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UN ÁNGEL DE GUARDAPOLVO BLANCO


02/01/2020

Olga Araujo lleva casi cuatro décadas como enfermera del Santojanni. Una historia de entrega y dedicación al servicio de los pacientes


Pasaron casi 39 años desde que, a principios de 1981, Olga Araujo comenzó a desempeñarse como enfermera en el viejo hospital Salaberry. Pero poco después, cuando el intendente Osvaldo Cacciatore decidió iniciar la demolición de ese verdadero ícono de la salud mataderense, fue trasladada al Santojanni, donde se desempeña desde entonces. Además, hace veintidós años que es docente de la Escuela Superior de Enfermería Cecilia Grierson.

En un alto de su trabajo, Olga se hace un tiempo para compartir un café con Cosas de Barrio en el bar ubicado frente a la Guardia del hospital, y desgranar su experiencia en un área donde la dedicación, el servicio y el amor a la profesión, resultan un elemento clave en la atención del paciente. “Desde que empecé a trabajar como enfermera se produjeron cambios significativos en la forma de brindar cuidados al paciente. Se avanzó porque la ciencia avanzó. Hubo acciones que se dejaron de hacer y otras que se incorporaron, por ejemplo en la detección de un paciente diabético. Ahora una gotita de sangre alcanza para el test de glucemia, es más rápido y preciso. Además, a partir del descubrimiento del VIH Sida, comenzamos a usar más medidas de protección, como los guantes y los elementos descartables”, explica esta acérrima defensora del hospital público, con el paisaje del Santojanni como telón de fondo.

- Desde hace un tiempo se dice que faltan enfermeras en los hospitales ¿Esto es así?

- Sí, es cierto. Faltan enfermeras. De hecho hay servicios que se cubren con horas extras o trabajando los francos ya estipulados. La escasez de enfermeras es una constante desde hace varios años.

- ¿Y cuál es la causa?

- Una de las causas es que se trata de una carrera muy poco promocionada. Otra es que el sueldo no está equiparado con las condiciones de trabajo, que implica una gran carga horaria con una dedicación exclusiva a los pacientes y una atención minuciosa en el suministro de medicamentos, que no admite errores. Pero además, nos tenemos que multiplicar porque la cantidad de pacientes a atender se incrementa permanentemente. Y esto no es bueno, porque nos vemos obligados a dedicarle menos tiempo a la atención significativa del paciente. Por ejemplo, un paciente que sufrió un ACV, padece diabetes o problemas renales, necesita controles frecuentes. De hecho, la Ley de Enfermería dice que debemos cuidar al paciente, y cuidar significa cuidar todo, la atención debe ser holística, integral, y eso lleva mucho tiempo.

La ley que menciona Olga fue sancionada el 10 de noviembre de 1993, y define a la Enfermería como una carrera. Es decir que, desde entonces, dejó de ser una profesión bajo el amparo del médico, para pasar a ser una licenciatura, que se dicta en la UBA y en la Universidad de Rosario.

- Siempre se dijo que lo mejor que tiene el hospital público son los profesionales ¿Se reconoce esa importancia en el personal de enfermería?

- Lamentablemente no lo sentimos así. El personal de enfermería está capacitado, hay quienes tienen profesorado, algunos, maestría, pero no es reconocido por el Gobierno de la Ciudad. La licenciatura en Nutrición, por ejemplo, sí es reconocida, pero la nuestra no. Y eso es discriminatorio, teniendo en cuenta además que el 80% del personal de enfermería somos mujeres. Da mucho que pensar. Pareciera que el enfermero es un elemento de descarte no un profesional capacitado para asistir en todo momento al paciente.

- ¿Se las capacita para brindarle un buen trato al paciente?

- No. Se nos capacita a nivel científico, la currícula tiene ética en enfermería, pero a nivel psicológico falta, ya que no es lo mismo tratar a la familia de un paciente internado por una hernia que a la de otro con una patología oncológica o en fase terminal. Eso nos moviliza como seres humanos.

