SI ENTRE HERMANOS SE PELEAN...

El corso de Jonte y Juan B. Justo debió ser suspendido luego de sufrir hechos de violencia

 

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No todo fue fiesta y diversión en el carnaval porteño 2009. Al menos las escenas de violencia con las que terminó abruptamente el corso de Liniers – Versailles, no se parecieron en nada a la algarabía y la distensión que plantea el reinado de Momo. Luis Lezcano, titular de la Asociación Amigos de Liniers C.V y –paradójicamente- del Consejo de Seguridad y Convivencia Vecinal, fue el organizador del corso que este año, a diferencia de las tres temporadas anteriores, tuvo lugar en el playón lindero al club Vélez Sarsfield (a metros del monumento a los campeones) en Juan B. Justo y Álvarez Jonte.
Desde el momento mismo de la instalación del escenario, ya se hicieron escuchar algunas voces disconformes provenientes de simpatizantes del club, quejándose por el adelantamiento del horario de los partidos en las dos primeras fechas en las que Vélez jugaba de local, a consecuencia de la puesta en marcha del corso, que debía iniciarse a las 19 horas. “Perdemos la ventaja de la localía al tener que jugar con tanto calor”, esgrimían. Muchas de esas protestas se reproducían incluso en los foros de hinchas que pululan en Internet. Pero con el correr de los días, el malhumor de algunos derivó en amenazas, que finalmente se concretaron con el incendio del escenario, la destrucción de los equipos de sonido y el robo de alimentos y bebidas dispuestos

 

Con bronca. Lezcano muestra el afiche que la entidad que preside pegó en distintas paredes de Liniers, en repudio a la agresión que sufriera en el último carnaval.
 

para la venta, lo que derivó en el cierre del corso, una semana antes del final del carnaval. “Esto es una venganza por las movidas que nuestra agrupación hizo el año pasado, en reclamo por la recuperación de los Talleres Ferroviarios. Se ve que a alguno le molestó la protesta”, desliza Lezcano sin ahondar en mayores precisiones.
- ¿Por qué decidieron mudar el corso? (NdR: los años anteriores se había hecho en la plaza París, de Juan B. Justo y Porcel de Peralta, frente al hipermercado)
Porque el Gobierno de la Ciudad sugiere cambiar la ubicación de los corsos cada dos o tres años, para evitar generar reclamos por ruidos molestos a los vecinos de una misma zona.
- Pero el corso estaba ubicado en una plaza, alejado de casas de familia...
Es cierto, pero habíamos recibido algunas quejas de vecinos a la hora de la desconcentración, por robos de autos. Ocurre que venía gente de Fuerte Apache y se retiraba bordeando la plaza, donde ya no teníamos más seguridad. Por eso este año lo queríamos hacer en el playón de Vélez, pero a la altura de la Puerta 6. Ocurre que el Ministerio de Espacio Público del Gobierno de la Ciudad no nos permitió cortar Juan B. Justo y entonces lo trasladamos a la esquina de Jonte.
- ¿En algún momento se contactaron con el club para notificarle esta decisión?
No porque ese playón no le pertenece a Vélez. Nosotros tenemos la autorización del Gobierno porteño y eso es suficiente.
Aunque no puntualiza nombres, Lezcano responsabiliza de lo sucedido a un sector de la hinchada del club. “El primer día del corso se acercó una persona de la barra brava de Vélez que yo no conocía y me dijo ‘Luis este corso no va a seguir, hay que levantarlo’. Yo no le hice caso, pero la noche siguiente amenazaron a la locutora: ‘si subís al escenario te bajamos a los bifes. Les vamos a prender fuego el escenario’, le dijeron. Casualidad o no, cuando llegamos el sábado siguiente el escenario estaba prendido fuego. Por suerte los bomberos, a los que llamaron desde el club, pudieron apagarlo a tiempo y evitar algo peor. Nosotros habíamos dejado 40 vallas alrededor del escenario con una media sombra recubriéndolas para que el lugar quedara prolijo durante la semana”.
- ¿Pudieron continuar con el corso?
Sí, nos arreglamos como pudimos y seguimos para adelante. Pero al otro día se volvió a acercar esta persona acompañada por Ovi (director de la murga de Vélez “Fortineros de Corazón”) que intentó calmar las aguas. Incluso me pidió que le dejáramos el escenario hasta el sábado 7 de marzo, que es el cumpleaños de la murga de Vélez. Yo acepté, pero después la otra persona me dijo que quería poner una parrilla en el corso y le dije que no, no por mala voluntad, sino porque las tres parrillas que estaban funcionando estaban autorizadas por Control Comunal y si el Gobierno verificaba la existencia de otra parrilla me iba a clausurar el corso.
El sábado 21 de febrero se presentó lluvioso. A las 5 de la tarde una caravana de ómnibus esperaba sobre Juan B. Justo la llegada de los hinchas de Vélez, para transportarlos hacia el estadio de Tigre, donde el equipo de Gareca disputaría la tercera fecha del torneo. Minutos más tarde, Lezcano y sus colaboradores llegaron al escenario, esperando una mejora en las condiciones climáticas que les permitiera abrir el corso. Con el cielo encapotado se dispusieron a ultimar detalles. “Dejamos las ristras de chorizos y las gaseosas sobre el portón que se ubica entre la platea norte y la tribuna visitante y al rato veo que un grupo de muchachos comandado por el barra que nos había amenazado, revoleaba la mercadería sobre el portón y otros se la iban guardando desde adentro del club. Nos robaron todo. Como la policía estaba siguiendo el operativo del fútbol y no nos daba bolilla fui a denunciar el robo a la recepción del club, entonces salió un grupo desde la confitería y me empezó a pegar”, relata Lezcano, al tiempo que muestra magullones en su brazo derecho y en la espalda. “Nos rompieron los equipos de sonido, tiraron las vallas contra el escenario, todo ante la mirada de la policía. Me fui a hablar con el Subcomisario de la 44ª y no me atendió”. La fuerte lluvia y la partida de la caravana calmaron los ánimos.
El corso se suspendió por mal tiempo y el domingo siguiente Lezcano decidió no hacerlo. El lunes de carnaval, al tiempo que sus colaboradores desarmaban el escenario, Lezcano radicó una denuncia en la Comisaría 44ª, en la que tomó intervención la Fiscalía de Instrucción Nº 28, a cargo de la Dra. Gils Corbo. “El Subcomisario Vera me garantizó que me brindaría la seguridad necesaria para continuar con el corso, pero lo dije que no, porque después de lo ocurrido me pareció que seguir era un riesgo para nuestra gente y para el público”. En su denuncia, Lezcano hizo responsable a la Policía, al Comité de Seguridad Deportivo y al propio Club Vélez Sarsfield. “No puede ser que un sector de la barra pueda con el club, con el Comité de Seguridad y ahora también con una entidad que quiere brindarle alegría a los vecinos, estamos mal”, concluye y jura que nunca más hará un corso en esa zona.

