TRES TRISTES TRAUMAS

Los locales de la vereda norte de Rivadavia, la casa del Jefe de la estación y el playón utilizado como estacionamiento de colectivos

 

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¿Y después de la clausura qué?. Así se observaba el playón lindero al paso a nivel de Barragán, días después de la clausura en Diciembre pasado. Hoy está tapiado y con destino incierto.

El mítico y querido puente. A punto de cumplir 80 años, el puente peatonal de la Estación Liniers no goza de ninguna protección y su destino es incierto.

De allí surgió, por ejemplo, el proyecto del Centro de Transferencia de colectivos (con seguridad, maniobrabilidad e higiene) del que participarontodos los actores involucrados: Nación, Ciudad, TBA, empresas de colectivos, ONG’s y vecinos. También se impulsó la creación de un museo barrial y centro cultural en la casa de Cuzco 75/85, la normalización del tránsito vehicular mediante la apertura de la calle Francisco de Viedma (desde Madero a Barragán), la mejora y ampliación de accesos norte/sur, la creación de un espacio para la práctica deportiva de los alumnos del Colegio Nacional 13, dos plazas con juegos para niños y sectores para la tercera edad, etc.
Si bien como dice Dante la vida es un sueño y los sueños, sueños son, a los vecinos de Liniers nos vienen durmiendo con frecuencia durante los últimos nueve años y al despertar nos sentimos siempre volviendo a las mismas pesadillas.
Hoy, a la luz de los hechos y con la clausura del predio consumada, surgen del expediente detalles casi mafiosos de la ocupación del lugar. Sin necesidad de entrar en detalle sobre las múltiples atrocidades que llevaron a la clausura –descriptos en la edición de enero de Cosas de Barrio- ahora resulta que el galpón de vehículos particulares con sector destinado a oficina (que hace unos años ocupara una salinera) emplazado en Viedma y Madero el sector ocupado por la empresa Transsportes Nueve de Julio S.A.C., en oportunidad de su inspección se exhibió un permiso precario de uso de espacio, firmado entre Baires Comercial s.a. (¿?) y las empresas de colectivos (21, 34, 108 y 109) en carácter de permisionarios.
Suena al menos curioso que Baires s.a. tenga la potestad del espacio, cuando este no está destinado a la explotación ferroviaria. Menos claro resulta aún que en otro sector del mismo predio con acceso por Barragán, la empresa de transporte 104 s.a. exhibiera una solicitud de habilitación en trámite (lo que no implica la habilitación para su uso) y que, curiosamente, dicho expediente corresponde a otro emprendimiento y trámite distinto. Tan llamativo es el caso como el del expendio clandestino de combustible sin las mínimas condiciones de seguridad, del que surge que la zona sufre contaminación por combustible líquido derramado, con elevada presencia de hidrocarburos en los suelos del predio.
A la fecha, y pese a la magnitud de lo expuesto, la empresa Plaza habría vuelto a utilizar sus oficinas administrativas –clausuradas el 17 de diciembre pasado- cientos de colectivos pululan estacionados sobre la avenida Rivadavia y todas las calles adyacentes al predio. Total ¿qué le hace una mancha más al tigre?
Confiamos que, en alguna oportunidad, las autoridades nacionales, municipales y la empresa concesionaria sus acólitos, deberían darle la razón a los vecinos, apartando daños y olvidos. Sus tataranietos sabrán agradecérselo.

Ricardo Omar Nicolini

 
Del expediente originado por las denuncias de vecinos y de este medio ante organismos nacionales y municipales durante abril de 2007, surge que los lo- cales comerciales instala- dos en la vereda norte de Rivadavia al 11600, son total y absolutamente “truchos”. Así lo manifiestan –en otros términos- las resoluciones y notas emanadas de la CNRT (Comisión Nacional de Regulación del Transporte), la Secretaría de Transporte de la Nación (STN), TBA (Trenes de Buenos Aires) concesionario de la ex línea Sarmiento, y la Dirección General de Fiscalización de Obras y Catatro del Ministerio de Gobierno porteño.
Con fecha 5 de junio de 2008, y ante la presión de la CNRT, TBA respondió con evasivas respecto a su responsabilidad sobre la construcción de locales co- merciales ubicados sobre la avenida Rivadavia y las vías, entre el paso a nivel de la calle Cuzco y General Paz. Allí la empresa manifiesta que un locatario suyo, en represalia por haber dejado compulsivamente varios locales en la estación Moreno, ocupó y construyó irregularmente en Liniers. Al mejor estilo Poncio Pilatos, la nota la firma el apoderado de TBA, Walter Andrés Iglesias.
Finalmente, se sabe que la orden de la CNRT y de la STN es deshacerse de esas construcciones irregulares y recuperar “el límite del gálibo ferroviario”, para rehabilitar el cerco y la vereda norte de la avenida Rivadavia, haciendo responsables por las demoras o los eventuales siniestros que esta construcción causare, a la empresa TBA.
Por su parte, en su afán de ganar tiempo y enturbiar la medida, TBA manifestó que esos locales son tan irregulares como los que ocupan la vereda norte de Rivadavia al 11500 y 11400 de esa avenida, entre el paso a nivel de Cuzco y el puente de la estación.

