Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
September 26, 2020 7:43 am
Cosas de Barrio

EL HOTEL DE LOS REGALOS

Dentro de su habitación y respetando los protocolos, los 475 niños y niñas que cumplen aislamiento en los hoteles de la Ciudad disfrutaron de juegos, golosinas saludables y videos que el gobierno porteño preparó especialmente para agasajarlos en su día.

Alguien golpea la puerta de la habitación 70 del hotel Destino Real, en el barrio de Balvanera. De acuerdo a los nuevos hábitos adquiridos, Iara, de 9 años, Demián, de 8, y Yamal, de 3, esperan quince minutos -que parecen eternos- antes de abrir la puerta. Están haciendo un poco de trampa, ya se enteraron de que los espera una sorpresa. Es difícil ocultarles algo. Como dice su mamá, Camila, de 25 años, “son tremendos”. Los tres hermanos comparten la habitación con su mamá y el papá de Yamal, Nahuel, desde el lunes, cuando se enteraron que tenían covid. Al igual que otros 475 chicos, están transitando la enfermedad en los hoteles para pacientes leves o asintomáticos de la Ciudad en este Día de la niñez. Dentro de sus habitaciones y siguiendo los protocolos de aislamiento, disfrutaron de los juguetes, juegos, libros para colorear, golosinas saludables y videos que el Gobierno porteño preparó especialmente para agasajarlos en su día.

La iniciativa de la Ciudad surgió de los mismos voluntarios que desde el mes de marzo están trabajando en forma incesante en los hoteles junto a las familias contagiadas. Juana Correas, del equipo de Arbolado de la Ciudad, cuenta que pensaron que podían hacer algo más por los chicos. La idea enseguida tuvo eco. Así, el enorme grupo, en el que participan más de mil voluntarios, distribuyó en los 50 hoteles los kits con juguetes, pelotas, marcadores, lápices, papeles y libros para colorear. Además, a las actividades lúdicas se sumó la inclusión de una merienda especial.

El día a día de los más chicos en los hoteles

Aarón, con sólo 11 años, tiene las cosas más claras que muchos adultos. Cuando su mamá y su tía le dijeron que tenía covid y debía ir a un hotel, no tuvo miedo. “Sabía que era para aislarme y no contagiar a otros”, explica. Su tía Josmary, con quién comparte la habitación en el Cyan Hotel de las Américas, cuenta riéndose “lo único que dijo fue ‘¿y el wifi? ¿Hay wifi en el hotel? Porque si hay wi fi está todo bien’. Eso era lo que le preocupaba”.

Aarón es venezolano. Llegó a Argentina con su papá hace unos dos años, después de haber estado meses separado de Dalice, su mamá, que fue la primera en migrar. En diciembre, su papá falleció por culpa de un cáncer. Desde entonces, vive con su tía y su mamá en un hotel familiar en Monserrat y asiste al sexto grado de la Escuela N 4 D.E. 3 Coronel Isidoro Suárez.

Desde el martes, está en uno de los 50 hoteles para pacientes leves. “Entre lo de su papá y el encierro no estaba muy bien, no quería comer. Pero aquí está muy contento, está pendiente de la comida y come bastante, tiene su computadora, su teléfono. Le cuento a mi hermana y ella me dice ‘no sé cómo vamos a hacer para sacarlo de ahí’”, cuenta Josmary.

Aarón pasa los días en el hotel jugando al Minecraft, viendo la tele con su tía y además recibe apoyo psicológico. “Me gusta estar en el hotel, es de cuatro estrellas. Creo que, inclusive, estoy mejor aquí que allí donde vivimos”, afirma.

Ni Josmary ni Aarón tuvieron ningún tipo de síntoma. Sin embargo, Aarón no se siente muy bien cuando tiene que hacer la tarea. “Se ha puesto muy flojo. Allá mi hermana era muy estricta y él aprendía. Pero como a mi hermana le ha tocado todo esto… ahora a él le cuesta hacer la tarea. Cuando le digo que haga la tarea, él me dice ‘no que estoy en reposo, estoy cansado’. Pero la computadora no la suelta…”, narra Josmary.

Leonardo Gabriel tiene 12 años, vive con sus padres en el barrio 21-24, un mes atrás llevaba una vida como cualquier otro chico en pandemia: clases por zoom con la compu que le dio el colegio y aislamiento obligatorio. Pero un día su hermano mayor comenzó a sentirse mal, más tarde su prima empezó a desmejorar y entonces la familia entera decidió ir a testearse. Comparte vivienda junto a las familias de sus dos tíos, en total fueron doce las personas que se testearon y todos dieron positivo. Su mamá junto a sus tías y sus primas fueron alojadas en otro hotel, en tanto él junto a su papá y sus dos tíos están en el Deco Recoleta.

