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¿INTERVENTORES EN LOS HOSPITALES PORTEÑOS?

Editorial

26/01/2019

Se sabe, los hospitales públicos son entidades deficitarias por definición, su noble misión es salvaguardar y responder por la salud integral de los ciudadanos, algo tan básico e indispensable como eso. Entonces resulta lógico y natural que menos del 5% del sistema hospitalario público porteño se cubra con fondos propios, surgidos del pago de obras sociales y prepagas, y el resto, con Rentas Generales que deben incluir también la adquisición de equipamiento. Sin embargo, a comienzos de diciembre pasado el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta elaboró el Decreto 409, por el que designó a veinte funcionarios con el rango de “directores de gestión administrativa hospitalaria” -no necesariamente médicos- que actuarán como virtuales interventores de los principales hospitales porteños.

El decreto dispone que 16 de los veinte nuevos directores estén a cargo de los hospitales más importantes, entre ellos el Santojanni, y que los otros cuatro se repartan las funciones de los 16 nosocomios restantes, cuatro hospitales cada uno.

Mientras tanto, los actuales directores de los hospitales entienden la medida como una intromisión y creen adivinar en ella un modelo de gestión privada, incompatible con la esencia de los centros que administran. Como sea, queda claro que el gobierno porteño desconfía de cómo desarrollan su labor o, por lo menos, no los cree capaces de iniciar un ajuste como el que exigen desde el FMI.

Según lo establecido en el decreto, todas las áreas que tienen que ver con el financiamiento del hospital van a quedar en manos de estos nuevos funcionarios –que aún no han sido designados- con lo cual, su peso va a resultar decisivo. Los médicos se oponen a que estos administradores, que juzgan ajenos al conocimiento de la salud y les atribuyen la figura de CEOs, tengan poder sobre decisiones trascendentes, como la compra de equipamiento o la configuración de los turnos.

Además, aunque los nuevos funcionarios ostentarán el mismo escalafón jerárquico que los directores generales, no tendrán, como ellos, responsabilidad penal sobre las decisiones.

Desde el Ministerio de Salud, por su parte, exponen como principal argumento del decreto el tema de la cobranza a prepagas y obras sociales, “algo que a veces no se hace sólo porque el hospital es gratuito, pese a que el paciente es afiliado. No queremos que OSDE sea más rentable de lo que es porque el sistema no le cobró”, sostienen.

También se expresó al respecto la Asociación de Médicos Municipales (AMM). En un comunicado remarcaron que se oponen “a la imposición de una figura extraña al servicio público de salud como máxima autoridad de los hospitales de la Ciudad y a los intentos de responsabilizar a los directores de los hospitales del fracaso de las políticas de salud que se están implementando”. Y advierten que el “recorte de funciones de aquellos que han sido formados en el servicio público de salud para suplantarlos por figuras tecnocráticas, tiene una sola meta: recortar el gasto y las prestaciones en salud”.

El titular de la AMM, Dr. Jorge Gilardi, fue aún más allá y sostuvo sin medias tintas que “se trata de un gerenciamiento”. Y añadió que “es bueno que se controle el gasto y que haya eficiencia en la administración de un hospital, pero en función del director médico, que es quien marca las políticas de salud de un hospital público”. Además subrayó que la entidad que preside no conoció el decreto hasta que fue publicado. “Eso nos llamó mucho la atención, porque estas cosas, siempre es bueno hacerlas con consenso”, expresó.

Una vez más la palabra “ajuste” vuelve a sobrevolar el cielo de los porteños. Y siempre se la asocia a áreas claves para el cuidado y el desarrollo del ser humano. Ajuste y salud pública son dos expresiones que no se llevan bien, porque la primera no sabe de sensibilidad social, ni de igualdad, ni de justicia, sólo de obediencia debida.


Lic. Ricardo Daniel Nicolini


(cosasdebarrio@hotmail.com)



LA SONRISA DEL PODER

Editorial

23/3/2019

Esas bolsas que desde hace algunos años le enmarcan los ojos no van a dar bien en el afiche. Con los índices se estira las patas de gallo pero nota que le cambia la expresión. “Lo importante es mostrarte natural, como sos, y si le podemos dar un poco más de atractivo a esa naturalidad, mejor”, le había dicho el asesor de imagen. No importa, para algo está el photoshop, piensa.

