Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 24, 2020 1:54 pm
Cosas de Barrio

PIQUETE A LA GORRA

Una mirada analítica sobre la reciente rebelión de la Policía Bonaerense y las consecuencias que podría generar en la fuerza y la ciudadanía

Como en ediciones anteriores, el licenciado en Seguridad Alberto Meni Battaglia, comisario inspector retirado de la Policía Federal Argentina y ex gerente de Seguridad de Brinks Argentina, vuelve a aportar en esta columna su mirada sobre la problemática de la inseguridad. En esta ocasión ofrece su parecer sobre el reciente amotinamiento de los efectivos de la Policía Bonaerense. Meni Battaglia es además profesor de Eje del Derecho y de Derecho Administrativo en la Escuela de Cadetes de la Federal, Juan Ángel Pirker.

Por diversas causas endógenas y exógenas, la seguridad de un país -o la de una de sus ciudades principales- está en peligro de verse superada y rebalsada. Y como suele ocurrir en estos casos, los principales perjudicados son los habitantes de esa ciudad o región, en quienes pesan las consecuencias de las medidas tomadas por las autoridades, que nunca son consultadas con ellos, sean económicas, sociales, educativas, etc.

Hace muy poco tiempo nuestra Provincia de Buenos Aires fue afectada por una huelga policial encubierta de la Policía Bonaerense que, con ribetes piqueteros y un atrevimiento poco común por parte de los amotinados, llegó a rodear la residencia presidencial de Olivos y hasta hacer estallar en su entrada una bomba molotov.

Pero eso no es todo. El otro ítem peligroso fue que no había ningún responsable por parte de la policía para poder negociar, no había nadie que condujera ese movimiento, y -pese a que lo negaban- el conurbano se quedó prácticamente sin vigilancia policial o con una dotación muy reducida, ya que la mayoría de los móviles se hallaban en Puente 12 o en La Plata, sin cumplir funciones de patrullaje.

Va de suyo que lejos está el autor de estas líneas de criticar los motivos de esta lucha. Motivos que, en su gran mayoría, son estrictamente económicos y que se suman a la falta de respaldo pare el cumplimiento de la misión policial. Elementos absolutamente válidos y necesarios, pero si el método para obtener lo que se pretende (léase aumento de salarios, respaldó político, falta de elementos sanitarios para aislarse del Covid19, etc.) es el que se observó por las cámaras de televisión, quedó evidenciado un grosero error de concepto.

Más allá de estos episodios lamentables, quedó claro el desconocimiento por parte de las mas altas autoridades policiales, y sobre todo del ministro de Seguridad bonaerense, el teniente coronel (r) Dr. Sergio Berni, quien últimamente se mostró muy activo y mostrándose capaz de estar en todos los detalles de “su policía”, tal como suele manifestar ante los medios en todo momento. Claro que tampoco escapa de la crítica la plana mayor de la Policía Bonaerense, que no podía ignorar lo que se estaba gestando y finalmente ocurrió.

Si se hubiera actuado con eficacia y oportunismo, todo esto podría haberse evitado sin llegar al extremo en el que el Gobierno nacional, lejos de intentar negociar, debió directamente acceder a todas las demandas del personal policial, acatando una por una.

El atrevimiento de los amotinados llegó incluso al límite de exigirle al Presidente de la Nación que saliera a la vereda de la quinta presidencial para “negociar” con ellos, rechazando de plano la posibilidad de que fueran ellos quienes ingresaran a la residencia para estrechar el canal de diálogo.

Esto acontece cuando se rompe la cadena de mandos, algo gravísimo en una fuerza policial. Los grados y la disciplina vertical que supone una fuerza policial –lógica de la que no está exenta Policía de la Provincia de Buenos Aires- son el eslabón básico de esa cadena de mandos. De allí que, recuperarla, es una de las misiones más difíciles de lograr. La manera más simple y directa es sancionando a los cabecillas de la rebelión, algo que parece imposible, ya que uno de los pedidos establecidos en el petitorio firmado por ambas partes, fue el de “no sancionar” a los cabecillas de los amotinados. De allí entonces lo complejo que se observa la misión de recuperar la cadena de mandos en esa institución policial.

Sólo resta esperar que la cordura triunfe en ambas partes, para no tener que volver a vivir este tipo de situaciones. Como asegura aquel viejo dicho “cuando veas a tu vecino las barbas cortar, pon las tuyas a remojar”. Hasta la próxima.

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