Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
November 26, 2020 6:45 pm
Cosas de Barrio

Cuando la solidaridad tiene forma de poncho

Los scouts de la parroquia Tránsito de San José elaboraron ponchos impermeables con sachets de leche, que luego repartieron a gente en situación de calle

La pandemia por el nuevo coronavirus vino a cambiar las reglas de juego: impactó en la economía, dificulta el aprendizaje escolar y académico, y alteró las relaciones sociales, entre otros golpes. Sin embargo, la enfermedad viral no pudo contra la fuerza arrolladora de la acción solidaria, uno de los frentes de batalla, como el arduo trabajo de los médicos en los hospitales, ante el avance apabullante del fenómeno epidemiológico.

Ollas populares y donaciones de ropa fueron las iniciativas solidarias más prácticas por parte de ONG´s, y entidades religiosas y deportivas para intentar contrarrestar la carencia alimentaria. Siguiendo esa línea solidaria, un grupo de scouts de la parroquia Tránsito de San José, desarrolló una producción de “ponchos” elaborados con sachets de leche. Un proyecto que –cuarentena mediante- forma parte de las actividades alternativas del equipo, en base de esfuerzo y servicio.

Pilotos larga vida

“Todo surgió con la idea de continuar con nuestras acciones de servicio, a pesar de la situación de pandemia y empezamos a buscar alguna cosa que pudiéramos hacer”, comienza contando Guillermina Notti -o Minna, como la apodan sus compañeros de equipo-, integrante de Rover M.M. Güemes, comunidad de la cual brotó la idea, comprendida por jóvenes de entre 17 a 21 años del grupo de scouts de la parroquia Tránsito de San José, del barrio de Liniers. “La entrega de ponchos la hicimos en la semana del 23 de septiembre”, agrega la joven de 20 años.

Dos meses antes del reparto solidario, bajo la mirada supervisora de Tito -como llaman a Javier Cont-, coordinador y educador de la comunidad Rover, Minna planteó, desde su ventana de las reuniones de Zoom y con el entusiasmo ambientalista que la define, la iniciativa de elaborar ponchos caseros con sachets de leche. “Fue el primer proyecto que propusimos desde la comunidad hacia el grupo general”, afirma Minna en tono plural, una característica obligatoria para la puesta en acción del proyecto.

“Los chicos trabajan a través del servicio, interactuando con otras organizaciones”, explica Tito destacando una de las aristas del trabajo scout: la articulación. Y, en paralelo, Minna comenta “encontramos una asociación en San Justo que se llama Calles Sacheteras, compuesta por scouts activos y retirados que ya habían hecho ponchos con sachet de leche. Entonces nos pusimos en contacto con ellos y nos brindaron el conocimiento técnico para poder hacerlos”.

Con respecto a la fabricación casera y manual -desde casa se pusieron varias manos a la obra para la producción- según Minna, el grupo logró elaborar 52 ponchos. Cada poncho está hecho con 36 sachets, por lo tanto, debieron reutilizaron más de 1.800 envases de leche, “que se recolectaron por el barrio en el término de dos meses”, cuenta Tito. Una tarea tan agotadora y demandante como la producción, que llevó “entre una y dos horas por poncho”, asegura Minna. “El primer poncho es el que más cuesta porque todavía no le agarrás la mano. Se hacen con plancha, entonces muchas veces hay sachets que mueren en el intento”, confiesa entre risas la joven scout. Y para conferirle un toque de estilo y comodidad, cada poncho impermeable lleva una capucha, formada por tres sachets, y un bolsillo para el cual se necesita uno más.

Claro que, como todo buen trabajo en equipo, fue preciso organizar la distribución de tareas. “Hubo un grupo que se encargó de buscar los sachets por el barrio, y otro grupo se dedicó de lleno a la producción”, explica Minna. “¿Éramos como diez sellando, no Tito?”, pregunta la joven scout. “Ocho, si no me equivoco”, responde Tito, haciendo memoria de una actividad monitoreada a distancia, y luego señala que “en cada trabajo, el proyecto, que puede ser de carácter solidario, artístico, educativo, de derechos humanos, etcétera, lo buscan los chicos y no es el equipo de educadores el que les dice qué hacer”. Y sobre la iniciativa desarrollada en tiempos de cuarentena, advierte “hicimos lo que pudimos y no tal vez lo que quisimos”.