La imagen que le devuelve el espejo es la del hombre con el que convive desde hace 50 años, y sabe que nadie lo conoce mejor que él mismo. “La sonrisa tiene que ser fresca, espontánea. Debe aflorar en todo momento, pero evitando la risotada chabacana, ordinaria", era la otra máxima sugerida por ese tipo que le daba constantes indicaciones pero que jamás las aplicaba para consigo mismo.

En todos estos años jamás se caracterizó por ser un tipo simpático. Los chistes no le causaban gracia, las películas cómicas tampoco. Incluso de chico las interminables sesiones de cosquillas con las que lo torturaba su tío, apenas le arrancaban una mueca arisca de fastidio. Internamente sabía que su sonrisa sólo surgía natural y fresca, ante las desgracias y los infortunios ajenos.

Expone su perfil izquierdo -el que está libre de esos pozos que lo atormentaron en su adolescencia- ante el vidrio del espejo, y ensaya el primer intento de su sonrisa de campaña. Pero las comisuras apenas trepan con esfuerzo sobre sus mejillas, en una expresión forzada. Lo que más lamenta haber perdido en este proceso de transformación para convertirse en el candidato ideal, es su esmerada y prolija barba candado, la misma que solía resguardar con matizador contra el avance de las canas impiadosas. “Lo único que lográs conservándola es ocultar tus facciones, generás distancia con el electorado”, le había lanzado como otra de sus premisas aquel tipo que parecía creerse el dueño del aspecto de las personas. O mejor dicho, del suyo.

Ahora recorre su mentón con el índice y recuerda con nostalgia la frase de Silvia, su secretaria, luego del último encuentro clandestino. “Nada, te hace más varonil, no sé, irresistible”, le había deslizado entre sonrisas de veinteañera, que en vano trataba de ocultar bajo las sábanas. Carraspea, se pasa la lengua por su flamante dentadura y exhibe frente al espejo sus blancos incisivos recién estrenados, antes de ensayar, una vez más, su repetida frase de campaña. “Resguardar la familia como institución básica y fundamental de la sociedad -expresa con tono encendido pero conciliador- será nuestro norte cuando con tu voto nos permitas cumplir tus sueños”. Y su mente y su ego se llenan de aplausos. Todo el cuarto es ahora una inmensa plaza colmada de seguidores que lo bañan de vítores, elogios y hasta corean con entusiasmo su apellido, que es el mismo que el de su padre, un eterno e intrascendente empleado público, y el de su abuelo, un sacrificado inmigrante italiano del gremio de la construcción, del que no heredó ninguna habilidad manual.

Se le infla el pecho de orgullo, pero ni ese regocijo imaginario alcanza a dibujarle una sonrisa. “La imagen de un candidato es la mitad de la campaña. Acordate que una de cada dos personas decide su voto por lo que le transmite un rostro. Las propuestas y los proyectos son giladas que quedan para aquellos a los que les interesa el país ¿y vos te pensás que son muchos?”, le había dicho ese tipo, para después volver a machacar con esa maldita muletilla. “Por eso es importante la sonrisa”.

El sonido agudo del celular lo devuelve al presente. Del otro lado, una voz ronca y conocida le confirma la noticia que aguardaba con ansias. “Quédese tranquilo. La operación de prensa fue un éxito. Lo hundimos. El partido lo tuvo que bajar de la lista”. Sin pronunciar palabra corta la llamada, guarda el teléfono en el bolsillo del saco y levanta su mirada hacia el espejo. Está sonriendo naturalmente. Ahora sí está preparado para triunfar.


Lic. Ricardo Daniel Nicolini


(cosasdebarrio@hotmail.com)



 
STAFF COSAS de BARRIO

Año XX - Nº 191 - Segunda Epoca
Enero 2019

Editor Propietario
Lic. Ricardo Daniel Nicolini
Director General
Lic. Ricardo Daniel Nicolini
Jefe de Redacción
Ricardo Omar Nicolini
Redactores
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Colaboradores
Carlos Mazzino, Gloria Benito, Liliana Nicolini, Fernando Aresse Tomadoni, Fabián Peroni.
Fotografía: Alejandro Isusi, Gloria Benito
Dpto. de Promoción: Alicia Egaña
Arte y Diagramación: Ivana Giuliani
E-mail: ivanagiuliani@hotmail.com

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