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ATRAPADO SIN SALIDA

Editorial

22/06/2018

La barrera de Cuzco está baja, como casi siempre. Ahora, al menos, no tiene colgado el cartel de “clausurado”, que obliga a retomar y rumbear hacia la Autopista para luego cruzar las vías por el nudo de la General Paz. Son las 6 de la tarde y esta zona de Liniers es un hormiguero humano. La gente que baja de los colectivos en Francisco de Viedma y encara hacia Rivadavia, se choca y se cruza con los que se agachan y pasan por debajo de la barrera camino hacia Juan B. Justo.

Hace casi diez minutos que la chicharra suena y suena sin parar. Ya pasaron dos trenes, pero ese taladrante y monocorde sonido jamás se detuvo. Sin embargo, el semáforo que se yergue junto a la equis que anuncia el paso a nivel, va alternando los colores como si nada. Estoy tercero en la doble fila que se extiende en caravana hasta más allá de San Cayetano. Adelante mío se ubica un enorme camión de mudanzas, seguido por un Duna rojo gasolero que fuma más que Menotti. Nadie apaga los motores, porque suponemos que la apertura de la barrera será inminente. Enciendo la radio y un locutor informa sobre el estado del tránsito. Dice que las obras del Centro de Trasbordo sobre Rivadavia son “un verdadero caos de autos”. “Gracias”, murmuro aunque no me escuche, mientras golpeteo los dedos sobre el volante, y me acuerdo del soterramiento del Sarmiento, cuya portentosa tuneladora ya está llegando a Ciudadela.

Otro tren se aproxima desde el Oeste y se apresta a detenerse en el andén provisorio de la Estación. De pronto Cuzco vuelve a estallar de gente ¿Alguna vez habrá estado desierta? Tal es el apuro de la mayoría, que hasta se chocan con los autos tratando infructuosamente de ganarle al tiempo. Y mientras mi mirada se pierde en esa enardecida marea humana, como una bendición divina la chicharra se detiene y el silencio me saca del letargo, al tiempo que la barrera comienza a levantarse. Ahora se escuchan las aceleradas de los autos que se disponen a salir del atolladero. Pero no será fácil, el semáforo acaba de cambiar a rojo, y aunque los bocinazos de los conductores pretendan teñirlo de verde como por arte de magia, sigue tan colorado como pelirrojo con vergüenza.

Sin embargo luego de unos pocos segundos de insistencia, el camión accede al reclamo generalizado y haciendo la vista gorda se encamina hacia las vías. El auto que está a su lado lo imita y el Duna rojo también. De paso lanza una espesa bocanada de humo que agradezco con una puteada de salón. Claro que al llegar a Rivadavia se ven obligados a detenerse, porque el nutrido tránsito que va hacia Provincia ni siquiera amaga con frenar su marcha lenta pero segura. Y como para completar la escena, a los autos detenidos se les suman decenas de peatones, que también pugnan por cruzar. Yo me adelanto apenas unos metros, hasta la altura de la barrera, y soporto estoico el coro polifónico de bocinas, además de algún insulto, aunque en este caso más opulento que el mío. Pero de pronto el sonido cambia radicalmente cuando la chicharra vuelve a aparecer en escena y con ella las dos barreras comienzan a descender nuevamente. El camión alcanza con esfuerzo a avanzar un par de metros y logra que, al menos, la barrera aterrice por debajo de la lona que lo recubre y quede casi pegada a su paragolpes trasero. El auto que está a su lado aprovecha y hace lo propio, pero el Duna queda atrapado sobre las vías, las mismas por las que avance desde Once la próxima formación.

Ahora a la chicharra se le suma la particular sirena del tren que está a menos de 200 metros. Se encienden las luces de marcha atrás del Duna, y el auto recula casi hasta la mitad del paso a nivel, apenas un par de segundos antes de lo que hubiera sido un choque fatal. Respiro aliviado y pienso si no se podría coordinar el semáforo para evitar otra situación como esta, o si alguna vez nos acostumbraremos a respetar las señales de tránsito.

Ahora sí el semáforo se pone verde, pero la barrera está baja. Paciencia...



Lic. Ricardo Daniel Nicolini

(cosasdebarrio@hotmail.com)



 
STAFF COSAS de BARRIO

Año XX - Nº 184 - Segunda Epoca
Junio 2018

Editor Propietario
Lic. Ricardo Daniel Nicolini
Director General
Lic. Ricardo Daniel Nicolini
Jefe de Redacción
Ricardo Omar Nicolini
Redactores
Florencia Cunzolo, Carlos María Caron, Arq. Raúl Fioressi, Julieta Gómez, Nelly Pareja de Rodriguez, Héctor Robles, Ignacio Messina y Alejandro Perrotta.
Colaboradores
Carlos Mazzino, Gloria Benito, Liliana Nicolini, Fernando Aresse Tomadoni, Fabián Peroni.
Fotografía: Alejandro Isusi, Gloria Benito
Dpto. de Promoción: Alicia Egaña
Arte y Diagramación: Ivana Giuliani
E-mail: ivanagiuliani@hotmail.com

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