Olga habla y se le humedece la mirada, como si de pronto volviesen a su mente las imágenes de esos 23 años en los que se desempeñó en la Terapia Intensiva del Santojanni. “Es difícil –sostiene apesadumbrada-. Vi curarse, vi morir gente. La familia vive en un estado de tensión permanente, al ver a su ser querido conectado entre la vida y la muerte. Por eso nosotros debemos tener un espíritu especial”. Olga dice que de esa experiencia le quedó una enseñanza marcada a fuego: “a la vida hay que sostenerla hasta el último minuto”. Y luego profundiza al respecto. “Ninguna muerte es igual a otra. Para mí es un honor tener la responsabilidad de cuidar a una persona en total estado de indefensión y de necesidad. Es un desafío, una pelea cuerpo a cuerpo contra la muerte”.

- Supongo que en ese marco de tensión permanente también habrá momentos reconfortantes…

- Sí, claro. Me ha pasado de encontrarme con pacientes en la calle o en los pasillos y no reconocerlos porque la imagen que tenía de ellos era acostado y llenos de cables. Esas son sorpresas agradables, reconfortantes. También me ha pasado que alguien grabe en su memoria algunas frases dichas por mí. Una vez, un paciente que había estado en Terapia Intensiva, al que le vivía diciendo que no bajara los brazos y que siguiera peleando por la vida, me lo crucé por la calle. Iba trajeado y no lo reconocí. Entonces me paró, me dio un beso y me agradeció por ese impulso. Eso es lo más gratificante.

- Una caricia al alma…

- Es que el paciente es agradecido en general. Claro que en ocasiones alguno puede irse enemistado, por eso cuando ocurre esto es bueno conversar con ese paciente, porque su historial, la manera en la que vivió el ingreso y la estadía en el hospital pudo haber sido traumática. Entonces poder dialogar y tratar de entender juntos lo que pasó, lograr que el paciente entienda que no se trató de falta de voluntad, resulta fundamental.

No hay dudas, la tarea del enfermero es estresante, sufre en la atención del enfermo, y padece el proceso de su enfermedad casi a la par de él. “Trabajamos todos los días con la enfermedad, con la muerte, con el dolor. Y el sólo hecho de ver cómo se desgasta, se apaga día a día una vida, nos genera una angustia muy grande. Somos humanos y sabemos que nosotros podríamos estar allí”, dice Olga, y luego aclara “a veces debemos separarnos un poco de esa situación para no llegar a padecer el síndrome de Burnout, por agotamiento mental derivado del stress laboral, porque no tenemos un sostén psicológico, algo que sería más que necesario, ya que tenemos un desgaste mental muy grande”.

- Además a esos episodios hay que sumarle algunos hechos de inseguridad ¿verdad?

- Sí, es de público conocimiento que aquí en el Santojanni hubo episodios de inseguridad, con agresiones, especialmente en la Guardia. Ocurre que hay personas con algún tipo de violencia, sumado a que la situación socioeconómica genera cierta rispidez, y a que nosotros no estamos preparados para sostener esa violencia. Varias veces hemos sido víctimas de la violencia y eso significa trabajar con un peso extra, nos quita la tranquilidad que necesitamos para desempeñar correctamente nuestra labor, nos genera aún más stress del habitual.

Las guardias prolongadas son otro de los escollos con los que una enfermera debe toparse. No obstante, para Olga no parecen ser una incomodidad. “Soy feliz de compartir con todo el equipo de salud esas noches interminables de la guardia, luchando contra el cansancio, las urgencias y los accidentes. Poder discutir, armonizar y acordar, garantiza que el paciente se sienta mejor. Recuerdo los matecito a las corridas, o compartir noches enteras en Navidad o Año Nuevo porque había que estar allí”, expresa.

Así y todo, Olga sabe que eligió la profesión correcta. “No sería otra cosa que enfermera –enfatiza- porque es mucho más que una carrera, es una vocación”. Y a modo de sentencia final, resume, “un enfermero es alguien con el corazón firme y tranquilo dispuesto a ofrecérselo a los demás”.


Josefina Biancofiore


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CUANDO CALIENTA EL SOL


21/1/2020

Ante las altas temperaturas que por estas horas azotan a la Ciudad, el Ministerio de Salud porteño Aires recomienda tomar los cuidados necesarios para prevenir los efectos del golpe de calor. Aquí todos los detalles.


