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VACUNARSE, LA ÚNICA FORMA DE PREVENIR EL SARAMPIÓN


13/9/2019

El Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires acaba de lanzar una campaña para prevenir la propagación del virus del sarampión, considerada una de las enfermedades virales más contagiosas, que se propaga a través de la tos y los estornudos. La campaña se desarrolla en todos los hospitales y los centros de salud porteños, donde la vacuna se aplica en forma gratuita a toda la población que integre los grupos de riesgo.


El sarampión es una enfermedad viral muy contagiosa y potencialmente grave, que se propaga fácilmente cuando la persona infectada elimina secreciones respiratorias al hablar, toser o estornudar. También se contagia a través del contacto personal íntimo. Puede presentarse en todas las edades, siendo los niños los más afectados, al punto de agravarse seriamente en los niños pequeños e inmunocomprometidos. Además, puede causar graves complicaciones respiratorias como neumonía o enfermedades del sistema nervioso central.


Los síntomas más habituales del sarampión son la fiebre alta, las secreciones nasales, la conjuntivitis y la tos, además de las visibles erupciones en la cara y el cuello, que luego se van extendiendo al resto del cuerpo, como el tórax y los pies. Quines presenten éstos síntomas deben consultar a un médico a la brevedad.


No existe ningún tratamiento antiviral específico contra el virus del sarampión. Por lo tanto, a la hora de prevenirlo, es necesario corroborar los carnets de vacunación de los niños y niñas y confirmar, de acuerdo a la edad, que aquellos pequeños de entre 12 meses y 4 años acrediten una dosis de vacuna Triple Viral (sarampión-rubéola-paperas). Por su parte, los mayores de 5 años deben acreditar dos dosis de vacuna con doble o triple viral después del primer año de vida. El intervalo mínimo entre dosis es de un mes.


Asimismo, aquellos niños que viajen a zonas endémicas o con circulación del virus, deberán recibir una dosis de vacuna triple viral a partir de los seis meses de edad, dos semanas previas al viaje. Luego esta dosis debe repetirse al año y al ingreso escolar.


Por otra parte, las personas nacidas antes de 1965 no necesitan vacunarse porque son considerados inmunes. Por lo tanto, todos los adultos nacidos después de 1965 deben acreditar dos dosis de vacuna con Doble o Triple Viral. Las embarazadas y las personas inmunocomprometidas, no obstante, no deben vacunarse por tratarse de una vacuna a virus vivo atenuado.


Como se sabe, la vacuna Triple Viral (que protege contra los virus de sarampión, rubeola y parotiditis) es muy eficaz y está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación. Su aplicación es obligatoria a los 12 meses de edad y al ingreso escolar (5 años).


Vale subrayar que la vacunación no sólo confiere protección individual, sino que además genera inmunidad colectiva. Es decir que vacunarse es también cuidar al otro y evitar que este virus regrese.


Esta vacuna está disponible en todos los vacunatorios de hospitales y centros de salud de la Ciudad, y como pertenece al Calendario Nacional de Vacunación, no requiere orden médica.


En el ámbito de la Comuna 9 se aplica en el hospital Santojanni (Martiniano Leguizamón 961) todos los días –inclusive los feriados- de 8 a 12:45 y de 14 a 17; y en los centros de salud 4 (Juan B. Alberdi y Pilar, Mataderos, de lunes a viernes de 8 a 13 y de 14 a 16); 37 (avenida de los Corrales y Carhué, Mataderos, de lunes a viernes de 8 a 12:30 y de 13:30 a 17) y 13 (Directorio 4210, Parque Avellaneda, de lunes a viernes de 8:30 a 13 y de 14 a 15:45.


Más información al teléfono 4630-5791/2.

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"TU MANO SUMA": SOLIDARIDAD EN CARNE PROPIA


30/8/2019

Si bien Alexandra (40) y Anabella (35) ya habían participado en distintas campañas solidarias, nunca se habían organizado como familia para generar un grupo de acción directa que se mantuviera en el tiempo. “A comienzos de julio pasado, cuando empezó la ola polar y Juan Carr profundizó su campaña para que los clubes de fútbol le abrieran sus puertas a la gente de la calle, entendimos que teníamos que hacer algo ya”, cuenta la mayor de las hermanas. Y agrega “como esa noche anunciaban 2° de temperatura nos organizamos para salir a hacer una recorrida por el barrio. Llenamos varios termos con café y mate cocido, compramos facturas y salimos a asistir a la gente que dormía en la calle”.

Desde entonces salen casi todas las noches, sobre todo aquellas donde el frío se hace sentir, a repartir una infusión y un pedazo de torta, un alfajor, galletitas, facturas. Y para terminar de armar la rueda solidaria, comenzaron a solicitar donaciones en sus muros de Facebook, y poco después crearon uno propio, que es “Tu mano suma”.

