Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
September 26, 2020 9:48 am
Cosas de Barrio

UN 7 DE AGOSTO SIN FIELES EN EL MAR DE LA PANDEMIA

Con las puertas cerradas, el Santuario de San Cayetano vivió una jornada distinta. Cientos de miles de fieles clamaron por pan y trabajo vía streaming

Sobre la vereda del santuario, la hilera la conformaban ahora una seguidilla de efectivos de Prevención del Delito, que enfundados en un piloto celeste se alternaban cada cinco metros -de espaldas al templo- observando hacia la calle, como si la fuerza de la fe amenazara con poner en peligro la quietud de la tarde de ese 7 de agosto tan distinto a los demás. “No, hasta ahora no hubo ningún incidente”, expresó una de las jóvenes de piloto celeste, y luego aseguro “la jornada estuvo muy tranquila, jamás se juntaron más de diez personas en la puerta del templo”. Mientras, en la periferia, un grupo de inspectores de Espacio Público, a metros de cuatro patrulleros estacionados en doble fila, disuadía a un puñado de vendedores ambulantes que ofrecían las tradicionales espigas con la imagen de San Cayetano.

Bajo los efectos de la pandemia, en esta ocasión la festividad anual del patrono del pan y del trabajo se celebró sin procesiones, fuegos artificiales ni misas multitudinarias. Por primera vez en 150 años, ni fieles ni peregrinos rebalsaron ese emblemático sector de Liniers Norte, que desde mediados de julio suele colmarse de devotos al santo del pan y del trabajo para eclosionar el 7 de agosto en un festejo multitudinario que tiene a la fe como protagonista excluyente.

Y así como varias actividades de la vida diaria debieron reinventarse y adaptarse a la nueva modalidad que establece el distanciamiento social, este festejo de San Cayetano se realizó vía streaming, a través de las redes sociales del Santuario, su sitio web y la radio Pan y Trabajo, que también forma parte de la parroquia.

Si bien en algún momento se barajó la posibilidad de cortar la calle Cuzco para evitar posibles aglomeraciones, finalmente las autoridades porteñas optaron por desplegar en la zona a unos cincuenta agentes de prevención, además de policías y personal de Espacio Público, que rodearon la manzana de la parroquia desde el día anterior hasta una vez finalizada la jornada. Durante todo ese tiempo, los efectivos del seguridad siempre superaron holgadamente a los pocos fieles que, desafiando al virus y la garúa persistente, se acercaron a las puertas del santuario protegidos con barbijos. Tampoco se observaron este año los habituales voluntarios, que reparten mate cocido y asisten a los fieles.

Detrás de las rejas de la parroquia -celosa y extrañamente custodiadas- las misas, las bendiciones y las oraciones se sucedían en forma permanente y se replicaban en las pantallas de computadoras y celulares de cientos de miles de fieles en distintos puntos del país y el mundo.

La primera de las misas se inició a la par de la celebración, cuando el reloj señaló la hora cero del viernes 7 de agosto, y estuvo presidida por monseñor Carlos Ares, Obispo Auxiliar de Devoto. El acto litúrgico incluyó, como todos los años, la apertura de los portones de acceso al templo, pero esta vez –claro- en forma virtual. Luego, a las 11, el cardenal Mario Poli, Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, estuvo al frente de la misa principal, que también fue virtual y televisada. A la caída de la tarde, la misa de las 19 estuvo a cargo del párroco de San Cayetano, el presbítero Alejandro “Toto” Vignale, quien dirigiéndose a los feligreses, recalcó que “aunque estén en sus casas, San Cayetano siempre escucha la oración y el pedido de sus fieles”.

Y entre cada misa, los sacerdotes invitaban a rezar un responso por los fallecidos a raíz del coronavirus y hasta se realizó el tradicional “Camino de los Peregrinos”, pero esta vez por el interior del templo, que lucía extrañamente deshabitado.

Homilía por los pobres

Claro que las palabras que más rebote tuvieron a lo largo de la jornada, fueron las del arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, quien en su homilía se refirió esencialmente a aquellos que más sufren las consecuencias de la pandemia y de esta situación excepcional. “Sabemos que no es lo mismo hacerlo por este medio que encontrarnos cara a cara con el santo, rezar juntos. Pero preferimos cuidarlos antes de que corran algún peligro de contagio”, comenzó diciendo el cardenal.

Pero además, Poli pidió por “los más de siete millones de chicos pobres” argentinos que sufren “niveles de indigencia”, que “avergüenzan” y “humillan”, al tiempo que afirmó que esa es una realidad que no puede pasar desapercibida para “los adultos con algún grado de responsabilidad”. En ese sentido, sobre la situación económica, Poli afirmó que en “la tierra bendita del pan” se pide por el alimento, por el trabajo y “por una vida digna”. Luego de mencionar a los niños en situación de pobreza –algunos días antes Unicef elevó las cifras estimadas para cuando finalice la pandemia del coronavirus en el país- también pidió “que nadie se escandalice” ya que esa actitud “no sirve” y llamó a que esa realidad “golpee el corazón” de los adultos. “En la indigencia, la supervivencia se hace difícil y deja huellas (…) Está en juego la vida de una generación que nos va a suceder: ellos son hoy el verdadero tesoro de la Nación, no en cifras, son personas, y sufren y hay dolores y lágrimas”, agregó. Además, pidió especialmente por “los más vulnerables” y por “todos los trabajadores de la salud” para que “no les falten las fuerzas en estos días” de pandemia. “Merecen todo nuestro respeto y cordial gratitud por lo que hacen por sus semejantes”, recalcó.

Luego aludió al proyecto de ley del aborto, al reclamar que “se debe legislar para la vida y nunca para la muerte de nadie. Para que haya trabajo, educación, justicia e igualdad de posibilidades de desarrollo para todos, en especial para los postergados”.

Mientras tanto, sobre las rejas cerradas del portón principal de acceso al templo, un cartel indicaba que las ofrendas debían dejarse entre los 8 y las 20 en el área del servicio social, ubicada a pocos metros de allí, en Cuzco 220. “Recibimos algunas bolsas con alimentos y otras pocas con ropa, pero casi no ha venido gente”, explicó Marta, una de las tres voluntarias del sector ataviadas con barbijo, mascarilla y guardapolvos celeste. “Igual, todos los martes, miércoles y viernes seguimos recibiendo donaciones”, agregó, apostando a la esperanza.

Esperanza. Esa parece ser la palabra clave en miles y miles de argentinos que hoy alientan una demanda urgente del espíritu: el sueño de tener un empleo que les devuelva la dignidad. Miles y miles de fieles que esperan ese milagro de manos del santo que atiende en Liniers, allí donde las diferencias –sociales, sexuales y hasta religiosas- no existen, porque la fe y la emoción lo igualan todo.

Este año “Sanca” -como muchos llaman cariñosamente al patrono del pan y de trabajo-no recibió a sus fieles en su casa, este año, como Mahoma, él debió llegar a las de ellos. Pero eso no es todo, deberá además redoblar los esfuerzos para que –pandemia mediante- el milagro del trabajo, vuelva a bendecir al suelo argentino.

Ricardo Daniel Nicolini

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