Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
November 26, 2020 5:54 pm
Cosas de Barrio

Encuarentenados con la soga al cuello

Gimnasios, estudios de danzas y salones de fiestas piden a gritos una reapertura con protocolos, tras siete meses con las persianas bajas

Tras una larga y tensa espera, galerías, shoppings, calesitas, canchas de tenis y de paddle, entre otras actividades, volvieron a funcionar nuevamente bajo la estricta rigurosidad de los protocolos sanitarios. Una salida de emergencia para aquellos que lograron sobrevivir a la malaria económica, potenciada por la cuarentena obligatoria. La misma y única salida que ansían otros rubros para retornar cuanto antes a su habitual espacio de trabajo porque, como en un videojuego, saben que sólo les queda una vida.

Por un lado, sectores como el de los gimnasios y los estudios de danza, luchan por un regreso a sus puestos de trabajos, que les permitan recobrar algo de todo el oxígeno que perdieron desde que el 20 de marzo último entró en vigencia la “nueva normalidad”, impuesta por el decreto presidencial y apoyada en el distanciamiento social y la virtualidad. Pero también están aquellos sectores que piden a gritos la plena vuelta al trabajo, tal es el caso de los salones de fiestas, que están absolutamente pausados desde hace siete meses.

Bailando con la más fea

En sus veinte años al frente del Instituto Coreográfico Argentino (ICA) del barrio de Liniers, Elizabeth de Chapeaurouge jamás había bajado por tanto tiempo las persianas de su estudio de danza. “Uno cierra diez días, generalmente durante las vacaciones, para descansar y renovar cosas dentro del estudio, pero el instituto está abierto todo el año”, comenta la mujer de 68 años, titular del ICA, ubicado en Lisandro de la Torre 245 y cerrado desde el 20 de marzo, en cumplimiento de la cuarentena obligatoria.

“Siempre pensamos que la pandemia iba a durar dos o tres meses”, sostiene la directora artística, quien gracias a su adaptación a la virtualidad, a pesar de tener su estudio bajo llave, pudo “continuar con el trabajo y seguir pagando a los empleados”. Sin embargo, para cumplir el pago del salario del personal, Elizabeth tuvo que recurrir a sus ahorros. “Fue la única manera de pagar los gastos durante estos meses”, asegura cabizbaja, integrando implícitamente al concepto de gastos las boletas de luz, agua, gas y teléfono.

Según la coreógrafa, “todos los gastos de los servicios fueron exactamente iguales a que si el instituto hubiese estado funcionando, pero estuvo cerrado”. El lado positivo es que Elizabeth es la dueña del inmueble, y al ser propietaria evitar los gastos de alquileres.

Inversamente proporcional a los gastos fueron los aranceles del instituto. Elizabeth decidió bajar las cuotas “casi un 50%”, debido a que “los ingresos no pueden cobrarse igual que cuando el estudio estaba abierto, porque el servicio no es el mismo”, reconoce. Es decir que con la mitad de los ingresos debió afrontar los mismos costos que el año pasado y “sin ayuda del Estado”. Por eso Elizabeth apuesta a la aprobación de un protocolo para el retorno al trabajo en condiciones normales, que le permita restablecer la balanza. “Estamos en reuniones con los ministros de Cultura y autoridades sanitarias, presentando protocolos y todavía no nos aprobaron nada en CABA”, afirma la directora, que así y todo se encuentra en una situación relativamente más favorable que los gimnasios.

“Queremos empatar, ni estoy pensando en ganar plata”, se lamenta Juan Pablo Fernández, dueño del gimnasio New Training, de Liniers, cerrado desde el 18 de marzo. Para él, la cuarentena significa un porrazo difícil de cicatrizar. “Es una hemorragia que no para de sangrar”, grafica el hombre de 41 años. Se refiere al alto déficit mensual: el pago de los sueldos, alquileres y servicios es superior a los escasos ingresos obtenidos -según el profesor de educación física, “un 15% de los socios paga la cuota”- por las clases virtuales. “Si el promedio de los abonos es de 1500 pesos, la cuota la pusimos en 750”, explica.

Y, a pesar de estar autorizado desde el martes 13 del corriente a dictar clases al aire libre -plazas, parques, patios y terrazas-, Juan Pablo ansía una vuelta a la actividad laboral para “empatar” la balanza comercial de su gimnasio ubicado en Emilio Castro 7323, que, en palabras del entrenador, ya cumple con las “medidas necesarias” del protocolo que enviaron a las autoridades sanitarias, respaldado por especialistas de renombre.

