Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 24, 2020 2:40 pm
Cosas de Barrio

ILUSIONES A PEDAL

Una recorrida por el Liniers de antaño recordando las bicicleterías más emblemáticas

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)

En esta entrega mis recuerdos viajarán en dos ruedas. Todo comenzó un Día de Reyes, cuando al despertarme a la mañana siguiente, me encontré con una hermosa bicicleta Halcón rodado 26 de regalo que -después me enteré- había sido adquirida en la desaparecida Casa Carchena, una enorme juguetería y librería situada en la primera cuadra de Ramón Falcón, en Ciudadela, cerca del negocio de mi padre. Y como la veía gigante para mi edad, la pobre quedó rezagada hasta un par de años después, cuando un día me animé a practicar en la cortada Luchter Sud y la actual colectora, en ese entonces de tierra.

A partir de mi aprendizaje –con los consabidos porrazos incluidos- mi forma de ver el barrio cambió totalmente. Disfruté solo o en compañía de otros chicos ese placer único, al tiempo que hacía gimnasia, ya que era un tanto “gordito”. Claro que con tanto uso, la Halcón sufrió caídas, abolladuras y pinchaduras. Fue entonces cuando conocí tres lugares emblemáticos del barrio: la bicicletería Massa, en José León Suárez, frente a la Plaza Sargento Cabral; Rodados Alexandre, en Montiel y Emilio Castro (donde un pequeño Marcelo, que tiempo después se convertiría en campeón mundial juvenil de ciclismo, acompañaba a su padre Antonio y a su abuelo) y la más tradicional del barrio, en Rivadavia y Tuyú: Rodados Canaglia.

En la bicicletería Massa, el hijo del dueño que había fallecido en esos meses, era todo un personaje, atendía el local –junto a su madre ya anciana- donde siempre encontrábamos farolitos, cintas de colores para los manubrios, aire para las gomas y alguien que arreglara las pinchaduras. Claro que, con el tiempo, aquel local desapareció sin pena ni gloria.

Un verano, papá me sugirió cambiar las cámaras y cubiertas de la bici. Esa mañana, cuando llegamos a Canaglia, fue como entrar al templo del rodado. Un lugar para llevarse todo y “tunear” la bici hasta dejarla inmaculada… Pero apenas debí conformarme con las dos cámaras y las cubiertas Imperial Cord, algunos parches de rigor, pegamentos y dos poderosas bocinas a pistón de aire. Ahora sí era un lujo esa “Halcón” roja con vivos blancos, en alusión a los colores de mi equipo de fútbol.

Debo confesar que más allá de las incontables vueltas por el barrio, con la bici llegué hasta la llamada Ciudad Oculta, toda una proeza para mi edad. Claro, eran otras épocas. Pero también tuve tiempos de travesuras de adolescente y junto a otros chicos, solíamos ingresar por el antiguo túnel de la Feria 47 –que unía Liniers con Ciudadela- tocando sin cesar las bocinas de aire, hasta lograr espantar a quienes regresaban cargados de bolsas de la feria y hacerles caer la mercadería por el susto. También realizábamos incursiones nocturnas al Parque Santojanni, iluminando con nuestros faroles a los enamorados que se prodigaban caricias y arrumacos entre los árboles. En ambos casos, claro, los damnificados solían acordarse de nuestra línea sucesoria femenina.

Pero más allá de la inocencia de la niñez y la picardía de la adolescencia, sin dudas la bicicleta me abrió las posibilidades de conocer nuestro querido barrio, al que seguiré recorriendo y recordando en las siguientes entregas. Hasta la próxima.

 (*) Aresse Tomadoni es director general de Multinet (Radnet/La Radio, El Viajero TV, Club de Vida TV)

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