Luego se fueron sumando más familiares y amigos, como Analía, Jonatan, Érica, Majo y Andrés. “Por lo general salimos a eso de las 23, cuando el frío es más intenso, y volvemos a las 2 o 3 de la mañana”, explica Alexandra. “No vamos a las 20 porque a esa hora hay otros grupos que suelen asistirlos. La idea es acortarles la noche con algo caliente y algo dulce”.

Y entre quienes se acercan a dialogar y colaborar con los sin techo, está Bautista, el hijo de Alexandra, de apenas 9 años. Su presencia no parece ser casual.

“Hace tres años y medio –cuenta mamá Alexandra- un 24 de diciembre que hacía mucho calor, salimos de recorrida con mi hijo y mi ex esposo. Habíamos preparado sánguches y fuimos a repartirlos con gaseosa fría por el microcentro. Queríamos mostrarle a Bauti que había mucha gente que en Nochebuena no tenía una mesa llena de vittel thoné, matambre, ensalada rusa y un árbol lleno de regalos, que había otra realidad. A partir de ahí comprendió que esa gente necesitaba de la ayuda de todos nosotros y hoy la solidaridad le nace naturalmente”.

Algo similar ocurre con la hija de Anabella, que a sus 14 años cursa el Secundario en el Instituto Vélez. “Este invierno llevaron a cabo el proyecto de tejer bufandas, y el primer día que salió con nosotros ella misma se encargó de repartirlas. La idea es crear conciencia y multiplicar voluntades”, explica, y luego remarca “nos gustaría no tener que hacer esto, pero la realidad nos muestra que no podemos quedarnos de brazos cruzados”.

Algunas empresas ya se sumaron a la cruzada: Lumilagro les donó doce termos, Las Marías les envió té y yerba mate, y Jorgito les donó alfajores. “Hacemos esto porque lo sentimos, sin ningún tipo de bandería política”, aclara Alexandra para evitar suspicacias. “El único incentivo que tenemos es el de la solidaridad, las ganas de ayudar y el amor al prójimo. Somos conscientes de la durísima situación que está viviendo mucha gente y decidimos actuar en consecuencia. A nosotros no nos sobra nada, pero por suerte tenemos trabajo, un techo y un plato de comida. Y como sabemos que hay gente que no los tiene y la está pasando mal, nos sentimos en la obligación de tenderles una mano”.

En estos casi dos meses de labor, ya lograron establecer un contacto afectivo con mucha gente a la que llaman por su nombre. “Al principio no se abrían mucho –recuerda Anabella- pero cuando les contamos que somos una familia y amigos, todo se hace más simple. Nosotros no los interpelamos, les preguntamos qué necesitan y en qué podemos ayudarlos. Les preguntamos, por ejemplo, cuánto calzan, después publicamos el pedido específico en nuestro muro y al día siguiente le llevamos las zapatillas”.

Hoy la cruzada continúa. Siguen juntando frazadas, ropa de abrigo, calzado, alimentos no perecederos, té, mate, azúcar, galletitas y bizcochuelo. “A una mujer le dimos manzana pero no tenía dientes, por eso preferimos repartir vainillas y bizcochuelo”, explican.

Las donaciones que luego reparten las van ubicando en la oficina de Liniers de Cosquín 10 4° B, en la que trabajan. “El portero del edificio ya nos conoce, y a veces, cuando no estamos, le dejan ropa o cosas a él. Este es nuestro bunker solidario”, coinciden. De hecho hay familias que se acercan hasta allí a retirar cosas. “Es gente con trabajo y familia pero que tiene que optar entre comer o vestirse”, grafican. “También viene gente muy humilde que nos trae la ropa de sus hijos que ya les va chica y se lleva otra más grande que puedan usar. También vienen a buscar pañales y leche”.

Contagiar voluntades, esa es la clave. Por eso necesitan seguir sumando manos que les permitan continuar esta cruzada solidaria, ya sea con donaciones o participando de las recorridas nocturnas. Se los contacta por Instagram y Facebook: Tu Mano Suma, y al teléfono (11)6292-5856. “Cuando salimos a repartir y nos dan las gracias, siempre les decimos ‘la gente del barrio nos ayuda a ayudarlos’ y ellos sonríen”.


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DORMIR Y MORIR EN LA GUARDIA DEL SANTOJANNI


30/8/2019

Una mujer sin techo que pasaba las noches allí falleció de sarna. Un grupo de voluntarios instó a que la asistieran pero ya era tarde


Desde hace un tiempo, la Guardia del hospital Santojanni se convirtió en el techo –el único techo- de decenas de personas. Son hombres y mujeres que lo han perdido todo, hasta los sueños. Cualquiera que se acerque pasadas las 21 podrá encontrarlos acurrucados en las sillas o en los rincones de la sala de espera. Allí intentan conciliar el sueño sin tener que lidiar con el rigor del frío y los peligros de la calle, al menos por unas horas.