Lic. Ricardo Daniel Nicolini

 

CUATRO CORSOS EN LA COMUNA 9

Además del de Juan B. Justo y Jonte –en el extremo norte de Liniers- otros tres corsos le pusieron ritmo de murga a la Comuna 9. En el corazón de Liniers, al pié de la plaza Sarmiento (Cosquín y Tuyutí) el centro murga “Los Pizpiretas de Liniers” –que dirige Vanesa Costa- volvió a organizar su corso. Mataderos tuvo el suyo en Juan B. Alberdi, entre Araujo y Escalada y Parque Avellaneda en Directorio y Lacarra, coordinado por Jorge, un colaborador de Luis Lezcano.
Sin embargo, este año no se realizaron los corsos de Emilio Castro y Montiel –en el límite entre Liniers y Mataderos- y el de Villa Luro, a metros de la plaza Ejército de los Andes, sobre el boulevard de Ramón Falcón. Según pudo saberse, ambos fueron suspendidos por pedido de los vecinos, que elevaron quejas al Gobierno porteño por ruidos molestos.
En total, más de cien murgas desfilaron por la ciudad, con su brillo, su baile alocado y al son del bombo con platillo, durante los cuatro fines de semana continuados entre el 7 de febrero y 1º de marzo, a los que se sumaron el lunes 23 y el martes 24 de carnaval. Además de los Pizpiretas, fueron de la partida las populosas murgas locales “Los Mocosos de Liniers”, “Los Fortineros de Corazón”, “Los Chiflados de Liniers”, “Los Caprichosos de Mataderos” y “Los Descarrilados de Parque Avellaneda”, que desfilaron a puro desenfado en los casi treinta corsos porteños que reunió el carnaval 2009.

“PERDIMOS CERCA DE
100 MIL PESOS”
“Levantar el corso a la mitad del carnaval –puntualiza Lezcano, apesadumbrado- nos provocó una gran pérdida económica. Perdimos una cifra cercana a los 100 mil pesos”.
- ¿Cuánto?
Sí, entre las cosas que nos robaron, las roturas de equipamiento y las seis noches no trabajadas, perdimos entre 70 y 100 mil pesos. Acá hay más de cuarenta personas trabajando, gente humilde que viene desde González Catán, Isidro Casanova y Moreno que atienden los puestos de nieve y chorizos, que se ocupan de la utilería o la electricidad, y que se llevan cien pesos por noche.
Hasta el fin de semana en que decidió levantarlo, Lezcano asegura que el corso era un verdadero éxito. “Triplicamos la cantidad de gente que nos acompañó el año pasado. Tuvimos noches con cerca de cinco mil personas, en cada jornada regalábamos órdenes de compra de empanadas, perfumes y otros obsequios de los auspiciantes, la gente estaba feliz
”.
 
   
 
   
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