“Lo que estamos pidiendo es, con el protocolo que ya presentó la cámara de gimnasios al Gobierno de la Ciudad y que está avalado por un grupo de médicos, como el Dr. Stamboulian, abrir con distanciamiento social y ventilación natural”, ruega Juan Pablo, y agrega que el gimnasio está preparado para evitar cualquier posible contagio: “en cada máquina hay separaciones de acrílico y un difusor con alcohol líquido; cada 20 metros un dispensador con alcohol en gel, y todas las máquinas están distanciadas a dos metros por la señalética”.

A su entender, abrir es una urgencia económica. Porque si bien el dueño de New Training logró que el personal cobrase “lo mismo que venían cobrando antes de la cuarentena, ya que ninguno tuvo quitas ni reducción”, los salarios de los empleados se cubren a partir de los bajos ingresos, ahorros y préstamos. “Tuvimos que poner dinero nuestro, sacar un crédito y no pagar la totalidad de las cargas sociales, porque sólo estamos pagando las obras sociales y la ART”, comenta con remordimiento Juan Pablo.

No obstante, la necesidad de volver al gimnasio va más allá de la sana inquietud por facturar. “La actividad física es esencial en la salud tanto física como mental de la gente”, advierte el profesor de gimnasia. Mientras que Elizabeth, por su parte, sostiene que volver a los salones de baile pasa por una cuestión cultural y laboral en potencia. “Nosotros trabajamos para la cultura y formamos a gente que después trabaja en teatros y en televisión”, afirma.

Juan Pablo de New Training

Salón sin fiestas

Aún más complicada parece ser la situación de otros rubros, cuyas persianas bajas comprometen cientos de fuentes de trabajo y salarios para miles y miles de hogares. Un reclamo que se extiende a la realidad online donde, a través de lemas con numeral, actividades cerradas desde inicio de la cuarentena luchan por un retorno pleno a la rutina laboral, ya que desde hace siete meses no generan ningún ingreso genuino.

#SalonesEnQuiebras es el hashtag de Mariana Álvarez, dueña del salón de fiestas “Tu sueño es el mío”, que hace resonar en sus redes sociales en busca de una habilitación por parte de las autoridades gubernamentales, que le permita, en primer lugar, recuperar lo perdido, y posteriormente volver a facturar como en la época de prepandemia.

“Fueron meses durísimos porque son muchos los gastos que nos corren. Los salones son lugares grandes con impuestos y alquileres muy altos”, remarca Mariana, propietaria de su salón de fiestas infantiles ubicado en el barrio de Mataderos, quien no sólo debió romper el chanchito para afrontar los gastos mensuales durante estos meses de ingreso cero. “Los ahorros ya los toqué, ya los quemé y sigo endeudándome y pidiéndole a mi familia”, confiesa la también profesora de nivel inicial.

Y si bien la dueña del salón no cuenta con personal a cargo “porque es un negocio chiquito, familiar e independiente”, que implique un goteo de su bolsillo, Mariana está autorizada por el Estado -el mismo que se abstiene de apoyarla por ser “categoría A y B”- a realizar delivery y take away de gastronomía. Una alternativa compleja, teniendo en cuenta la hambrienta desesperación de los restaurantes y bares por volver a facturar. “No tiene ningún sentido porque no tenemos la estructura y la trayectoria gastronómica de un restaurante de barrio”, señala.

La única salida de emergencia ante el severo derrumbe económico, provocado por el aislamiento, es una flexibilización del sector. Pero sabido es que, la de los salones de fiestas, posiblemente sea de las últimas actividades que se reabran, tras la reciente apertura de los shoppings y los albergues transitorios en la ciudad de Buenos Aires.

“Entendemos que no se puede trabajar porque es inviable ponerles un protocolo sanitario a los chicos, pero necesitamos que nos ayuden a aguantar”, implora Mariana, sin perder de vista dos elementos –hasta aquí- insalvables: la facilidad de los niños para propagar el virus y las complicaciones en el cumplimiento de la distancia social en espacios reducidos. Mientras tanto, la dueña de “Tu sueño es el mío”, al igual que tantos otros propietarios de salones de fiestas, navega a la deriva en el mar de la cuarentena, en un bote frágil y endeble que ya está empezando a hacer agua.

Santiago Rodríguez

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