Filman en Liniers un documental de Pérez Celis

La viuda del artista ideó el proyecto, que retrata la infancia y la adolescencia del plástico desaparecido el año pasado

 

Página Jóven
Entérate de lo que pasó y de lo que vendrá

Cultura
Agenda de espectáculos y eventos

Breves Comunales
Toda la información de la comuna


HISTORIAS DEL GALLEGO PÉREZ

Para muchos, la muerte sólo se concreta cuando quien supo andar por este mundo, deja de permanecer en la memoria de quienes lo sobrevivieron. Por eso, aunque la necrológica señale en el calendario al 2 de agosto último como la fecha del fallecimiento de Pérez Celis, queda claro que su impronta, su obra y estilo continúan respirando en distintos barrios porteños, Europa, Estados Unidos y el mundo.
Y para perpetuar aún más la memoria del destacado artista plástico de Liniers, su viuda, Tamara Toma, se propuso rodar un documental que recree la vida de su marido, retratando los lugares por los que pasó y recuperando las entrañables historias de antaño, en la voz de quienes lo conocieron, cuando aún era “el Gallego” Pérez. Con esa intención, el sábado 7 de febrero pasado, un equipo de filmación se acercó hasta el barrio de Liniers y recorrió cada uno de los rincones donde el joven Celis Pérez –tal como lo indicaba su DNI- se formó como artista y como persona.
Además del maestro Plank, también brindará su testimonio Carlos María Caron, el reconocido escritor de Liniers y colaborador de este medio, quien fuera uno de sus más entrañables amigos.
Según se supo, el trabajo incluirá además imágenes del barrio de La Boca y San Telmo, donde años más tarde supo llevar su arte. Aunque aún se encuentra en pleno período de producción, se espera que el film esté concluido a fin de año y pueda estrenarse a comienzos del 2010.


 
 

En Liniers. Junto a Rosendo Cuello (de saco y corbata), Pérez Celis (Sport) posa al lado de su hijo Sergio.


Hacedores. Tamara Toma, viuda de Celis, junto a Alfredo Plank, durante un alto de la jornada de grabación en Liniers.


Un hallazgo. Este mural, que se conserva en una casa de Timoteo Gordillo al 500, fue realizado por Celis cuando aun vivía en Liniers.

Por Ignacio Messina (*)

El sábado 7 de febrero fue para mí un día muy especial. Lo tomé como uno de esos regalos que, cada tanto, me ofrece la vida. Es que junto a Tamara Tomas, la viuda de Pérez Celis, y Alfredo Plank -reconocido artista plástico, amigo de Celis y también oriundo de Liniers- colaboramos con el documental que ella está produciendo, y en el que intentará repasar la vida de su marido. Y es por ello que Liniers, nuestro barrio y el del artista, no podía estar ajeno.
Recordé entonces los dichos de Celis, cuando aseguró que “el viaje más difícil que hice fue el primero: desde Liniers hasta el Centro”. Conscientes del profundo cariño que Pérez Celis tenía por su barrio, acompañamos al equipo de filmación a la casa donde el artista pasó su juventud, en Humaitá y Las Bases, recorrimos también la entrañable plaza Sarmiento, en donde su imaginación tomó vuelo a la hora de iniciarse en el arte de la plástica, y luego nos dirigimos a la casa de Sara, en Timoteo Gordillo al 500, donde aun se conserva un mural que  Celis construyó en su juventud y que ya presagiaba su futuro en este difícil mundo del arte.
Claro que también pasamos por la Casa de la Cultura de Liniers, para filmar el cuadro que Celis donó en el año 1994, y que denominó “Memoria de un Tiempo”, donde aparecen reflejados sus recuerdos de años en Liniers, en los escalones de la Plaza Sarmiento y el árbol de la vida, como un homenaje al lugar que lo vio crecer y desarrollarse. En este sentido debo agradecer al Arq. Isidoro Casal, actual presidente de la entidad, que desinteresadamente nos abrió las puertas para el desarrollo de la filmación.
Y con el fantasma de Celis pisándonos los talones, enfilamos más tarde hacia la Escuela Nº 4, de Lisandro de la Torre (Tellier, por entonces) y Ramón Falcón, donde un joven Pérez Celis cursó la Primaria y recibió sus primeras enseñanzas. Luego continuamos por Lisandro de la Torre, y al llegar a Rivadavia giramos hacia la izquierda hasta llegar a la tradicional librería Belgrano, el local donde el incipiente artista compró sus primeras paletas. Todo era recuerdo,  nostalgia y emoción, y aunque el trabajo de los técnicos y el movimiento de las cámaras se empecinaban en quitarle clima a aquella recorrida, yo sentía que un pibe de apellido Pérez, saltaba y se escabullía en cada rincón del barrio que se abría gentilmente a nuestro paso.
Creo profundamente que El Maestro Celis, ha contribuido a desmitificar aquello que para hacer arte hay que estar alucinógenos, ser medio loco o amparado por el silencio de la madrugada. Hoy, al ver la noche de los museos, creo que su intención como pionero para que el arte llegue al gran público, ha sido satisfecha.
Por último quería dejar estas líneas, que dediqué y entregue a Celis, en una de las tantas veces que estuvimos cenando en casa, que dice: “Después de unos cuantos años, volví a mi querido barrio y pasé por el cole y por la casa de mi infancia. En ese instante mi cabeza dio miles de vueltas y me transportó en un viaje al pasado. Ahí estaban los pasajes, la plaza, doña Nilda, doña Eugenia y otras tantas doñas que prefiero no nombrar. En ese segundo todas se me hicieron presentes. También la avenida General Paz, Humaitá, Tonelero, El Hornero, Tuyutí, el lechero, el cartero y hasta lo gritos de don Juan, cuando a la hora de la siesta todos los pibes le sacábamos de su planta unos inmensos y riquísimos duraznos. Los recuerdos se repetían en cada imagen. La barra, aquel pino que sigue allí, sí, está un poco más grande, los viejos y gastados escalones de la placita. Repasé mentalmente su viejo banco, aquel que nos aguantaba a todos los de la barra. Aun permanecía ahí como esperando que le hiciera una caricia. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Debo reconocer que mi rostro se transformó cuando pensé en todo el camino recorrido desde entonces, y en los que ya no están. Me di cuenta de que en verdad nunca me fui del barrio porque nunca lo olvidé. Apenas había recorrido un par de cuadras cuando de repente una bocina me trajo de regreso al presente. “Pucha -pensé- que rápido pasaron los recuerdos... pero qué profundo quedaron sus surcos”. Estas líneas también son para usted. O para vos, por si algún día te encontrás hojeando este artículo y ya no vivís por acá: venite, pegáte una vuelta, recordá. Por un momento, serás feliz...”.

(*) Messina es historiador, vecino y enamorado del barrio de Liniers.

Desarrollado por www.grupodeservicios.com.ar