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EL SANTO QUE ATIENDE EN LINIERS

Editorial

23/08/2017


La fila se pierde en lo profundo de la noche. Lo que al comienzo se muestra como una apretada sucesión de cuerpos, de pronto se convierte en un cordel oscuro y desparejo, que espera ansioso por comenzar a moverse. Hasta que finalmente, como cada 7 de agosto cuando las agujas del reloj se confunden en lo más alto, las puertas del santuario se abren de par en par y el cordel inicia su rítmico serpenteo. Mientras, el frío cielo linierense se ilumina con cientos de fuegos artificiales para celebrar la llegada de una flamante y renovada esperanza.

Él sabe que vienen por él. Tal vez por eso está siempre allí: estoico, impávido, inmaculado. Sus ojos siempre están clavados en los de ellos. Los mira fijo, los interpela con una rara mezcla de entusiasmo y de ternura. Dicen que tienen una profundidad especial, como si les desnudara el alma. Y ellos le devuelven la mirada y le hablan con los ojos, ojos fascinados y húmedos de emoción, de alegría, de tristeza, de impotencia, de desaliento, de esperanza.

A él y a ellos los separa un vidrio grueso, capaz de contener decenas de miles de huellas digitales, que allí no son más que el ADN de manos abiertas que imploran su bendición.

Y dicen que él los bendice a todos, y no hay forma de no creerles. Dicen que por más de que esté en un pedestal, está a la altura del dolor y de la esperanza de todos ellos. Igual que el Niño Jesús, que carga entre sus brazos. Dicen que es el único capaz de interceder por ellos, para lograr que lo oscuro se vuelva diáfano, que el desaliento se transforme en esperanza. “Trabajo” es la palabra que más retumba en las naves del santuario. “Trabajo” puede leerse en los labios entreabiertos de los fieles. Y entonces aquello que en ocasiones acosa como un yugo, se vuelve una necesidad imperiosa capaz de dignificar y enaltecer al ser humano.

Para muchos, él es el termómetro de la situación social del país, y los fieles los encargados de hacerle subir la temperatura. Entonces, depende quién los cuente, la fiebre será alarmante o no pasará de una febrícula. Pero para él los fieles no son un número, son personas de carne y hueso que cargan a diario con el pesar del desaliento, el mismo que él intenta revertir en ilusión.

Pero para lograr esa compleja misión –la misma que varios funcionarios políticos no alcanzan siquiera a esbozar- no está solo. Porque más allá de los festejos patronales desarrollados cada 7 de agosto, el Santuario de Liniers les tiende su mano amiga a los fieles durante los 365 días del año. Y lo hace a través de “La Casa del Santuario”, el anexo que se ubica en Cuzco 220, pegado al colegio parroquial.

Allí funciona, por ejemplo, el comedor comunitario, en el que de lunes a viernes cenan más de un centenar de personas, mientras que otras 90 retiran viandas para ellos y sus hijos. En otro sector se clasifican las ofrendas de los peregrinos, y miles de kilos de alimentos no perecederos, junto a enormes bolsas de ropa y calzado, son distribuidos a diario en distintas diócesis de Argentina. También se entregan gratuitamente medicamentos y algunos se distribuyen a otras farmacias sociales. En el primer piso se ubica la Oficina de Empleo, cuyos responsables se ocupan de contactar vínculos laborales en distintos rubros, a partir de la bolsa de trabajo que funciona en esa sede, además de brindar capacitación laboral en distintas disciplinas. Por su parte, los trabajadores sociales atienden las demandas de personas con necesidades múltiples y un grupo de psicólogos ofrece consultas sin cargo, mientras jóvenes docentes se dedican a alfabetizar a aquellos que no tienen estudios primarios. Junto a ellos, los abogados del Ministerio de Justicia de la Nación atienden consultas gratuitamente.

Todos conforman un equipo que hace de la solidaridad y la entrega un estilo de vida. Mientras tanto, él, San Cayetano, sigue allí: impávido, estoico, inmaculado. Gracias a Dios…


Lic. Ricardo Daniel Nicolini


(cosasdebarrio@hotmail.com)




 
STAFF COSAS de BARRIO

Año XX - Nº 175 - Segunda Epoca
Agosto 2017

Editor Propietario
Lic. Ricardo Daniel Nicolini
Director General
Lic. Ricardo Daniel Nicolini
Jefe de Redacción
Ricardo Omar Nicolini
Redactores
Florencia Cunzolo, Carlos María Caron, Arq. Raúl Fioressi, Julieta Gómez, Nelly Pareja de Rodriguez, Héctor Robles, Ignacio Messina y Alejandro Perrotta.
Colaboradores
Carlos Mazzino, Gloria Benito, Liliana Nicolini, Fernando Aresse Tomadoni, Fabián Peroni.
Fotografía: Alejandro Isusi, Gloria Benito
Dpto. de Promoción: Alicia Egaña
Arte y Diagramación: Ivana Giuliani
E-mail: ivanagiuliani@hotmail.com

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