Son más de veinte personas que diariamente eligen el hospital de Liniers para pasar la noche. “Algunos vecinos se quejan porque, es cierto, la guardia del hospital no es un hotel sino un lugar para atender emergencias, pero hay que entender que esa gente no tiene dónde estar”, intenta argumentar Alexandra, como si hiciera falta. Ella, junto a su hermana Anabella, le dieron forma a “Tu mano suma”, un emprendimiento solidario al que luego se fueron sumando voluntades. Juntas recorren cada noche las calles del barrio para asistir a aquellos que lo han perdido todo.

Uno de los puntos obligados de la recorrida es la Guardia del Santojanni, cónclave de almas en pena a las que Alexandra y Anabella logran encenderles la mirada. Sin embargo, un hecho tan luctuoso como paradójico transformó la solidaridad en noticia: Estela, una mujer que solía dormir en la Guardia, murió allí mismo como consecuencia de la falta de atención médica.

“Estela era una señora de unos 50 años que solía estar en las sillas de adelante. Cuando nos veía llegar nos pedía un sanguche y un mate cocido. Un día se nos acercó y en voz baja, con vergüenza, nos pidió que le consiguiéramos ropa interior”, relata Alexandra, y ahora es a ella a quien le brillan los ojos. “La última vez que la vimos fue el jueves 18 de julio. No tenía buen aspecto, estaba muy caída. Ese mismo día había sacado un número en la Guardia para que la revisaran, pero ningún médico la atendió”, completa su hermana Anabella. Dice que la persona de la ventanilla no creyó importante que la atendieran. “Ustedes siempre se sienten mal”, asegura que suele repetir del otro lado del vidrio.

Ya el domingo 21 se acercó otro grupo del barrio que también suele asistirlos con comida e infusiones, y como vieron a Estela en muy mal estado, le exigieron al personal que la atendieran, bajo amenaza de iniciar una denuncia en la Fiscalía por abandono de persona. Finalmente se acercó un enfermero y la trasladaron. Quedó internada con una infección generalizada a raíz de la sarna que padecía y el miércoles 24 de julio falleció. “No podemos creer la desidia de la gente de la Guardia, desde los administrativos hasta los médicos. A Estela la ignoraron, le pasaron por al lado y no se dieron cuenta que se estaba muriendo, prefirieron mirar para otro lado”, dispara con la voz quebrada Anabella. “Esta gente se volvió invisible –agrega Alexandra- y no sólo para el Estado, sino también para muchos de nosotros”. Recuerda un caso similar ocurrido en el hospital Posadas, cuando un indigente apareció muerto en un pasillo. “Estuvo diez horas tirado y todos pensaban que estaba durmiendo”.

Como Estela padecía sarna, luego debieron desinfectar la Guardia y recetarle antibióticos de manera preventiva a toda la gente que la acompañaba. Pero no todos los tomaron, porque no les suministraron los medicamentos, sino que debían comprárselos ellos.


Vidas invisibles


Cada vida es un mundo, y el mundo de Estela no es el único que late –o latía- en la Guardia del Santojanni. Graciela y Cristina trabajan limpiando casas, pero no les alcanza para alquilarse una pieza. A ellas las dejan bañarse y lavarse la ropa en los hogares donde trabajan. “El Gobierno les da un subsidio habitacional, que son cinco mil pesos por única vez –explica Anabella- pero como contraprestación les piden que presenten una factura A. Y las pensiones que las entregan están arriba de los 8 mil pesos, entonces les resulta imposible alquilar algo”.

Juan Manuel sí pudo alquilarse una pieza, y lo logró primero limpiando las vidrieras de varios locales comerciales y después vendiendo trapos y lamparitas. “Hoy está viviendo en una pensión y nosotros le llevamos ollas, cubiertos, platos y vasos”, cuenta Alexandra y dice que le molesta cuando escucha eso de que ‘acá no labura el que no quiere’. “No es así –enfatiza-. Su condición estética los limita mucho lamentablemente. Si no les permiten ingresar a un baño, menos los van a evaluar en una entrevista laboral”.

Es que la apariencia física y el aseo personal son condicionantes ineludibles. “Acá en Liniers –explica Anabella- el único lugar que tienen para bañarse es San Cayetano, sino se tienen que ir a otro parador en Ituzaingó, y para eso tienen que pagar un pasaje”. En definitiva “no es que no quieran bañarse y vestir ropa limpia, el tema es que no tienen cómo ni dónde hacerlo”, sintetiza.

Anabella sostiene que, de un tiempo a esta parte, la gente que vive en la calle se ha convertido para muchos en parte del paisaje porteño. “Tenemos que lograr que dejen de ser invisibles, como Estela”, enfatiza Alexandra, y remarca una situación que se repite como una radiografía social “muchas veces, cuando le llevamos eso que nos pidieron el día anterior, nos dicen ¡te acordaste de mí! Y ese es el secreto, acordarse de que existen y actuar en consecuencia”.


Ricardo Daniel Nicolini


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