Chechu, como le dice su tío Enrique, es fanático de River, lo primero que menciona de su estadía en el hotel es ”la comida acá es perfecta pero lo que más me gusta es la cama”, se ríe. “Al principio, cuando me dijeron que tenía covid, me asuste un poco, pero me siento bien, no tengo nada”. Cuando tiene que hablar de sus pasatiempos en el hotel dice, “por suerte acá tenemos dos teles, así que puedo ver lo que me gusta, como La familia Ingalls y Gravity Falls, además jugamos a las cartas y esas cosas”. Al momento de hablar de la escuela hace una pausa, casi como si su maestra lo escuchara y relata en voz baja “acá en el hotel no hice nada de la escuela”. Dice que no bien regrese a su casa, lo primero que hará será jugar al fútbol.

Iara y Demián se disputan la palabra. “Hoy comimos tarta”, dice Demián. “Sí, de jamón y queso”, completa Iara. “Ayer comimos ravioles y anteayer milanesas con puré de papas”, informa el niño. “Y de postre, hoy mandarina y ayer manzana. Nos gusta la comida de acá”, agrega Iara. Detrás de ellos, se ve asomarse intermitentemente la cabeza de Yamal. Dando saltos gigantes quiere sumarse a la escena. “Cuando nos dijeron que veníamos todos juntos pensé ‘¡Dios mío, lo que le espera al de al lado!’. A veces son las 12 de la noche o la una de la mañana y ellos siguen levantados. De alguna forma tienen que gastar energía porque sino no se duermen más”, explica Camila. Ahora mueve el teléfono y hace un paneo para mostrar la habitación. Es muy grande, hay cuatro camas simples y una matrimonial. Tiene ventanas que dan a la calle, televisor, placard y un pasillo lleva al baño y a la puerta de entrada. “Cuando tocan a la puerta, tenemos que esperar que se vaya el personal. Recién entonces retiramos la comida o, por ejemplo, un medicamento para el dolor de cabeza o por si te sentís mal”, narra.

Demián cuenta que estos días juegan entre los tres, miran tele y arman un rompecabezas que un amigo de sus papás les alcanzó al hotel. “Lo armé como ocho veces ya. Me lo sé de memoria”, declara. Yamal toma una pieza celeste del piso y la acerca a la cámara. Iara, la mayor de los tres, muestra la caja del rompecabezas y describe “acá está el caballero con el caballo y la princesa con todos los animales, y atrás se ve el castillo”.

A ella no le gustan mucho ese tipo de juegos. “Me gustan las muñecas y extraño jugar con Nerea, mi mejor amiga del colegio. También me gusta pintar y hacer pulseras. No tengo para mostrarte ahora porque para dormir me las saco, sino te lastiman”, afirma.

Yamal se acerca sonriendo y muestra un muñeco negro. “El muñeco del hombre ‘maraña’”, lo presenta a cámara y sale corriendo. Iara no tarda en cumplir su deber de hermana mayor y lo corrige al instante “Hombre ‘araña’”.

Una sorpresa en su día

Es domingo, 16 de agosto. Los minutos por fin pasan. Camila abre la puerta. En el banco blanco que usan hay tres bolsas con las ansiadas sorpresas en su interior. Yamal salta alrededor de la habitación. “¡Yuju!”, grita. Iara aplaude con una sonrisa de oreja a oreja. “A ver…”, dice Demián mientras agarra las bolsas y lee los nombres escritos en ellas. “Este es mío”, sentencia. Los tres hermanos empiezan a mirar los regalos. Como siempre pasa, Demián quiere el robot que le tocó al hermano y empiezan los intercambios y las negociaciones. Iara ya no va a tener que jugar más con el rompecabezas. Una muñeca que acaba de sacar de la bolsa va a suplir por estos días todas esas otras que la esperan en su casa. Demián observa una pelota amarilla y azul, su hermano pequeño le ganó la pulseada. A Yamal no le alcanzan sus manos de tres años para agarrar sus favoritos: un camión azul, el famoso robot y un libro para colorear de Dragon Ball Z.

En su habitación del Cyan Hotel de las Américas, Aarón tira el contenido de la bolsa en el piso: golosinas, un juego de cartas, fibras, hojas para dibujar y un montón de papeles de colores. Ya está listo para alejarse un poco de la notebook y el celular y ponerse a practicar el arte oriental de doblar papeles para crear figuras o jugar a las cartas con su tía Josmary.

“Gracias por las chuches y los papeles para hacer origami. También me gustaron las cartas. Voy a jugar ahora mismo con mi tía, le estoy enseñando”, cuenta Aarón con su seriedad habitual. Las chuches son golosinas que, con diferentes nombres aquí y allá, guardan el gusto de la niñez.

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