertrudis Lara nació hace 70 años en Arbieto, un pequeño pueblito perteneciente a Cochabamba. Para entonces, sus abuelos ya estaban radicados en Jujuy. “Cuando yo tenía dos años, mi familia también decidió partir hacia Argentina y nos instalamos en Mendoza. Allí estuvimos varios años trabajando en las cosechas, hasta que en 1962 nos vinimos a Buenos Aires”, cuenta Gertrudis y asegura que aquellos primeros tiempos en la gran ciudad, no fueron para nada fáciles. “Mi papá no conseguía dónde alquilar, y tuvimos que dormir durante cinco días debajo de unos árboles en San Fernando. La pasamos muy mal, pero después una paisana nos ofreció un lugar en una villa del Bajo Belgrano”.

En ese humilde rancherío que luego los militares desalojaron, creció y se desarrolló junto a sus padres y sus siete hermanos. “Yo soy la segunda, los tres mayores somos bolivianos y el resto argentinos. Silvia y Nelly nacieron en Mendoza, Nelly en pleno auge de la polio, y aún hoy tiene el recuerdo de esa enfermedad en una de sus piernas. María Rosa nació en San Isidro”, evoca, y cuenta que su padre era carpintero en una empresa de hormigón armado.

“Hice la secundaria hasta Tercer Año –aclara-. A la tarde iba al colegio y a la mañana vendía limones y ajos en una feria de Triunvirato y Mendoza, en Villa Urquiza. Desde chica me gustó el comercio. De jovencita vendía ajo y limón al por mayor a las paisanas, iba al mercado donde se remataba la mercadería que venía de Tucumán, Salta, Corrientes, y allí me abastecía”.

Apenas unos años más tarde, a comienzos de los 70’, vino con Alfredo, su hermano mayor, al viejo Mercado de Liniers, donde hoy se erige el shopping. “Le enseñé toda la operatoria comercial de compra y venta. Tenía dos puestos hermosos donde vendía por mayor. Recuerdo que los tanos y los gallegos del Mercado me llamaban ‘la reina del limón´ porque tenía la mejor mercadería. Por aquellos años vivía en Ciudadela. Después también vino mi mamá y puso el primer restaurante boliviano en Liniers, que se llamó ‘El Caipi’”.

Lejos de aquel origen humilde dominado por la pobreza y las carencias, hoy Gertrudis es madre de tres hijos (dos varones estudiantes universitarios y una hija abogada) y, con una situación económica holgada, dedica sus días a encarrilar los destinos de su comunidad que –como ella- ha hecho de Liniers, su lugar en el mundo.



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