Una vez producidos los ponchos, que llevan la marca registrada de sudor como resultado de la vocación de servicio, el próximo paso es su distribución entre las personas en situación de calle. Una acción lograda gracias a la orquestación del grupo scout junto a una organización de la sociedad civil, cuyo vínculo tiene nombre y apellido. Si bien, en un principio, “la idea original era poder entregárselos a Calles Sacheteras para que ellos, que tienen articulación con un montón de organizaciones, puedan distribuirlos para la gente de la calle”, explica Minna, la comunidad Rover terminó hallando en Juan Pablo Taktak, scout del grupo, el nexo para formar una alianza de trabajo con la organización “Acción por Personas en Situación de Calle” (PSC), ubicada en el barrio de Vélez Sarsfield.

“No tuve el placer de entregar un poncho, pero sí supe y vi que les llegaron a personas que conozco”, sostiene Juampi, tal como lo apodan sus amigos scouts y sus compañeros de PSC, con sede en avenida Juan B. Justo 7544, cuyo depósito aún conserva un pucho a la espera de demanda. “Deben quedar cuatro o cinco ponchos”, calcula el joven de 20 años, y agrega que “las donaciones van inmediatamente a las personas en situación de calle”.

De corazón a corazón

A pesar de no estar presente en la actividad territorial de entrega de ponchos, Juampi detalla las zonas frecuentadas por los “más de 150 miembros de la organización dispuestos a salir a repartir” en el ámbito de las comunas porteñas 9, 10, 11, 12 y 15. Y, entre los principales puntos de asistencia y contención del noveno rincón de la ciudad, la avenida Rivadavia y Juan Bautista Alberdi concentran la mayor porción del trabajo solidario. “En Liniers –cuenta Juan Pablo- la actividad se centra en la avenida Rivadavia, desde General Paz hasta Murguiondo, y en Mataderos se recorre Alberdi, desde General Paz hasta Escalada”.

Con la entrega de los ponchos, la comunidad Rover dio por concluido el proyecto, que demandó dos meses de labor y más de 1.800 sachets de leche. “Seguramente lo repitamos más adelante”, anticipa Minna, mentora de la iniciativa y acostumbrada a arrimar propuestas sobre el cuidado del medio ambiente. “Generalmente los proyectos que presento tienen que ver con la movida ambiental”, explica.

Como todo proyecto solidario, el de los ponchos generó alegría en los beneficiarios pero también en quienes le dieron forma. “Ver la alegría de la gente que recibió los ponchos nos produce una satisfacción enorme, y más aún en el marco de esta situación de pandemia”, confiesa Tito con una sonrisa resplandeciente. “La persona que está en situación de calle –agrega- a veces no tiene nada y cualquier bien que reciba es su vida entera, por eso, el resultado de esta acción nos impulsa a seguir ideando otras nuevas”.

Por su parte, el corazón de los jóvenes se abrió para compartir su experiencia solidaria a base de sachets reutilizados. “La verdad, yo no soy muy del reciclaje, pero con esta experiencia que nos trajo Minna me di cuenta que se aprenden muchas cosas y te dan ganas de seguir armando otras iniciativas”, subraya Juampi, señalando con su dedo a Minna, que está del otro lado de la pantalla.

La caridad tiene muchas formas de atender la necesidad. Y en el caso del grupo de scouts de Tránsito de San José, adquirió forma de poncho, un símbolo insoslayable de la idiosincrasia argentina, presente en la inmensidad de nuestra patria. Como la solidaridad misma, que no tiene edad ni género, y que aunque se esconde tímidamente en nuestros corazones, a la vuelta en la esquina despierta sonrisas y derrama lágrimas de emoción.

Santiago Rodríguez

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