Debe tenerse en cuenta que el golpe de calor puede afectar a personas de cualquier edad, pero los grupos de mayor riesgo son los niños -que no manifiestan sus síntomas con facilidad- y los mayores de 65 años. Por eso, ante dolores de cabeza, vértigos, náuseas, confusión, convulsiones y pérdida de conciencia; piel enrojecida, caliente y seca; respiración y pulso débil, y elevada temperatura corporal (entre 41 y 42 grados centígrados) el Ministerio de Salud recomienda actuar de la siguiente manera:


Trasladar al afectado a la sombra, a un lugar fresco y tranquilo.


Hacer que mantenga la cabeza un poco alta; intentar refrescarlo mojándole la ropa, aplicarle hielo en la cabeza; darle de beber agua fresca o un poco salada; y solicitar ayuda médica.


Por otra parte, para evitar los efectos del intenso calor se recomienda: aumentar el consumo de líquidos sin esperar a tener sed para mantener una hidratación adecuada; no exponerse al sol en exceso, ni en horas centrales del día (entre las 10 y las 17 horas); evitar las bebidas alcohólicas o muy azucaradas; evitar comidas muy abundantes; ingerir verduras y frutas; reducir la actividad física; usar ropa ligera, holgada y de colores claros; sombrero y anteojos oscuros; y permanecer en espacios ventilados o acondicionados.


Vale subrayar que no existe un tratamiento farmacológico contra el golpe de calor y sólo los métodos clásicos, citados anteriormente, pueden prevenirlo y contrarrestarlo. Claro que, en caso de urgencia, no deberá dudarse en llamar al 107 (SAME).


Los cuidados de la piel en el verano


Con la llegada del verano, las personas estamos más expuestas al sol. Por eso, es muy importante tomar ciertas precauciones.


Existe la idea equivocada de que el bronceado es saludable. Sin embargo, la exposición solar, a través de las radiaciones ultravioletas (UV), puede producir graves daños en la piel. Algunas lesiones aparecen en forma inmediata, como las quemaduras y las ampollas; otras -como el envejecimiento prematuro de la piel, las manchas y hasta el cáncer de piel- se pueden presentar a lo largo de los años, ya que los efectos nocivos de estas radiaciones se acumulan en el tiempo.


¿Cómo disfrutar del aire libre? Fundamentalmente sin exponerse al sol entre las 10 y las 17 horas; usando protector solar FPS 15 como mínimo, incluso los días nublados, y aplicándolo 30 minutos antes de exponerse al sol (los niños y bebés necesitan mayor protección); y colocándose sombrero, ropa y anteojos.


Además, vale tener en cuenta que exponerse al sol en dosis pequeñas y frecuentes, broncea mejor que una exposición prolongada y aislada. Siempre es recomendable tener a mano la sombra de un árbol, techo o sombrilla, sabiendo que las nubes dejan pasar el sol, y que la arena, el agua y la nieve aumentan su acción. Respecto al protector solar -pantalla que impide la agresión de los rayos ultravioletas- el factor de protección mínimo es el 15. De acuerdo al tipo de piel y antecedentes, el dermatólogo podrá indicar el protector más adecuado. Pero para que la protección sea efectiva, el protector debe aplicarse cada dos horas y después de cada baño, ya que pese a que se presenten como resistentes al agua, igualmente pierden sus propiedades.


Si está en la montaña, en el agua o navegando, es recomendable utilizar cremas con factor de protección mayor a 30, aplicado en forma pareja en todas las áreas expuestas del cuerpo; incluyendo orejas, nuca y partes calvas de la cabeza.


En lo que hace al cuidado de bebés, se debe evitar que estén expuestos a la radiación solar en forma directa, y tener mucho cuidado ya que el reflejo de los rayos en la arena y en el agua pueden quemarles la piel aunque estén bajo la protección de una sombrilla. En este sentido, los menores de seis meses no deben exponerse al sol directo y no deben utilizarse en ellos filtros solares. La protección del sol debe realizarse desde el nacimiento y continuar toda la vida por los efectos acumulativos. Por eso, en caso de detectar cambios en la piel, se recomienda realizar un control dermatológico para la detección temprana de lesiones.

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