No a la recuperación de la Casa Histórica

No son buenas las noticias respecto a la voluntad de los vecinos de recuperar para la comunidad barrial la casa histórica ubicada en Cuzco 75/85, la misma que tiempo atrás fuera vivienda del Jefe de la Estación Liniers y con destino soñado de espacio socio-cultural. Claro que la decidia, el abandono, los intereses y la política, logran con sus manejos o con su indiferencia, que el patrimonio y la historia de los linierenses se conviertan en una sucia (pero rentable) frutería y verdulería.
Pese a los denodados esfuerzos de un grupo de vecinos participativos, que desde la puesta en marcha de la obra -con su correspondiente y negativa transformación del bien- se encargaron de elevar sus reclamos ante los organismos pertinentes (en abril de 2007), las respuestas se hicieron desear.
Por último, y ante los reiterados reclamos, las autoridades de la Dirección General de Patrimonio del Gobierno porteño se dignaron –el 4 de febrero pasado- a responderle a los vecinos. La Nota 94 DGPeIH/2009 no deja lugar para la esperanza. Allí las autoridades consideran que “el estado de conservación del edificio, la pérdida de valores que constituían su autenticidad como componente del sistema ferroviario, así como los cambios producidos en la trama urbana próxima, se constituyen en fundamentos para no propiciar la catalogación del inmueble en cuestión”. Lo que en buen castizo significa bajarle el pulgar al sueño de los vecinos y hacerle el campo orégano a los aprovechadores de turno.
Y como si fuera poco, en las conclusiones se agrega “reconociendo en el área de inserción el crecimiento de la ciudad informal, con evidentes situaciones de marginalidad y ocupación de parcelas...”. Sin embargo, esa situación debería cargársele a los organismos de habilitación y control municipal, y no a la abnegada y desinteresada gestión de los vecinos.
Pero no sólo esa es la mala noticia en materia de protección histórica, ya que el que tampoco cuenta con ningún grado de amparo es el puente ferroviario de la Estación Liniers –próximo a cumplir 76 años- que une Francisco de Viedma con Rivadavia. En este sentido, habrá que moverse con rapidez y sigilo en búsqueda de la merecida protección, antes que algún inversor con el aval de algún funcionario proyecte venderlo como chatarra.

Predio ferroviario utilizado como playa de estacionamiento y terminal de colectivos

La zona lindera a las vías del ferrocarril Sarmiento hacia el norte, ubicada sobre la traza de la calle Francisco de Viedma entre Madero y Barragán, viene siendo objeto de una ocupación vandálica durante los últimos dos años.
El predio en cuestión –propiedad del Estado Nacional, a cargo de la ADIF (Administración de Infraestructura Ferroviaria)- ha venido pasando primero por el ENABIEF y más tarde por el ONABE, pero jamás formó parte de los bienes de uso del concesionario TBA. Tal es así que en el mes de marzo de 2000, el entonces ministro de Infraestructura Nicolás Gallo, le cedió a la Ciudad de Buenos Aires (administración de Aníbal Ibarra) distintas playas ferroviarias en desuso y en riesgo de ser intrusadas, para integrarlas a la geografía porteña como espacio verde público. Entre ellas estaba este predio.
Dicha franja, medida desde la intersección de Cuzco (con la casa del Jefe incluida) hasta Barragán, sumaba 2.5 hectáreas de cesión oficial. Si bien lo más importante por espacio (9 hectáreas), ubicación y valor económico era el terreno de Caballito, los linierenses nunca dejaron de pergeniar propuestas para con ese espacio recuperado.

 
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